Adagio de Buenos Aires.
Llegaron con Aguja imantada
circulando demente en vino oscuro.
El mayo del tiempo forjó el relevo.
Se oyen campanas del bicentenario;
ya no está el aljibe silencioso
donde su agua calla.
Hoy, en época del delirio de horas amarillas,
nos despedimos del error
de haber amado locamente alguna esencia
y la esperanza se anida
una y otra vez en otro maniquí;
anhelo tierno de algún brote
que nacerá para dar su paz;
alguna vez cuando lleguen
otras mascaras.
Ricardo Andreatta. |