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Año 8
Nº 101
Noviembre | 2010

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Las Cuatro Velas Se Quemaban Lentamente.

En el ámbiente había tal silencio que se podía oir el diálogo que mantenían.

La primera dijo:

- ¡YO SOY LA PAZ!
Pero las personas no consiguen mantenerme.
Creo que me voy a apagar.
Y, disminuyendo su fuego rápidamente, se apagó por completo.

Dijo la segunda:

- ¡YO SOY LA FE!
Lamentablemente a los hombres les parezco superflua.
Las personas no quieren saber de mi.
No tiene sentido permanecer encendida.
Cuando terminó de hablar, una brisa pasó suavemente sobre ella y se apagó.

Rápida y triste la tercera vela se manifestó:

- ¡YO SOY EL AMOR!
No tengo fuerzas para seguir encendida.
Las personas me dejan a un lado y no comprenden mi importancia. Se olvidan hasta de aquellos que están muy cerca y les aman.
Y, sin esperar más, se apagó.

De repente...

Entró un niño y vió las tres velas apagadas.
-Pero, ¿qué es esto?. Deberíais estar encendidas hasta el final.
Al decir esto comenzó a llorar.

Entonces, la cuarta vela habló:

- No tengas miedo, mientras yo tenga fuego, podremos encender las demás velas.
YO SOY ¡LA ESPERANZA!
Con los ojos brillantes, agarró la vela que todavía ardía...
Y encendió las demás.


¡Que la esperanza nunca se apague dentro de nosotros!

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