Estamos en el año 2010 del siglo XI y educadores, arquitectos y científicos pueden prever su accionar para el correr del mismo sin hacer ciencia ficción y con pautas realistas.
Una ola de creaciones y tecnicismo nos atropella día a día. Dicen las estadísticas que el 90 % de los inventos de toda la historia de la humanidad, vive aún, y ahí esta la T.V.
Con este aún increíble medio de comunicación de masas, hemos visto alunizar a Amstrong, nos horrorizamos con las imágenes de la catástrofe de Haiti, nos reímos con las desopilancias de Benny Gil,
sabemos al instante lo que ocurre en Medio Oriente, en España o en Londres. Nos entretenemos, nos informamos y nos desformamos, todo a un mismo tiempo.
No es este el lugar para juzgar o enjuiciar a la T.V. no hace falta, ella misma ya lo ha hecho en múltiples programas periodísticos.
Lo que es oportuno destacar, es un fenómeno de origen comercial que no solo hace a la televisión, sino a todo el proceso artístico incluyendo al teatro: "El Rating".
La traducción literal de la palabra, es "Clasificación", pero no en un sentido cualitativo, sino cuantitativo, es decir : ventaja en números.
La T.V. pone su especial cuidado en conseguir el mejor rating para sus programas, si no lo tiene, no tendrá avisador, si no tiene avisador, no habrá programa.
No tiene importancia que el mismo sea bueno o malo, sí, la tiene en que llegue a la masa creada por la tecnología eléctrica . Así las cosas, la televisión no es distinguidora de calidades. ?El programa es malo porque la audiencia y videncia no entiende otra cosa, o está termina por no diferenciar calidades a fuer de recibir programas malos ¿.
Como consecuencia insufrible de esta deformación televisiva explicable, (no justificable), ha aparecido por insano contagio el rating para el teatro, pero sucede que aquí no tiene explicación ni justificación, dado que
ninguna publicidad enmarca una obra teatral.
Cuando vamos al teatro haciendo sacrificio de tiempo y de bolsillo, exigimos calidad de puesta, de interpretación, de escenografía, de actuación, y si se da a sala llena, mejor, pero, la sala llena no condiciona valores.
Una obra se escribe para lograr esa misteriosa comunicación-autor-actor-espectador, pero también es cierto que el éxito de público no hace mejor el espectáculo. alguien dijo alguna vez : "Aunque los que se equivocan sean muchos, la equivocación no se convierte en acierto,"
Temido por los empresarios, actores y productores, el "Crítico", aparece en este contexto, como un Júpiter. Juez implacable del espectáculo.
Sin una escuela de críticos, la mayoría de ellos se han ido formando al azar, por capacidades o incapacidades genéticas, las más de las veces, por relación o amistad con algún mandamás de diario o revista.
Los ha habido buenos y aún los hay, las mas de las veces en tiradas de divulgación limitada,( A los de gran difusión, no les interesa la buena crítica de teatro), pero buenos o malos, los críticos de teatro, se han dejado contagiar por la enfermedad del rating. Críticas superficiales en cuanto a análisis de obra, de puesta, de escenografía, pero sí, ponen especial cuidado en puntualizar que, "el público colmaba la sala" lo que equivale a hacer pasar gato por liebre.
Lo mas penoso es que no solo el lector-espectador es engañado, también se llega a engañar al autor, director, escenógrafos e intérpretes, y si el espectáculo es auspiciado oficialmente, las autoridades terminan
por creer que han acercado el pueblo al teatro, no saben que...."Lo popular no es arte si solo es popular".
¿Porque espectáculos chatos y vulgares tienen éxito ?. Nuestro público está siendo deformado en sus gustos, insensibilizados a la creación artística por su dosis diaria de pésimos programas, cursis, efectistas que se dan en llamar ,"Teleteatros". Lamentablemente se ha utilizado la palabra "Teatro "en el neologismo, y nada tiene que ver con él, lo que ofrecen los canales, no hay estructura teatral en el tema, ni hay escenografía pensada para la obra, ni ensayos para los actores, ni hay casi , dirección, y son estos los programas que van a la zaga sin tener en cuenta la función social que debe ser el objetivo primordial.
¿Hasta cuando el rating nos va a llevar a nosotros y no nosotros al rating ?. El rating conmueve no solo al empresario, (lo cual es lógico), sino al posible nuevo espectador,(lo cual es lamentable) y además al crítico
(lo que es aberrante).
La mayoría está deformada por la anticultura, pareciera que un espectáculo para hacer pasar el rato, es suficiente para que merezca el calificativo de ingenioso, positivo, recomendable.
¿Es que habrá que recordar una vez mas el concepto brechtiano de, "Entretenimiento complejo como diferenciado del entretenimiento simple"?, si así no fuera, borremos todo y sigamos con el gran espectáculo que nos brindan las autoridades pretendiendo que siga siendo el "Fútbol".
Eduardo Corrado.
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