Me encontraba hace unos días hojeando una revista barrial para ver si había algo interesante para leer y de pronto me topé con un aviso de uno de los tantos Estudios Jurídicos que pululan por ahí, que en su encabezado decía: “Defensa del Trabajador”.
A la miércoles me dije, éste nos defiende a todos. Pero un segundo después me dí cuenta que había algo raro ahí. Entonces, pensé, tal vez sería mejor mirarlo desde otro punto de vista, o sea, analizar a quienes “no defiende”. Claro, enseguida concluí que era mucho más fácil verlo desde esta perspectiva, ya que resultaba obvio que “No defiende, a los No Trabajadores”, por consiguiente los vagos y los que viven de rentas, seguramente no serán atendidos en ese lugar. Por si las dudas de que mi pasión por el delirio me hubiera llevado a una conclusión equivocada, decidí consultar a los susodichos.
- Hola, ¿hablo con el Estudio?
- Así es.
- Ah, bueno, buenos días entonces. Quería hacerle una pregunta.
- Usted dirá.
- Noté que en su aviso dice “defensa del trabajador” y quería saber a que tipo de defensa se refiere.
- Es obvio, cuando se viola el derecho de algún trabajador, nosotros podemos defenderlo.
- Claro, pero me parece que no me expliqué bien. Lo que deseo saber es quienes entran en la categoría de “trabajador”.
- ¿Usted es empleado u obrero?
- No. Soy independiente.
- Ah, bueno, entonces, usted, no entra en esa categoría.
- Bueno, disculpe entonces mi ignorancia, como yo también trabajo, pensé que tal vez…..bah, no importa, que tenga usted muy buen día.
Cuando colgué el teléfono pensé ¿por qué no pondrán los avisos un poco más claros? ¿Por qué no pondrán defensa del empleado o del obrero o de lo que sea?
Más allá de todo, si bien trabajo de ocho a diez horas diarias, triste es darse cuenta que uno no da la talla como para que lo califiquen de trabajador.
Y entonces, ahora ¿Quién podrá defenderme?
A raíz de todo esto, y mirando un noticiero, caí en la cuenta que la palabra “trabajador” se utiliza en casi todos los discursos políticos. Que los derechos del trabajador, que la vida digna del trabajador, que el trabajador de aquí y el trabajador de allá, que las paritarias, que los beneficios, etc. Y resulta que todos, absolutamente todos, cuando usan el término “trabajador”, sólo se refieren a los que trabajan en relación de dependencia. Entonces, tal vez deberían empezar a llamar a las cosas por su nombre y en cada caso, utilizar el término, “empleado, “obrero” u “operario” según corresponda. Porque si no, suena como si la sociedad estuviera dividida sólo en dos grupos. Los buenos o sea, los trabajadores y los malos, o sea, los que los hacen trabajar. Y no sé desde que tiempo data esta historia, ni vale la pena, en este momento, hacer memoria para el caso.
Tampoco sé, aunque es para meditarlo, cuanto ha influido esto en la psiquis de la sociedad como para que la rueda gire en círculos viciosos que no tienen fin y donde las historias se repiten una y otra vez. La pelea infinita para equilibrar los sueldos con el aumento del costo de vida. Pero nunca resulta bien y la historia se repite, porque el aumento del costo de vida no es directamente proporcional al aumento de la producción de las empresas el cuál tampoco es directamente proporcional al sueldo de los empleados. Porque si bien cuando algo sube, luego todo sube, nunca lo hace de manera proporcional. Si en un período de un año los comestibles aumentan más de un ciento por ciento, los sueldos no se incrementan de igual manera. Tal vez el Ministerio de Economía debería estar a cargo de un ingeniero y no de un economista. Quizás debieran hacer lo propio en el Ministerio de Trabajo. Digo esto, ya que en todo sistema que se diseñe, ya sea en el ámbito de la construcción, de la mecánica, de la química o de la electrónica, se busca que el mismo permanezca en equilibrio frente a cualquier posible variación tanto de algún parámetro interno como externo. Si no fuera así, todos los días se vendría abajo algún edificio, o los autos explotarían en la calle.
Me parece que la solución al conflicto gremial, podría pensarse de igual forma. Los sueldos deberían ser variables de acuerdo a la producción. A veces se gana más y a veces se gana menos. De este modo, los empleados pasarían a ser como una especie de socios de la empresa, industria o negocio del que se trate. Obviamente, quien produce más ganará más. Ningún empleado estaría en contra de esto, ya que cuando aumenta la producción su sueldo aumentaría considerablemente. ¿Cuál sería el problema entonces?
Sólo uno. ¿Cuántos empleados estarían dispuestos a ganar menos, cuando se produce menos? Tal vez muy pocos. Sin embargo, deberían entender que es la única forma de conseguir un equilibrio para que la brecha entre el porcentaje de aumento en los productos y el porcentaje de aumento en los sueldos no sea tan exorbitante.
De este modo, lo único que tendría que discutir cada gremio, y por única vez en la vida, es el porcentaje que cada empresa estaría dispuesta a destinar al pago de sueldos.
Luego, internamente, cada industria o empresa, vería como hace la repartición. Si Pepe trabaja ocho horas, no puede ganar lo mismo que Paco que trabaja cinco. El que envuelve cien alfajores por hora no puede ganar lo mismo que el que envuelve treinta.
Pero esto ya quedaría dentro de la empresa. Si Paco quiere ganar más, nadie se lo va a impedir, sólo tiene que trabajar como Pepe. Lo que expongo acá no es un invento mío. Miles de empresas en todo el mundo ya adoptaron este sistema. Un sueldo mínimo idéntico para todos, mas la comisión por lo que se produce. Las empresas disponen por ejemplo, de un 25% de sus ganancias para sueldos y lo reparten de acuerdo a la categoría o producción de cada empleado. Bueno, habrá mil maneras de implementar sistemas funcionales, y tarde o temprano, se deberá adoptar alguno porque el que está en vigencia, como todos sabemos, no sirve. Sólo conducen a paros, huelgas y cortes de ruta que no le hacen bien a nadie, y que de seguir así, se convertirán en un cuento de nunca acabar. Por otro lado, deberíamos expresarnos como corresponde. Tal vez el dueño de un almacén es tan trabajador como su empleado, y hasta quizás un poco más. Un empleado tiene derecho a faltar por enfermedad. Correcto. El dueño de un negocio, no puedefaltar por enfermedad, ni llegar tarde ni irse más temprano. Y cuando baja la cortina y todos se van, él continúa trabajando. Entonces, mejor utilizar los términos, empleador y empleado, a empleador y trabajador, como para que nadie malinterprete los tantos, ¿Cierto?
Obviamente, me refiero a dueños de pequeñas empresas y no de Multinacionales donde el dueño nunca aparece ni se sabe como se llama. Por supuesto que existen entidades que tal vez no puedan manejar un sistema salarial basado en la producción y cuyos sueldos sólo pueden depender del monto que el Estado esté dispuesto a destinar para ellos, como ser, empleados públicos o maestros o médicos. No obstante, si se logra el equilibrio en los otros ámbitos y por consiguiente un aumento en la demanda y la producción, tal vez el Estado también se vea favorecido en su recaudación y el porcentaje destinado a sueldos, se incrementaría en forma automática. Por que imagino que al Estado también le conviene estipular un porcentaje fijo para repartir en salarios y no un monto fijo. De este modo, cuando el Estado recauda más, los asalariados ganarán más y lo mismo cuando se recauda menos, ganarán menos. Pero no tengo dudas que por lo general, van a ganar más o lo mismo que el mes anterior. Casi nunca menos. Aparte, esto llevaría a que se blanqueen ciertas cosas que hoy llevan al despilfarro por parte del gobierno.
Todo el mundo estaría tan atento a lo que recaude el Estado como el inversor a la Bolsa.
Siento que con un sistema así, pagar impuestos no dolería tanto y pedir la factura, se haría rutina.
Bueno, y ahora los dejo porque me tengo que ir a trabajar.
Saludos cordiales,
Rafael.
P.D: Si después que salga publicada esta nota, se produce alguna huelga para reclamar por un sistema de sueldos variables, la misma será exclusiva responsabilidad de quien la haga. |