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Año 8
Nº 105
MARZO | 2011

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Parodia del denunciante

La semana pasada me surgió hacer un trámite en la comisaría de mi barrio. Mientras esperaba, me llamó la atención la cantidad de carpetas que se encontraban apiladas contra una pared dentro de la oficina, que casi llegaban hasta el techo.
Por curiosidad nomás, le pregunté al oficial acerca de las mismas.

  • ¿Acaso todas esas carpetas son denuncias?
  • Efectivamente, hay de todo un poco, pero son denuncias al fin.
  • Y “dentro del todo un poco”, ¿Qué es lo que más abunda?
  • Algún robo, algún que otro hurto, pero por lo general son denuncias por amenazas. Alguien le dice a otro que lo va a matar, entonces la persona viene y realiza la denuncia correspondiente. Muchas son realizadas por integrantes de una pareja. Se pelean, se insultan, se amenazan, uno de ellos hace la denuncia y a la semana están viviendo juntos otra vez.

Me quedé atónito por un instante ya que me pareció un poco llamativa la situación. Ignoro si pasará algo similar en el resto de las dependencias, pero da para pensar. Me vinieron inmediatamente a la cabeza un sinfín de situaciones irónicamente cómicas, pero también algunas otras no tan agradables. Pero por sobre todas las cosas, lo primero que pensé es ¡Cómo cambiaron los tiempos! Casualmente, unos días después jugando con el control remoto del televisor, me detuve por unos instantes, repito, “sólo por unos instantes” en el programa “Policías en acción”, donde justamente mostraban el caso de una pareja que se insultaba de una manera realmente obscena. Peleas, debe haber en todas las casas, y dentro de las mismas, se pueden decir de todo, en la cocina o en la cama. Pero hacerlo como lo hacen, no sólo a la vista de los vecinos si no a través de las cámaras de televisión, realmente da lástima, más allá de la vergüenza ajena que esto además genera. Seguimos yendo para atrás pensé, al menos en lo que se refiere a la educación y a las buenas costumbres. Si este es el ejemplo que algunos padres de hoy en día le legan a sus hijos, ¿qué podemos esperar de ellos después?
También me surgió preguntarme el por qué habremos ido tan para atrás en esto si por otro lado, avanzamos científica y tecnológicamente a pasos agigantados.
¿Acaso un extremo y el otro estarán relacionados entre si de alguna manera?
¿A quién no le dijeron alguna vez “te voy a matar”? Pero en otros tiempos era una de cal y una de arena. Cuando te portabas mal, era tu mamá quien te lo decía, pero después, en algunos casos, venían las caricias. Si te agarro con otra te mato, te decía tu pareja, pero le hacías unos mimos y los celos desaparecían.
Acá viene la parte de la tecnología. Tenemos In-ter-net, Insólitamente Terminamos Netamente solos y vacíos. Nos comunicamos por chat o por mail, y la ansiedad lleva a veces al sobresalto, un error tipográfico a un malentendido, el desconcierto a la bronca, el insulto, la disculpa tal vez, pero jamás la caricia. Si todavía no lo entendés, pará de leer. Imaginate por un instante que la persona que más necesitás en este momento, apoya su mano sobre tu hombro. Cerrá por un momento tus ojos si lo creés necesario. ¿Te lo imaginás? ¿Lo podés sentir?
¿Es una especie de escalofrío? ¿Estás un poco mejor ahora? Bueno, entonces, seguí leyendo. ¿Y a dónde voy con todo esto?, se preguntarán algunos. Dejemos por un momento de lado la barbarie que nos muestran por tv. Es insólito que haya enorme cantidad de denuncias por amenazas, al margen de que estamos viviendo en una sociedad de por sí bastante desequilibrada. Tal vez en una pareja, el “te voy a matar” sea sinónimo de “haceme la vida más fácil, ayudame por favor” y la denuncia de amenaza sea sinónimo de “mostrame que me querés, no seas tan frío” Algunos van a la comisaría a realizar denuncias otros al doctor porque se sienten enfermos. Para algunos basta con que el médico le tome la mano para controlar su pulso, para que ya se sientan infinitamente mejor.
Disculpe, doctor, ¿De un abrazo ni hablar, no?
Y luego de la denuncia, y ya ante el Juez, ¿qué se podrá interpretar entrelíneas?.
-Él llegó tarde a casa y yo lo insulté y después el me empujó y yo lo volví a insultar y él me dijo que me iba a matar.
La pregunta que me surgiría hacer en forma inmediata sería  “Si tiene tanto miedo, ¿Por qué no se va?” O acaso esta persona estará pensando que su Señoría va a bajar del estrado, la va a tomar entre sus brazos, le va a dar un beso en la frente y le va a decir “Bueno querida, ya…. ya pasó, todos te queremos y él te va a tratar bien de ahora en más”

  • Snif, snif, ¿A usted le parece?
  • Estoy seguro, pero para que te quedes más tranquila, aquí te dejo mi mail.

Volviendo a la realidad, me parece que el gasto de papel y tiempo de nuestros servidores públicos, lo pagamos entre todos y ese dinero se podría utilizar para algo más productivo. Creo que ya es hora de poner algunas restricciones en lo que a realizar denuncias se refiere. Al menos, se debería constatar que la persona se encuentre dentro de sus cabales antes de permitirle iniciar una causa.
¿Usted viene a realizar una denuncia? Bueno, primero debemos corroborar que usted se encuentra psíquicamente apto para realizarla, así que por favor diríjase primero al Departamento de Psicología para obtener la aprobación. Luego vuelve con un papelito que sólo va a decir “Apto o No Apto” y el por qué. Si la cosa no era para tanto, no se van a tomar el trabajo de ser analizados y va a quedar todo ahí. Si aún así, deciden presentarse, entonces se matarían dos pájaros de un tiro. ¿Qué mejor que un profesional de la psiquis para determinar si alguien está realmente en peligro, si está mintiendo o diciendo la verdad, o para redirigir el caso a un ámbito que tal vez, no tenga que tener necesariamente relación alguna con lo judicial? ¿Cuánto dinero se ahorraría si se procediese de esta manera? El consultorio de psicología se encontraría abarrotado y no los Tribunales. De este modo podrían agilizarse un poco más los casos que realmente sean urgentes e importantes.
Mucha gente realiza denuncias absolutamente estúpidas y fuera de lugar, por el sólo hecho de “ser tomados en cuenta por alguien”. Necesitan de alguien que los quiera y que los defienda y si es posible, que le den la razón. Gente que más que una denuncia, necesita de algún buen amigo que lo comprenda.
Vuelven a la casa, locos de contentos, y le dicen a su pareja “Mirá, mirá, me tomaron la denuncia, ¿viste que no soy un tarado como vos decís?. Para que sepas, a cualquiera no le toman una denuncia, ¿sabés?”
Pero lo que ignora este señor, es que sí, que lo cierto es que a cualquier estúpido se le permite hacer una denuncia y automáticamente iniciar la maquinaria que incrementará el gasto público y reducir el presupuesto que bien podría redirigirse para mejorar la salud y la educación.
Ya sea en una comisaría o en “Defensa del consumidor”, muchos declinarían antes de realizar una denuncia, si les informan que primero deberán exponerse a un test psicológico que bien podría determinar si el mismo es un estafador encubierto, algún mero oportunista, un demente o alguien que simplemente está solo o falto de afecto. Incluso, los ayudaría a meditar acerca de si realmente vale la pena realizar una denuncia o no.
Estimo que se podrían ahorrar cientos de miles de dólares al mes, por no decir “millones”, si se procediese de esta manera o de alguna otra similar que quizás pudiera ocurrírsele a alguno de los que conforman la cúpula gubernamental o a sus respectivos asesores. Sólo deben inaugurar un “Departamento de Psicología” en cada distrito con profesionales que solamente se dediquen a atender estos casos. Incluso se podría implementar esto dentro del mismo Municipio.
A muchos les convendría dejar la Internet para cuando sean viejitos y ya no puedan caminar. Si todavía no estás en esa etapa, si tus piernas funcionan con normalidad, en vez de ir a hacer una denuncia, usá tus pies para acercarte a la casa de algún amigo o familiar y simplemente dales un abrazo. Te vas a sentir mucho mejor. 
Me parece que, como decía el recordado Roberto Galán, “hay que besarse más”. Más allá de todo, no indico con esta parodia que un individuo no tenga derecho a realizar una denuncia, simplemente intento dar el puntapié inicial, para que alguien proponga el cambio necesario para que las cosas empiecen a funcionar de un modo más dinámico y por ende, beneficioso para todos.

Saludos cordiales.
Rafael.


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