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Año 9
Nº 112
OCTUBRE| 2011

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SI ACABAMOS CON LOS POBRES, ACABAMOS CON LA POBREZA

Autorretrato - Carlos A. Ochoa Blanco

Creo que esta es la única solución que se les ocurre a los poderosos que gobiernan el mundo. La robotización incontrolada de los sistemas de producción, está generando la eliminación de mano de obra humana, en beneficio de las grandes corporaciones del poder económico. Esos poderosos, de ambición desmedida, están situados en una cumbre de riqueza paradisíaca, que no les deja percibir la realidad que se vive a nivel de calle. Sus cerebros, cargados de una mezquindad obsesiva, los llevan a atacar todo aquello que consideran peligroso para la supervivencia del paraíso de riqueza y poder en el que están situados. Su mejor arma para aplicar sus jugadas macabras, es la política. El enemigo a exterminar es el exceso de pobres, que generan gasto y no producen beneficios. En realidad, solo necesitan los proletarios imprescindibles para que realicen aquellos menesteres que no pueden ser resueltos por la mecanización. Los pobres son necesarios para mantener a los ricos, ya que el incentivo que los hace trabajar, es el ansia por salir de la pobreza. Por eso, un pobre que no puede pagar impuestos y solo ocasiona gastos, se transforma en una carga para el sistema. En realidad, los pobres sobrantes solo son aprovechables por algunas señoras y señores de trajes caros, que se agrupan en grandiosas organizaciones caritativas, con la supuesta intención de salvarlos de la miseria. Resumiendo, los que dominan el mundo necesitan pobres, pero no demasiados.
Este planteamiento, ha desarrollado en los poderosos una idea de freno a la pobreza, que se parece a la que utilizan con ciertos animales, en las reservas de África. Mientras una especie no ponga en peligro los recursos alimenticios que tiene la reserva, no hay problema, pero si hay exceso de esa especie, entonces en vez de agrandar el territorio o procurarles más alimentos, la solución  es frenar su reproducción o acabar con los individuos más débiles, dejando la cantidad necesaria para que sobrevivan en la reserva.
Antes, las guerras solucionaban ese equilibrio que necesitaban los poderosos, ya que en ellas siempre mueren más pobres que ricos, pues los ricos se ponen a salvo con más facilidad. Pero la aparición de la bomba atómica desaconsejó las grandes guerras, ya que su contaminación puede llegar hasta los paraísos donde habitan los poderosos. Por tanto, hasta que no se invente una bomba que solo mate pobres, las grandes guerras mundiales no son buena idea. Por eso lo que se hace es crear pequeñas guerras, para que las industria del armamento siga activa y los proletarios se liquiden entre ellos. Sin embargo parece que eso no es suficiente para terminar con el exceso de pobres, entonces los poderosos utilizan la política y a ciertos políticos, para realizar campañas tendentes a lograr que los pobres autorregulen su multiplicación. La eutanasia, el aborto, la esterilización y la educación sexual para divertirse y no multiplicarse, son algunas de las técnicas de freno al exceso de proletariado. A esto le suman campañas sutiles, promocionando que mujeres y hombres, para sentirse realizados, necesitan concentrar todo su esfuerzo en el triunfo profesional. Una mujer que solo aspire a ser madre o ama de casa es una tonta. El varón, para ser triunfador, tiene que tener un buen deportivo, mujeres a montones y un trabajo de traje y corbata. Ser papá normal es obsoleto y de idiotas. Las vasectomías, los anticonceptivos y el aborto, son el aliado perfecto para triunfar y evitar la aparición de esas cositas inoportunas, llamados hijos, que algunos inconscientes proletarios suelen engendrar todavía y que vemos correteando por plazas públicas, rodeados de anticuados papás y mamás.
La cuestión es que los poderosos, con un sutil lavado de cerebro, están logrando en el primer mundo la reducción de la natalidad. El problema son los habitantes del tercer mundo, que no hacen caso al moderno y liberador control de la natalidad, aunque les regalen preservativos. La razón es muy sencilla, su escaso nivel cultural es el mejor antídoto para combatir el germen del modernismo, que plantea que una mujer y un hombre liberados y triunfadores solo sentirán el placer del triunfo, si eliminan el lastre de los denominados hijos.  Entonces, en estos casos, los poderosos ya se dejan de sutilezas y pasan a la fuerza bruta. Esa fuerza bruta genera noticias como la que escuché hace unos días en una radio, donde se decía  que en un país de África, un gran grupo de mujeres de una tribu, fueron esterilizadas por orden del gobierno. Muchas se resistían, y entonces fueron obligadas utilizando al ejército para acabar con sus protestas.
Los que gobiernan el mundo están decididos a eliminar el exceso de pobres. Eso podría lograse convirtiéndolos en clase media. Pero la clase media tendría un nivel cultural y educativo tan importante, que pondría en peligro la elección de políticos inútiles y dóciles, como los que nos gobiernan ahora, que son marionetas de ricos y poderosos.

Un saludo. Carlos A. Ochoa Blanco. DESDE GIJON ESPAÑA

Desde Gijón España
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