El otro día leía un artículo reciente, sobre una matanza en una reducción indígena del Chaco, en la Argentina de 1924. También leí otro artículo publicado hace poco, en donde un organismo internacional, pedía evitar la desaparición de lenguas originarias en Argentina.
Es curioso, pero ya hace un tiempo que vengo observando una campaña muy sutil, dirigida a los descendientes de los habitantes del continente americano, anteriores al descubrimiento. Ya los convencieron de que es ofensivo llamarlos indios y que es mejor pueblos originarios. Ahora estamos en la etapa de convencerlos de la necesidad de recuperar sus antiguas lenguas y costumbres. Después vendrá el gran paso, que será la necesidad de recuperación del dominio territorial de sus antepasados. Es decir, que si cada tribu comienza por reclamar una zona del país, eso logrará el desmembramiento de Argentina. Es muy sospechoso ese afán por inculcar el deseo de recuperar las costumbres de los llamados pueblos originarios. ¿De donde somos originarios los humanos? ¿Qué importancia tiene saber de qué territorio somos originarios? Lo cierto es que los habitantes precolombinos también fueron invasores del continente americano. Ellos llegaron antes. ¿Pero que tribu llegó primero? ¿La primera es la originaria? ¿Las que llegaron después son tan intrusas, como los de Colón? Yo creo que ese empeño por hurgar y revivir el pasado, oculta ciertos fines oscuros. Hay dos grupos de personas a los que les interesa remover el pasado. Unos son los que obran de buena fe, que son los estudiosos que intentan averiguar y recopilar todo lo que pueda darnos luz sobre nuestra procedencia. Pero los otros, son los vivos de siempre, que movidos por su ambición de poder y dinero, utilizan y corrompen todo lo que tocan. Esos son los que están detrás de esas ideas que buscan, en el pasado, elementos para promover las diferencias de razas y costumbres, con el fin de dividirnos.
Si vemos lo que sucede hoy en España, nos daremos cuenta lo divididos que están los españoles. Una división basada en los antiguos reinos de la península. La falta de un patriotismo común, en algunos españoles, fue utilizada ya en el pasado por las potencias extranjeras. Fue así como ingleses, franceses o portugueses, lograron desmembrar los territorios que España tenía en el Nuevo Mundo y en África. Incluso aquella ambición separatista se plasmó en la división de los territorios del Virreinato del Río de la Plata, que redujo Argentina a lo que es hoy. Argentina sigue siendo un país codiciado por las potencias actuales. Ya no está tolerado invadir territorios a la antigua usanza, entonces se recurre a la división de los pueblos. Para ello las potencias extranjeras siguen valiéndose de incautos y traidores. Los primeros suelen caer en las redes colocadas por los segundos. El problema que tienen con los argentinos, es que aunque podemos tener nuestras diferencias políticas, que han llegado a causar enfrentamientos deplorables entre nosotros, lo cierto es que todos estamos unidos a la hora de defender nuestra patria y nuestros símbolos. Tenemos traidores y también tenemos incautos, como todos. Pero los que deseen dividirnos no pueden acudir a nuestras nacionalidades del pasado (como sucede en España) porque todos somos y nos sentimos argentinos. Por tanto, la o las potencias que codician nuestro territorio necesitan enfrentarnos y para ello lo mejor es dividirnos entre argentinos originarios y argentinos descendientes de colonizadores o inmigrantes.
Por eso sacan del pasado las peores historias, pero no los mejores momentos. Se buscan aquellos sucesos y excesos, cometidos por poderosos y ambiciosos, contra los llamados, ahora, pueblos originarios. Pero lo que no se dice, es que muchos de aquellos poderosos también cometieron las mismas atrocidades contra colonos e inmigrantes, sin importar razas o creencias. Nuestro país no tiene, hasta ahora, enfrentamientos por idiomas o por nacionalidades, como le sucede a España. Una España, que de seguir así, terminará desintegrándose en un par de siglos.
Eso es lo que buscan para Argentina. Por eso necesitan crear ese enfrentamiento y para ello lo mejor es encismar a los descendientes de los pueblos originarios, buscando en el pasado los sucesos que puedan enfrentarnos. Los que quieren dividirnos, tratan de inculcar en los niños de las tribus originarias, ideas que terminarán convirtiéndose en odio, cuando lleguen a ser adultos. Luego, para esos nuevos argentinos, todo el que tenga rasgos foráneos será un invasor y no lo considerarán compatriota, aunque su ascendencia en el país esté perdida en el tiempo. Eso seria el fin de una Argentina unida, surgiendo así la ambición de cada tribu por gobernar su territorio. Luego, la potencia urdidora del plan, apoyará al cacique independentista de turno, bajo la disculpa de la autodeterminación. Y así terminará Argentina, en trozos, bajo el protectorado y supervisión de la, o las potencias autoras del plan.
Un saludo. Carlos A. Ochoa Blanco. DESDE GIJON ESPAÑA |