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Año 9
Nº 112
OCTUBRE| 2011

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Que tiempos aquellos….en Villa Galicia.

Foto:Archivo de la Nación

Añoramos esa época en tiempos pasados, cuando villa Galicia era todavía con casas chatas y sin  rejas  . El único límite entre la casa y la calle, eran las ligustrinas o el simple cerco de alambre. Sus calles de tierra, que cuando llovía  era embarrarse por estos caminos surcados por los carros que abundaban en ese tiempo ,el de los lecheros, el de la panificación, era el carro colorado que vendía el pan largo con ese aroma de pan fresco recién horneado, el de hielo que solía repartir en esos días de tanto calor, atenuándolos teniendo algo fresco para beber ,o sino caminar hasta Pasco donde todavía está la fabrica de hielo, donde el hielo salía mas barato yéndolo a comprar ahí en pedazos, para luego envolverlo en arpillera y ponerlo en la heladerita de corcho y aluminio de ese entonces, por supuesto que era un lujo tenerla. Recuerdo cuando íbamos con mi madre esos días de calor a la  mañana temprano por Rubén Darío, con las quintas y chacras en los alrededores, con sus tanques australianos y los molinos de vientos que eran clásicos de esas épocas, llenos de aromos y eucaliptos, con  el trinar de los pájaros  en sus distintas especies, ver la vacas ahí nomás pastando por doquier, los árboles frutales, y hasta viveros enormes que  existían por entonces.
La tranquilidad del barrio era sin igual, toda gente trabajadora y humilde que de a poco fueron levantando su casita, con esfuerzo y sacrificio, éramos capaz de ir caminando hasta Lomas, buscando alguna  farmacia de turno a la madrugada, para comprar algún remedio de urgencia, sin ningún miedo a nada. Por supuesto, eran otras épocas, se podía dormir la siesta ,donde  el único ruido que podíamos escuchar, era el de los pájaros, o el heladero con su cornetín anunciando sus ricos helados en verano y el manicero en invierno ,esos días de verano donde al atardecer se regaban las plantiítas, se cortaba el pasto sirviendo de excusa para tomar algún matecito en la puerta de casa   con algunos de los vecinos ,estirándose hasta la noche para después tomar una cerveza  al fresco de los árboles .Mientras nosotros los chicos de esa época disfrutábamos jugando por los potreros hasta tarde ,sin ese temor de hoy ,de  que nuestros hijos no vengan de noche, o estar con rejas por todos lados para vivir resguardados de los malos muchachos .
Extrañamos esas épocas donde dormir sin trabas en la puertas  se termino, hoy es mas poblado, ya no hay campos ni potreros, ya las siestas no son en silencio, hoy el progreso hizo otra villa Galicia y mas ruidosa.


¿No le parece?

Roberto Jorge Vicchio..

Lomas y su Gente.




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