Muchas veces, cuando fallece un vecino ilustre que por sus merecimientos supera el ámbito local, nos hemos visto sorprendidos al enterarnos de que el mismo era nativo o vecino de Lomas de Zamora. Y es sorprendente –reiteramos – el gran número de personalidades de toda índole (presidentes de la Republica, políticos, militares, artistas, deportistas) que permanecen ignorados por sus propios convecinos aun cuando han residido muchos años en nuestra “patria chica”.
Esté libro apunta modestamente a reparar situaciones como ésta y tratar de rescatar del olvido a figuras insignes como la de Julio Sánchez Gardel, quien fuera uno de los más grandes autores en la época de oro del teatro argentino. Dicho dramaturgo vivió mucho tiempo en la calle Pichincha 429 y cerro sus ojos en una casona de la calle 25 de mayo, de su siempre querido Temperley, el 18 de marzo de 1937.
Una Conciencia Social
Sánchez Gardel había nacido en la provincia de Catamarca, pero muy joven arribó a la Capital donde inmediatamente se convirtió en asiduo concurrente de todos los cenáculos y tertulias intelectuales de la época. Desde temprana edad desarrollo su vocación literaria que en un principio, estuvo impregnada por el clima anárquico y socialista de esos tiempos.
Decía en ese entonces este prestigioso escritor: “hay ideas convencionales que subsisten como herencia de siglos pasados, en que al pueblo, o la clase oprimida y sin derechos, se la considera algo más que a un animal. Mientras que la clase alta, los distinguidos, los elegantes eran los únicos que por su sangre y su apellido eran los sabios, los dignos, los inteligentes, y cuantas veces, uno de esos del pueblo, como así se los llama despectivamente han demostrado que tenían más nobleza, inteligencia y talento que uno de esos apergaminados señores de levita, bastón y sombrero de pelo”.
Si consideramos que este magnifico argentino publicaba este conmovedor alegato a principios de siglo, que dudas podemos tener de la calidez humana de Sánchez Gardel , que con su pluma valiente estaba marcando a fuego la ignorancia de una época nefasta y señalando el rumbo a una justicia social e igualdad de clases que solo tendría principio de concreción mucho tiempo después.
Los Mirasoles.
Proficua y brillante ha sido su labor literaria “El Zonda”, “El café de los inmortales”, “Almas grandes”, “Ley humana”.”Las dos fuerzas”,”Las campañas” y otras tantas obras más fueron solamente jalones en la ruta de este polifacético hombre de letras que finalmente nos diera “La montaña de las brujas” y “Los mirasoles”, expresiones máximas que seguramente lo llevarán a la inmortalidad y que se han constituido en dos clásicos fundamentales del teatro nacional de todos los tiempos…… |