Todo ha cambiado. El gran capital se ha globalizado. Los grandes sindicatos, se han aburguesado y no se parecen en nada a aquellos sindicatos de principios del siglo XX. Tampoco tienen nada que ver las corporaciones empresariales actuales, con aquellos dueños de empresas cuya identidad era conocida por todos. Hoy los grupos de poder empresarial y los grupos de poder sindical, solo se diferencian en que unos usan corbata y los otros no. Antes, los líderes sindicales eran obreros, que al ver las injusticias cometidas por los patrones, decidían defender a sus compañeros. Hoy, un líder sindical es un burócrata que solo se acerca a los obreros, cuando necesita de ellos. En los principios del siglo XX, todos sabían quien era el dueño de una empresa. Hoy todo está manejado por poderosos grupos anónimos, sin rostro.
Por eso, los sindicatos, además de globalizarse para defender a los obreros de todo el mundo, deberían ser independientes del poder político. La razón es muy sencilla, en el mundo obrero, hoy hay gente de izquierdas, de derechas y también hay una gran mayoría obrera a los que la política les importa un bledo. En los países de mayor cultura, cada vez son más los que están hartos de la política, porque ven que a los políticos solo les importa el poder y el dinero. La izquierda empezó los movimientos sindicales, cuando la derecha representaba al capitalismo. Pero ahora ya existe el capital-comunismo (Capi-Comu) que tiene su máxima representación en China. Allí, izquierda y capitalismo van de la mano y los obreros no tienen quien los defienda. Esto nos lleva a una situación muy distinta de lo que sucedía en los principios del siglo pasado.
Por ejemplo: Imaginemos que a principios del siglo XX, había una fábrica de zapatos en Argentina que se llamaba “Hijos de P”, en Estados Unidos una “Hijos de U”, en Francia otra “Hijos de T” y en España otra llamada “Hijos de A”. En aquellos tiempos, cada fabrica hacia sus zapatos y tenia unos costes de producción, en los que influía el sueldo de los obreros, los impuestos y el costo de las materias primas. Cuando una de esas fábricas quería entrar en el mercado de la otra, los gobiernos protegían a su industria con aranceles, que hacían que el producto fuese más caro o por lo menos al mismo precio que el nacional. Entonces la competencia entre marcas tenía que ser de calidad y no de precio. Eso era bueno, porque si el producto extranjero era de mejor calidad, obligaba a que la industria nacional se esmerase en igualar esa calidad. Pero desde hace unos años, el gran capital, con la complicidad de los políticos, se inventó la globalización. ¿Qué es eso? Pues básicamente que las empresas de los “Hijos de A, de T, de U y de P”. Se unieron para fabricar el mismo producto, en todos los países donde están. Es decir, que los Hijos de “ATUP”, ahora son una gran empresa, con fábricas en España, Francia, EE. UU. y Argentina. Eso los ha hecho más competitivos, porque sus mercancías, gracias al apoyo de ciertos políticos, circulan por estos países sin problemas arancelarios. Pero lo malo es que estas empresas ahora las dirige un solo Consejo de Administración, y de él salen todas las decisiones para las cuatro factorías. Cuando el Consejo decide que hay que ser más competitivos, los cerebros del grupo empiezan a lanzar ideas. Pero esas ideas nunca pasan por reducir ganancias o bajar los sueldos de los directivos. Tampoco optan por la bajada de calidad del producto, porque podrían perder prestigio y cuota de mercado. Entonces la única solución es bajar los sueldos de los obreros. Esta idea, a los que dirigen la corporación cobrando grandes sueldazos, siempre les parece bien. El único problema, es que en los países donde residen las empresas, hay estrictas leyes de derechos sociales, que impiden la esclavitud obrera. Entonces… ¿qué se puede hacer? Pues muy fácil, como el mundo empresarial ya está globalizado, gracias a las claudicaciones de ciertos políticos, lo mejor es buscar un país donde los derechos de los trabajadores sean nulos y donde no haya sindicatos o si los hay, sean del mismo color político que el gobierno. Es entonces cuando los “Hijos ATUP” instalarán su industria en un país como China. Así, gracias a sueldos de miseria y a la precariedad del empleo, los “Hijos de ATUP” podrán vender sus zapatos mucho más baratos en España, Francia, EE. UU. y Argentina. El siguiente paso será que los “Hijos de ATUP”, ya no necesitarán las fábricas originarias, pues el costo de producción y la explotación obrera en China son tan atractivos, que hacen inviables las factorías de los países con derechos sociales. Al final, solo quedará la fábrica de China. Eso hundirá las pequeñas industrias locales y aumentará el desempleo. ¿Y que harán los sindicatos? Pues lo que hacen ahora. ¡Nada! Porque se han aburguesado y han pasado a ser unos compinches del poder “Capi-Comu”, que gobierna el mundo, con grandes corporaciones de “Hijos de ATUP”.
Un saludo. Carlos A. Ochoa Blanco. DESDE GIJON ESPAÑA |