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Año 6
Nº 76
Octubre | 2008

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¡¡¡¡¡BASTA DE FLACAS, POR FAVORRRRRR!!!


A veces me pregunto en qué lugar del planeta se ha originado esta tan absurda moda.  Quién habrá sido el gran estratega al que se le ocurrió tan descabellada idea. ¿O fue más de uno? ¿Un complot contra las gordas?
Dijeron que las mujeres, principalmente las modelos debían ser flacas. Lo que parece ser es que no les dijeron cuánto más flacas. O sea, chicas, hasta aquí llegamos, ahora paremos un poco la mano. Supongo, hace cuarenta años atrás, cuando todavía no se le daba demasiada importancia al peso, intuyeron que si una mujer pudiera pesar unos kilos menos, la ropa podría lucir bastante mejor, sin duda alguna.
Si tomamos el álbum de fotos de la familia, vamos a ver a nuestras tías y abuelas bastante menuditas, y no obstante eso, lo cierto es que había más casamientos que en la actualidad.
Hace algunos años, empezaron a verse en las pasarelas mujeres algo más delgadas que el común de las mismas y se desencadenó el gran negocio con efecto dominó pues para estar flaca había que hacer dieta, trabajo para el nutricionista, también había que hacer ejercicios, trabajo para los gimnasios, y había que tomar pastillas para eliminar la grasa de más, trabajo para los farmacéuticos, y las pastillas tenían efectos contraproducentes, trabajo para los médicos y como el 90% de los médicos, al menos en Argentina, no saben nada, trabajo para las funerarias  y por supuesto más trabajo para los diseñadores de moda para lograr talles small, extra small y mini small. El dominó llegó a tal punto que los cirujanos plásticos dijeron: ¡No nos dejen afuera! Y empezaron a pulular cientos de clínicas donde te cortan, te estiran, te pulen, te sacan y te agregan. Y como por arte de magia, de un día para otro, las mujeres aparecen con otra imagen o mejor dicho, desaparecen, porque nada por aquí y nada por allá.  Se sacan todo lo que pueden y se agregan algunas cositas, por ejemplo, “ las lolas”, que cuando las tocás lo primero que te viene a la memoria es aquella pelota de goma que te regaló el abuelo cuando cumpliste los cinco años.
La persecuta del físico perfecto llegó a tal punto que cuando pasa una mina por la calle, no sólo los hombres se dan vuelta para mirarla. También se dan vuelta las mujeres. Es mas, hasta podría asegurar que las mujeres miran más a otras mujeres que a los propios hombres.
Ahora, en las pasarelas, en vez de ver a una modelo luciendo un vestido de Cartier, te encontrás con un palo con cabeza que se desliza como fantasma en medio de un desparramado trapo. Un trapo de lujo, claro.
Si le preguntan a cualquier hombre cuya actividad esté relacionada con este gran negocio cuál es el peso perfecto para una mujer, seguramente va a decir, bueno, tomamos la altura, le sacamos la raíz cuadrada y le sumamos dos kilos, por el peso de las lolas, claro. Pero si le preguntan a cualquier otro hombre acerca de este tema, no va a opinar lo mismo. A la mayoría nos gustan las rellenitas, ni muy flacas ni excesivamente gordas. No nos olvidemos que gorda no es sinónimo de “rollos” y que algunas flacas poseen más rollos que las gordas. Nos gusta ver un buen par de piernas y algo medianamente voluminoso para abrazar. Incluso casarse con una flaca puede conducir a muchos malos entendidos en la pareja. Por ejemplo, cuando ella piensa que te acercaste para abrazarla, vos la agarrás y te ponés a barrer el piso porque la confundiste con la escoba y luego de dos o tres pasadas te ponés a pensar en una buena excusa, al darte cuenta que la escoba tenía tetas. 
Por eso, en nombre de otros muchos hombres, les digo:
¡FLACAS, GO HOME!
Y brindo por todas esas hermosas gorditas que pululan por ahí, y que nos inspiran esas irresistibles ganas de abrazarlas sin temor a confundirnos.
Cordiales saludos a todas ellas y gracias por permanecer.

Saludos cordiales,                
Rafael Ablin


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