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Año 8
Nº 95
MAYO | 2010

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Del otro lado

Muchas veces nos encontramos dialogando con alguien acerca de historias del más allá.
Fantasmas, espíritus, energías negativas y positivas, vida después de la muerte. Una forma de evadir la realidad o de proporcionarnos una esperanza de algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver o a sentir. Definitivamente, los que creen en algo de esto, concuerdan en que después de la vida, viene otra, que para los que fueron buenos, va a ser mucho mejor. Afirman que sólo habrá dos opciones. El cielo o el infierno. Si fuiste bueno en esta vida, te irás pa`arriba, y si no, derechito al subsuelo. Tal vez tu alma quede deambulando entre ambos mundos por un tiempo, pero tarde o temprano aparcará en la estación que le corresponda. Así de fácil nomás. Ya ven, la esperanza es lo último que se pierde. Morirse debe ser como ir al teatro. El precio de la entrada seguramente estará de acuerdo a la ubicación que elijas. ¿Y cómo se paga?, bueno, muriéndote y su valor estará dado por la forma en que lo hagas. Si te moriste de golpe, la sacaste barata e inversamente proporcional a lo que ocurre dentro de lo terrenal, posiblemente te toque una de las mejores ubicaciones. Tal vez un palco cerca del escenario. Hasta quizás te permitan visitar el camarín de Pepe Biondi o Luis Sandrini. Por el contrario si tu entrada la tuviste que pagar exageradamente cara, es posible que el acomodador del teatro se llame Satán. Acerca del tema en cuestión seguramente existen infinitos cuentos y muchos más por inventar. Mirá si nos dieran la oportunidad de elegir. Nos reunimos todos en una oficina y alguien nos dice:
      -    A ver, los que quieran ir al cielo que levanten la mano.
            En el salón todas las manos están en alto.

  1. Bueno, agrega el coordinador. Para ir al cielo primero hay que morirse. Levanten la mano todos los que están dispuestos a morirse.
  2. ¿¿¿¿Ayyyyyayay?????
  3. Bueno, señores, si quieren ir al cielo en primer lugar tienen que hacer este pequeño sacrificio.

¿Conocen a alguien que lo haya hecho? Yo tampoco.
Nos vamos a quedar con la espina hasta el final. No sabemos que ocurrirá después.
Nadie volvió para contarlo y las historias de aquellos que sólo estuvieron muertos unos minutos, no sirven.  De todos modos es bueno imaginar que después vendrá algo mejor.
Que si fuiste bueno, te van a acomodar con los buenos y viceversa. Que ya no le vas a tener que ver la cara a uno que en la vida fue asesino, corrupto, vende patria, verdugo, tirano o traidor. Si Dios existe, no cabe en cabeza alguna, pensar que algún día te toque compartir una nube con los que la semana pasada asesinaron a una pareja de ancianos para robarles, ni con ninguno de los responsables señores de la justicia, que hasta el momento, no tienen idea de cómo hacer para que estas cosas no sucedan.
Imaginemos por un segundo que después que te morís, tu alma llega a un gran estadio donde hay una entidad con la lista de todos los que van llegando. Y empieza…..vos para la derecha, vos para la izquierda y vos para el vestuario. Porque también es bueno pensar que no sólo se va a dividir la cosa entre buenos y malos. Quizás también haya una ubicación para los que en vida, hayan sido personas completamente inútiles.J
Ahora, yo me pregunto. ¿Por qué será que para hacer esto primero tengamos que morirnos?
¿No podemos empezar un poco antes? Hay países que son tan increíblemente pequeños que no disponen de espacio suficiente como para hacer el más mínimo cambio. De todos modos, casualmente, son los países donde menos pululan o se desarrollan los malos. Como en Ciudad Gótica. Bátman sólo tenía que vérselas con el Pingüino, el Guazón, el Acertijo y Gatúbela, tal vez con unos pocos más, pero el resto, eran todos buenos. J
Hay algo que los gobernantes parece que todavía no entienden. Cualquier indicio de estabilidad económica va a ser inmediatamente oscurecido por la inseguridad vigente. Incluso la economía mejora considerablemente en ámbitos seguros ya que la gente no teme salir a la calle. No creo que resulte difícil detectar a los indeseables y en países con vasto territorio, enviarlos a trabajar la tierra y regenerarse. No hace falta mandarlos al infierno. Pero no se puede realizar una encuesta telefónica, como la que se hizo en estos días,  para conocer la opinión que tenemos de quienes nos gobiernan mientras que en los noticieros te informan de todos los muertos del día.
¿Qué esperaban escuchar? Como si lo ignoraran. Tal vez si quisieran descubrir a los malos en pleno centro de La Recoleta, les sería muy difícil. Pero en el otro extremo de la clase social, no tanto. Y es, porque precisamente en ese extremo, convive gente muy buena, con gente muy mala y con otros tantos que todavía no están seguros de en qué lado ubicarse. Y esta gente buena y trabajadora, conoce muy bien a los que no lo son. Por eso resultaría fácil hacerlo. Tal vez no sería redituable para algunos, que seguramente, viven en el otro extremo de la ciudad.
¿A qué estarán jugando? Antes de inaugurar un negocio, primero hay que limpiarlo, pintarlo y decorarlo. Después, sin miedo alguno, se puede realizar alguna encuesta acerca de la imagen del mismo, como para hacer de ser necesario, los retoques que hagan falta. Pero acá, se levantó la cortina antes de tiempo. No me hagan encuestas mientras exista gente que en el norte argentino que se muere todos los días de hambre. No me hagan encuestas mientras se asesine todos los días a un ciudadano. No me hagan encuestas mientras veo gente durmiendo en las calles. Y puedo poner mil ejemplos más. Hace unos días, un abuelo murió infartado porque lo llamaron desde una penitenciaría para decirle que habían secuestrado a su hijo. ¿¿¿¿????
Acá no hay que hacer pequeños retoques. No sólo se trata de pintar las veredas y luego salir a hacer una encuesta. A ver si se esmeran un poco más y después nos vuelven a preguntar. ¿Dale?

Saludos cordiales.
Rafael.


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