Publicar    


Año 8
Nº 99
Septiembre | 2010

:: Sumario
:: Info Profesional
:: Guía Comercial
Rubros por orden alfabético




:: Servicios Utiles
:: Prensa
:: Links
 
 
 
 
 
:: Psicopedagogía
Sexualidad en la infancia: los “regalos” a festejar
A medida que van creciendo los hijos aprenden que las personas no obtenemos rápidamente todo lo que deseamos. Aprenden a esperar, a aguantar el hambre hasta que le acerquen la comida, a tolerar que los mayores a veces se retiren. Estos pequeños descontentos ayudan a crecer y también a construir una sexualidad sana.
Seguirá creciendo y las personas adultas le enseñarán que debe contener el pis y la caca, dos sustancias que salen de la región donde están sus genitales. Esta es la famosa etapa del control de esfínteres.
Es un tiempo muy importante para la sexualidad y suele coincidir con el inicio del Jardín de Infantes, aproximadamente hacia los tres años. Sujetar y despedir los excrementos es otra de las fuentes que proporciona placer a los seres humanos. El nene percibirá que esos elementos salen de su cuerpo y los apreciará como una especie de regalo a mostrar y ofrecer a sus seres queridos.
Es primordial que la familia festeje sus logros y comprenda sus imperfecciones, porque si uno castiga a los niños por no haber podido retener el pis o la caca relacionarán a esa parte de su cuerpo con lo sucio, lo feo y la desvalorizarán.
El control de esfínteres es un aprendizaje que les permite a los chicos un poquito de autonomía en relación a los padres. A él se suma el aprender a caminar y a hablar.
Caminar les habilita a los pequeños a desplazarse independientemente, con mayor libertad de los adultos. A su vez significará estar en contacto con otros estímulos, más diversos y atractivos.
La marcha junto con el lenguaje hablado alimenta su curiosidad e imaginación. Imaginará personajes y muchas historias con ellos. Y la combinación de lenguaje y curiosidad nos llevará a la etapa de los por qués, de la que charlaremos la próxima publicación.
¡A festejar esos regalos!
 
Sexualidad en la infancia: el comienzo.
Si hay tema tabú en nuestra sociedad, y en muchas otras, es el tema de la sexualidad. Habitualmente esto sucede porque se la relaciona con lo biológico, las relaciones sexuales, la reproducción y los genitales. Mucho más cuando todas estas cuestiones son un invitado cotidiano en nuestros hogares al encender la televisión. Si bien estas dimensiones forman parte de lo que entendemos por sexualidad ella se extiende más allá.
Conviene entonces aclarar qué SÍ es la sexualidad. Es un proceso que se desarrolla desde que nacemos hasta que nos morimos y que construimos interactuando con los diferentes miembros de la comunidad.
Forma parte de la identidad de cada ser humano y se expresa en todo momento a través de la forma de vestir, de caminar, de los gestos, cómo ubicamos el cuerpo, de los gustos por determinadas cosas y no por otras, lo que queremos ser, el rol dentro de la sociedad,…
Gracias al estudio de la conducta de los bebés sabemos que desde que uno nace reacciona a los estímulos que encuentra y va distinguiendo dos sensaciones: una de placer y otra de dolor.
La primera vez que los niños conocen al placer sucede cuando son alimentados, cuando ingresa a la boca la leche. Es entonces la boca el primer lugar placentero y a través de él se seguirá buscando placer aún cuando no se tenga más hambre: todo objeto será pasado por ella. Lo interesante es que mientras se obtiene placer chupando a los objetos y las partes del cuerpo también el niño va a ir conociendo al mundo que lo rodea y a sí mismo.
Este es entonces el inicio de la sexualidad del ser humano, comienzo de un camino que iremos recorriendo en los siguientes encuentros a través de estas páginas.
 
A conocer el cuerpo se aprende

Durante los primeros años, mientras se alimenta, cambia y asea a un niño, el adulto realiza acciones en las que toca y nombra partes del cuerpo del infante.
En algunos casos estos momentos de cuidado se convierten en momentos de juego gracias a miradas, roces, palabras y gestos del adulto.
Con el tiempo el niño va aprendiendo a localizar cada parte, a diferenciar unas de otras y a reconocer sus nombres.
Existe otra cuestión de gran importancia en esa escena en la que un niño es cambiado y aseado. Tiene que ver con edificar un límite que diferencie el adentro del afuera.
Piel y tela que la recubre se apegan, se abrigan mutuamente. La sensación de cuerpo desnudo le sirve al niño para renovar sus fronteras al ser separado de lo que lo cubría, para luego pasar a ser nuevamente revestido por ropa y pañales.
Un niño en donde las fronteras entre el adentro y el afuera no se encuentran bien construidas se ve
invadido por los estímulos del mundo y esto trae consecuencias para la relación con él mismo, con otras personas, con los objetos que lo rodean y para su aprendizaje también.
Si cambiar la ropa incluye limpiar el cuerpo entonces el niño pasa de: lo húmedo a lo seco, lo caliente a lo frío, lo adhesivo a lo superpuesto, la unión a la segmentación, la incomodidad a la comodidad.
Sensaciones, acciones, palabras. Todo lo que acompaña al aseo contribuye a compensar lo que le acarrea al niño la desnudez.
Por eso es importante que este cuidado no se vuelva mecánico ni rutinario. Que sea un momento para compartir y crecer.
Referencias:
• Ilustración: Francesco Tonucci
• Calmels, Daniel. El cuerpo cuenta. Editorial El Farol, 2004.
A conocer el cuerpo se aprende
 
Psicopedagogía
¡Esperá que consulto con la agenda!
El otro día invité a uno de mis pacientes a mostrarme algún cuaderno con el que trabaje en clase. “Sí Juli ¿cuál de todos?”. Su respuesta fue seguida por una escena digna de un acto de magia. Comenzó a sacar libros, libritos, cuadernos de diversos tamaños y colores, carpetas, 1… 2 cartucheras y siguió sacando objetos ante mi mirada perpleja.
Escuela, talleres, deportes, deberes, maestros particulares, idiomas, terapeutas… Muchos niños cargan con un gran peso encima, metafórica y literalmente. Viven su experiencia escolar con gran presión, aplastados por una agenda completa de un sin fin de actividades y por las exigentes expectativas de padres y maestros sobre sus rendimientos en ellas.
“¿Y cuando está en casa a qué juega?” pregunté a otra mamá para conocer los intereses de otro paciente. “Noooo ni le queda tiempo libre para jugar”.
Parece que a los grandes no nos alcanzaba con vivir una vida estresada y fuimos por nuestros hijos. Es cierto también que cada vez se requieren más conocimientos de mayor complejidad para acceder el día de mañana a niveles superiores de estudio y a un trabajo.
En aquellos casos de presión y exigencia significativa lo que termina sucediendo es que el niño comienza a asociar al aprendizaje, y todo lo vinculado con el mismo, con una especie de martirio diario. Es ahí cuando el aprendizaje comienza a quedar pegado a significados negativos y de estar a un paso de convertirse en problema a tratar.
Estaría bueno recordar que ningún exceso es bueno y que no siempre más es mejor. El tiempo libre y el juego son elementos fundamentales para el desarrollo de la salud física y mental y también ellos contribuyen a formar capacidades y habilidades para el futuro como miembro de la sociedad.
¡Esperá que consulto con la agen
 
Psicopedagogía
El famoso control de esfínteres

Durante los primeros años de vida se producen aprendizajes muy importantes. Dejar el chupete, comenzar a caminar, aprender a hablar y también a dejar los pañales. A esto lo llamamos aprender a controlar los esfínteres. Y vaya si es un aprendizaje. Lo cierto es que, esto que para nosotros es ya mecánico, implica para los niños estar muy atentos a los cambios en su cuerpo, poder controlarlo y seguir una serie de pasos rápidamente.
Por lo general es un proceso que les lleva tiempo, no lo logran de un día para el otro y además hay una edad antes de la cual no se han desarrollado como para lograr este registro y control de sí mismos. Tienen que estar preparados física y emocionalmente.
El poder tener control de esfínteres implica dejar atrás un hábito que tuvieron por mucho tiempo (hacer pis y caca en los pañales) para aprender a retener y expulsar la orina o la materia fecal controlando momento y lugar. En otras palabras tener ganas de hacer pis o caca, avisar y llegar a tiempo al baño sin que se le escape, con rapidez.
Lo primero que se aprende es el control rectal durante la noche, después de día. Posteriormente controlan la micción primero de día y finalmente de noche. Por un tiempo avisan que tiene ganas cuando ya están sucios o mientras están haciéndolo. Lo esperable es que a los tres años los niños vayan solos al baño, anunciándolo antes. Muchas veces no "llegan a tiempo" sobre todo si están entretenidos con algo. A los cuatro años pueden ir a cualquier baño sin problemas y empiezan a cerrar la puerta. Hacia los cinco, hacer pis o caca es una actividad privada.
Las “fugas” eventuales durante la noche o de día son normales hasta los seis años. Pueden aparecer también en momentos de cambio, por ejemplo cuando nace un hermanito, frente a una mudanza o frente a problemas familiares.
Tips para los papás

Estimulen y elogien al niño siempre que haga pis o caca en el inodoro.

Cuando se manche la ropa no hagan gestos de reproche ni utilicen frases que puedan dejar ver su malestar con la situación.

Construyan una rutina. Acompáñenlo al baño dos veces por día, puede ser un rato después de comer aprovechando el movimiento del aparato digestivo.

Durante el tiempo que el niño permanece en el baño intentando hacer pis o caca puede escuchar música si quiere, leer, dibujar, o lo hacer algo que le guste para que no le resulte odioso ni un castigo.

Momento de la consulta

Cuando los chicos empiecen a tener mucho miedo, angustia, constipaciones, dolores de panza, vergüenza. Cuando se aguanten varios días hasta hacerse encima o presenten problemas para controlar el pis o la caca después del período esperable para hacerlo es conveniente hacer una consulta con un profesional. Quizá pueden comenzar visitando a un pediatra y él evaluará la derivación en caso de ser necesaria.

 

 
Psicopedagogía
Recomenzando el año escolar
 
Se avecina el inicio de un nuevo ciclo de clases y, como en todo comienzo, se movilizan muchas cosas. Tanto niños como adultos tenemos grandes expectativas sobre cómo será este año y con quiénes lo compartiremos. A algunas personas volveremos a encontrarlas, otras ya no estarán y, quizá, conoceremos a gente nueva. También empiezan las corridas por coordinar horarios para cumplir con todas nuestras obligaciones, para dejar atrás el ritmo veraniego...
Todo esto hace que estemos más ansiosos, por eso es importante tener presentes algunas cuestiones.
Si hay algo que logran las vacaciones es romper con las rutinas. Si bien una vida llena solo de ellas y de obligaciones nos estresa, para un sano desarrollo de los niños y adolescentes contar con ciertas rutinas es fundamental.
A través de las rutinas cotidianas los niños pueden anticipar ciertos momentos del día sabiendo qué esperar y hacer en ellos y qué esperar de quienes los rodean.
Saben que se despertarán y que seguramente habrá alguien que le brindará un rico desayuno. Saben que durante el día repetirán ciertos hábitos de higiene y cuidado personal (lavarse la cara y los dientes, bañarse, cambiarse…).
Saben que tendrán que concurrir al colegio donde se encontrarán día tras día con su grupo de compañeros y sus maestras. Saben cómo comportarse en la escuela en la que existen ciertas reglas que respetar.
Saben que al regresar a casa en ocasiones tendrán tarea pendiente pero también podrán tener un tiempo para jugar, para intercambiar novedades con sus familiares, para compartir una cena junto a ellos…
Sabrán qué se espera de ellos y, por lo tanto, cómo tienen que comportarse.
Todo esto una y otra vez a lo largo del año. Si bien podría parecer un dato menor es de esta manera que logran tener mayor estabilidad y confianza en su vida cotidiana. Y esto finalmente repercute en su desarrollo a través del tiempo.
Me despido deseándoles un buen retorno a clases tanto a los más pequeños como a los más grandes.
 
Psicopedagogía
 
Grandes Novelistas

Jugar no es simplemente usar juguetes, es inventar y armar una novela.
Quien juega se sumerge en distintos personajes y se pone diferentes disfraces que le permiten ser muchos otros en otras tantas realidades. Así se desviste de aquello que otros han pretendido y deseado para él.
El juego empieza con el famoso “¿Dale que jugábamos a que…”. Esta frase es la invitación a ingresar en él. Sigue usualmente con el reparto de papeles: “¿… vos sos la alumna y yo la maestra?”. Y cuando aparece algo imprevisto que falta con lo pactado emerge el “¡Eh! No, así no era”.
Es jugando que se inventan diferentes escenarios para exhibir los deseos y alejarse bien lejos de las presiones que nos rodean cotidianamente.
El juego es una manera de decir, manera con la que contamos cuando somos chicos para desafiar a los misterios de la vida.
En él se cuenta una historia, se relata una novela de ficción. A través de él hacemos escuchar, a quien juega con nosotros, ese cuento que es nuestra propia historia.
Y esto es importante porque para ser sujetos tenemos que contarnos un cuento de nosotros mismos, inventarnos, imaginarnos y, por qué no, engañarnos un poco también.
Lo que hoy relatamos de nuestra infancia será diferente a lo que relataremos dentro algunos años, en otra etapa de nuestras vidas.
Así los seres humanos nos convertimos en novelistas, escritores de una historia en la que nos guardamos el papel principal: nuestra vida. Y, como todo cuento, está destinado a contar una verdad sobre la experiencia por ella: nuestra verdad.
Allí estamos nosotros, quienes trabajamos con los niños, para escucharla a través de sus juegos.

 
:: Psicología

COACHING

Cambiar los pensamientos para enfocar nuestras acciones

En los últimos artículos publicados, hemos abordado diferentes herramientas para lograr una vida más armónica, tanto con el entorno, como con nosotros mismos. Herramientas que seguramente están dentro de nuestras mochilas, pero que no hemos tenido la capacidad aún de descubrir y emplear.
En este caso, trabajaremos sobre la columna vertebral de todo proceso de cambio: El pensamiento interno. Por empezar, tenemos que comprender que cada uno de nosotros es su propia usina de pensamiento; por lo que, nosotros elegimos qué pensar. De allí que, en Coaching, solemos plasmar la siguiente secuencia:
Pensamiento-Emoción- Acción
Traducido esto, encontramos que todo pensamiento me genera una emoción (ira, felicidad, tristeza, alegría, amor, confianza, etc.), y sobre la base de esa emoción se genera una acción,  en forma automática. 
Lo maravilloso de este silogismo tan simple es que la acción generada puede abrirme los caminos de aprendizaje y creatividad más transformadores e inesperados. ¡Pero cuidado: También puedo terminar recurriendo a las acciones más conservadoras, que me limiten a los lugares ya conocidos!

Somos el relato de las historias que nos contamos


El accionar del día a día –nuestro movernos por el mundo- es un franco reflejo de las historias que elegimos contarnos. Al comienzo parece un trabalenguas, pero lo cierto es que cuando uno comprende que tiene en su poder determinar su vida y su entorno (mediante las historias que se cuenta), los cambios que se generan pueden llegar a ser extraordinarios.
Sucede que, como todo relato, la historia la reproducimos con un filtro previo que nosotros colocamos allí (generalmente, sin saber que lo estamos haciendo). Ese filtro tendrá que ver con nuestras creencias, nuestros mandatos, nuestros paradigmas de la vida. Incluso, nos encontramos muchas veces con sentimientos de maltrato hacia nosotros mismos. Podemos encontrarnos con pensamientos como: “esto no es para mí”; “no me siento capaz”; “no tengo derecho”; “no me lo merezco”

Pero, ¿si el pensamiento determina mi próxima acción, que a su vez vuelve a determinar un pensamiento; al cambiar mi forma de relatar y pensar el mundo, no cambiará mi forma de moverme y sentirme dentro de él?
En eso radica la magia del Coaching: En descubrir qué filtros estamos utilizando y desarticular aquellos relatos que entorpecen nuestras acciones.
No sirve castigarnos, eso ya lo probamos y no resultó. Sirve volver a intentarlo con una nueva energía, nunca abandonar el deseo, ya que nunca va a ser idéntico. Ha pasado el tiempo, he adquirido experiencia y herramientas nuevas, para generar nuevas acciones.
Siempre hay una oportunidad para volver a empezar porque, en realidad, el tiempo no es un baúl del pasado, sino un cuaderno con consejos y experiencias para utilizar en el presente.

4 243 5449  15 5845 5845   aliciagiu@gmail.com

Alicia Figueroa: Coach Ontológica e Instructora en Nutrición

 

“Por que alguien me escucha y quiere descubrir
El enigma de los malestares de mi cuerpo, 
estos  malestares cobrarán un sentido en mi historia;
tal vez así podrán desaparecer alguna vez”
                                                                                                                                                         J.D. Nasio

Sigmund Freud, en El Malestar en la Cultura, situaba tres fuentes de malestar en el hombre: el propio cuerpo condenado a las vicisitudes del paso del tiempo; la supremacía de la naturaleza; y las relaciones con otros seres humanos. 
De las tres fuentes, otorgaba a la última el privilegio de ser la que más conflicto y dolor provoca.  Esto último tan vigente…dado que vivimos en tiempos de crisis, de fragmentación social, de sobre información/desinformación. Normas, ética y valores toman nuevos sentidos en la actualidad, el sujeto busca representarse a través de los objetos, importa más tener que ser, y en ese camino el “Yo” está antes que el  “Nosotros”,  la lógica pareciera ser: “cualquier medio es válido para alcanzar mis metas”.
 Se podría hablar de un nuevo tipo de individualidad y vínculo social, donde lo privado pasa a ser público, y lo público se privatiza. Todo esto atraviesa la subjetividad y entonces vemos sujetos cada vez mas desconectados de lo social, con una fuerte sensación de soledad y vacío.
En definitiva globalización, competitividad, reformulación del rol del Estado, cultura de la imagen, podrían considerarse características de nuestra época, también los avances de la ciencia y las nuevas tecnologías, determinan profundamente a la  sociedad y a los modos de padecerla.
Hay un padecer la subjetividad de la época, que es una forma distinta de mostrarse la pulsión, los malestares a los cuales el sujeto tiene que dar respuesta, y los movimientos que esto produce, lo cual implica los goces que hay que poder regular.   

Silvia Virginia Zicavo
Lic. en  Psicología UBA    
sillviazic@hotmail.com
153 247 6695 /  4 243 0397

 

COUNSELING

“APRENDER A ESCUCHAR”

Hoy en día, llevamos una vida llena de prisas, sobresaltos y preocupaciones. Nos movemos rápidamente creyendo que es la única forma de llegar a la meta… ¿y cual es la meta? La meta es, o al menos debería serlo, aquello que nos reconforte y nos haga vivir de manera plena y en paz con uno mismo y con los demás.
Pero vivimos tan inmersos en nuestra propia prisa, que nos olvidamos de aquellos que son parte de nuestra vida y que comparten nuestro camino.
“Hablamos sin pensar y oímos sin escuchar.”
Nuestro vínculo fundamental con los demás se basa en la comunicación: miradas, gestos, caricias, palabras…
Pero no solo importan las palabras que salen de nuestra boca sino tambiên, las que llegan a nuestros oídos.
Muchos problemas de pareja, laborales, familiares, etc. se gestan simplemente por la falta de escucha.
Desde el counseling, la propuesta es detenernos aunque sea un solo instante y APRENDER A ESCUCHAR, a dejarnos llenar por lo que dice la otra persona y a nutrirnos del pensamiento del otro. Lo que nos lleva… al mágico mundo de la comprensión.

“Si yo pudiera decirte ahora mismo lo que pienso,
Solamente pediría que me escuches un momento”

 

Lomas y su Gente


 
 
 
 
Copyright © 2008 Lomas y su Gente - Todos los derechos reservados.
 
Toda la página