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Año 6
Nº 77
Noviembre | 2008

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:: ANECDOTARIO E HISTORIA DEL TEATRO ARGENTINO
CAPITULO IX

" LOS REFERENTES "


Ya bien que llegamos a hacer historia de los que hicieron historia en el teatro nacional, como es el caso del inigualable Pablo Podestá y de toda su familia de artístas, bueno es, tanto como justiciero, referenciarnos a los que desde los albores mismos de nuestro potencial teatral, dieron nombre y brillo, admiraciones y popularidad a este completo y artístico menester; y es entonces cuando aparece el insoslayable talento de esa gran actriz que brilló allá por la mitad del siglo de nuestra independencia y que se llamó: Trinidad Guevara.
El nacimiento y posterior desarrollo de nuestras manifestaciones teatrales, fueron difíciles , en la lucha, mucho tuvieron que ver los actores criollos, los que en oportunidades supieron gozar de fama y admiraciones, y en otras, momentos de penurias económicas, dolor y enfermedad..  Los críticos tampoco fueron leniles con los actores de la época, a Morante lo criticaron por ser demasiado expresivo al, dicen, imitar las contorsiones de la muerte en una representación, y que, "provocan más risas que impresión".
El difícil justo medio que anhela la critica es el que aconseja a Velarde no llegar a una extravagancia en las gesticulaciones, pero también el no prestarse al desinterés absoluto.
Del actor Diez: dice una crítica de la representación del "Bruto" de Voltaire:"El primer actor de la obra, no solo asesina al hijo en el último acto de la obra, si no que también lo hace con el autor de la misma.
Una sola figura se salva de las críticas severas y mordaces, ella es, Trinidad Guevara.
Se inicia en la escena porteña en el año 1816 y trabaja en ella hasta 1848. Es la elegida como la figura más representativa de la década de 1820-30. En estos años es la única, la favorita, la más brillante y aplaudida, el público la adora, por ello se afirma sin lugar a dudas que es nuestra gran primera actriz.
Su influencia es tan notable, que por largo tiempo, la historia del teatro se estructura en torno a su fulgurante personalidad.
Algunos críticos e historiadores han contribuido a formar un marco de leyenda y misterio que ha veces llegan a tocar los límites de lo inverosímil.
Nace en 1798 y a los 16 años se inicia como actriz en el Coliseo provisional, con rápidos progresos que evidencian sus sobresalientes dotes, llega en 1820 a ser la estrella de máxima atracción popular. Juan A. Wilde la recuerda como una mujer interesante, sin ser decididamente bella. De esbelta figura, finos modales y dulcísima voz, tenía lo que se llama "Poseción del teatro", "Angel" como se lo suele reconocer a ese don, que muy y privilegiados pocos poseen.
En el año 1820  le toca competir con una famosa actriz que nos visita, de nombre "Ujier", y sale ganando en la tenida. En 1922 se la aplaude sostenidamente por su actuación en la obra "Otello" junto al actor Velarde.
Después de superar difíciles momentos económicos, viaja a Chile y a Uruguay, regresa a las tablas porteñas en 1826, vive humildemente en una casa invadida por roedores y se habla por ese entonces de un supuesto intento de suicidio con arsénico. La fama llega a su apogeo con la interpretación del papel de Eulalia en la "Misantropía".
En 1830, el brillo de su reinado de exclusividad, comienza a declinar porque emerge Juan José de los Santos Casacuberta, que desde entonces acaparará todas las mieles de la fama.
Casacuberta es el primer actor criollo importante. Se inició en el año 1917 en la obra "Las esposas vengadas "en el papel de un criado. El periódico "British Packet "alude en su semblanza a su rasgo esencial, "La naturalidad": "Este caballero actor, posee una excelente figura un bello rostro y una delicada voz". Se ha hablado mucho de su temperamento, amor propio y vanidad, que le ocasionaron entredichos con la mayoría de los intérpretes contemporáneos. El crítico Oyuela lo describe de esta manera: “De una altivez casi enfermiza, terriblemente vulnerable en su amor propio, exaltada conciencia del propio valer que a menudo le impide ver las cosas  con serenidad, él hace sentir a todos y en cada momento, la dignidad de su arte. A todo esto cabe preguntarse: ¿ Estos rasgos no identifican a los actores de todos los tiempos por ser gentes extremadamente sensibles y sensiblemente orgullosas de su arte ¿.
Siempre en el camino de la naturalidad que adoptó después de ver actuar en Río de Janeiro al francés Talma y al español Márquez, considerados actores cumbres del drama universal, se adueñó del silencio y de los matices.
Viajó a Chile y allí pasó apuros económicos que terminaron por enfermarlo  y  fue invadido  por una profunda tristeza hasta que le organizaron una función a su beneficio que le aportó 400 pesos, que le sirvieron para regresar a su patria después de saldar varias deudas.
Aquí volvió a los escenarios hasta que, representando “Los siete escalones del crimen” de Víctor Ducange, el papel  del protagonista que en la escena culminante llega a la muerte, es sorprendido por su propia agonía y muere realmente, identificado con su fin y el del personaje.
Su estilo particular  lo puso  de manifiesto en diversos géneros teatrales que hicieron que fuese él, sin lugar a dudas, “El mejor actor de su época “.
El  deceso de Casacuberta, señor de la tragedia, posee un marco adusto, él que había simulado agonías terribles, dando la impresión perfecta de la muerte, es sorprendido por su propia agonía.. Lo curioso es que el cartel  de su beneficio había anticipado su final de la siguiente manera :”Han sido tantas y tan reiteradas las instancias que he recibido para que pusiese esta obra en escena, que al fin me he resuelto a hacerlo por última vez, venciendo la resistencia que siempre he opuesto, por la descomposición física que he sufrido cuando la he dado, en la situación horrible del protagonista en el último cuadro,cuando escapando del carro fatal trata de sustraerse del cadalso “.
Estando en Santiago de Chile, Sarmiento le dedica un artículo en el  Mercurio, “Hay en las actitudes trágicas del  Sr  Casacuberta las posiciones artísticas de la estatua. Cada postura que toma está  ajustada a las reglas del  arte y de la perfección heroica de la belleza trágica “

 

"La Actriz argentina Trinidad Guevara de la mitad del siglo de nuestra Independencia. Es la máxima figura femenina del teatro nacional.”

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Autor: Eduardo Corrado


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