Tranvia
Asoman a mis ojos lágrimas. Todavía
veo profundos surcos con el sello lacrado
en esos adoquines, la huella de las vías
hundidas para siempre en las sombras del pasado.
Es en lo recóndito de mi alma vago sueño
extraído del cofre de recuerdos de antaño
yo fui protagonista y también fui yo su dueño
de un mundo poderoso e intimo que extraño.
La existencia era lenta y mágica la suerte
de risas y sonrisas, de gracias y de cantos
y nunca supusimos que un día vendría la muerte
de cosas o de seres, oscura con su mano.
Aquel lánguido tren, inmemorial tranvía
cuyo ruido aclamaba lenguaje de badajo,
que el mundo fue borrando de a poco, día a día
y hoy nadie reconoce la luz de su trabajo.
Hoy todo esta distinto. Y Temperley, lo mismo
así cual pasan horas y así cual espacio,
nos separa el arena que cae por el abismo…
Aquello fue tan solo el principio del prefacio.
El tiempo corre aprisa, perdiendo lo que fue.
El progreso atrapa cual pulpo sus tentáculos,
ya en nadie hay esperanza y nadie guarda fe…
¡Queda de esos viajes provistos de obstáculos!
Adiós resta decir a aquel lapso que pasó
y que broto en nuestra alma y nos hundió un naufragio,
los hombres corren rápido, esa época acabó
fue etapa que borró la voz de algún presagio.
Ya nunca volverá aquel viejo tranvía
apático y tardío, soberano de asfalto,
la vida sigue igual, sin esa travesía
que alguna vez sirvió y se perdió de un salto.
Cristina C Voss de Castellanos
Escritora y Poeta de Temperley.
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