Mamá y papá: dos palabras sencillas para una labor que parece complicada. Muchas veces he escuchado decir lo difícil que es ser padres. Posiblemente sea cierto, pero al ser padre he comprobado que cuando hay amor de verdad, por los hijos, la labor de padres es reconfortante, como cuando se trabaja en lo que a uno le gusta.
A lo largo de mi vida he conocido a mucha gente y desde mi infancia he observado que hay grandes diferencias de unos padres a otros. También siempre he escuchado esa frase que dice: “No hay nada como el amor de una madre”. Yo creo que habría que agregar: “y de un padre”. No obstante, hay que tener en cuenta que el hecho de ser madre o padre, no lleva implícito el amor por los hijos. He conocido muchas madres y padres, que odiaban a sus hijos y muchos hijos que odiaban a sus progenitores.
Estamos en una época donde todo se ha degradado y entre esas degradaciones está el sentido de la maternidad. En la actualidad, los manipuladores de cerebros, han logrado que muchas mujeres y hombres consideren la maternidad como una maldición o un estorbo. Por eso abortar, que es sinónimo de asesinar despedazando a un ser humano, es para muchas mujeres una solución normal, moderna, e incluso aconsejable para limpiar de obstáculos el camino que ellas suponen, les llevará a la meta fijada por su ambición. Es terrible pensar que una mujer puede matar a un bebe, amparada por la ley, con la asistencia de un medico (aquí vale lo de matasanos) que sin escrúpulos, despedaza a una criatura viva, a cambio de dinero.
Por eso, viendo lo frágiles que somos en nuestros inicios y pensando en que estamos vivos gracias a que una mujer nos dejó vivir, debemos ser conscientes de que esa mujer y el hombre que contribuyó a nuestra creación, son las personas más importantes de nuestra vida. Nuestra madre y nuestro padre son los pilares en los que se apoya el inicio de nuestra existencia. Ambos son importantes, aunque por desgracia la labor del padre y su cariño, siempre se colocan en un segundo plano, como si su amor por los hijos fuese inferior al de una madre. La realidad es que no solo hay mujeres que desean ser madres, también hay hombres que deseamos ser padres. Por eso, los que tenemos la suerte de tener una madre y un padre que han deseado nuestro nacimiento, somos extraordinariamente afortunados.
Desde hace años estos pensamientos rondan mi mente, pero hoy los paso a papel porque necesito exteriorizar mi cariño y gratitud por mis padres, en una fecha tan señalada, como es el día de la madre en Argentina. Este año, para mí, será el primer año en que no podré tener delante a mi mamá, para desearle felicidades. Ya solo podré recodarla y escribir sobre lo importante que ha sido para mi. Por suerte todavía me queda mi papá, que es el cincuenta por ciento de esa pareja que me permitió vivir y disfrutar de la vida. Ellos fueron la mejor protección y el mejor apoyo en los días complicados de la infancia y la juventud, que todos tenemos. Ellos aclararon mis dudas, me dieron consejos, disfrutaron mis alegrías y sufrieron mis penas. Ellos me dieron todo lo que pudieron y yo, como les sucede a muchos hijos, no supe valorarlo en su momento, tomando como normal lo que después, con la madurez de los años, me di cuenta que era extraordinario y que no era una cosa común que les sucediese a todos los hijos, en todas las familias. En realidad, solo les sucede a los que han tenido la suerte de tener una madre como la mía y un padre como el que tengo.
Por eso, este día de la madre, para mí, será el peor día de mi vida. Será la primera vez que no pueda entregarle su regalo, será un día para recordar que se fue uno de los seres que mas me ha querido. Una mujer que hasta sus últimos momentos pensaba en nosotros. Recuerdo la noche anterior a su fallecimiento, cuando hablé por ultima vez con ella en el hospital y entre otra cosas le dije que al día siguiente iría con mi papá (está impedido) a visitarla. Ella me dijo que lo peinase bien, como ella hacia siempre antes de que él saliese de casa. Murió añorando la Argentina, aunque no era su patria, pero la quiso como si lo fuese. Era tal el cariño que sentía por todo lo argentino, que en nuestra última conversación hablamos de Lomas de Zamora, de los vecinos, del mate, etc. Cuando salí de la habitación del hospital, la última vez que vi a mi mamá con vida, nuestras miradas se cruzaron, mientras la puerta se cerraba. En ese momento no supe que esa era nuestra despedida final, pero nuestros ojos se cruzaron en una mirada que jamás olvidaré. Si hay Dios, estoy seguro que mi mamá, al igual que millones de madres y padres, estará con Él. Feliz día de la madre, y mi felicitación a todas las mujeres que eligen dejar vivir a sus hijos, aunque les aconsejen matarlos. |