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Año 6
Nº 81
MARZO | 2009

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QUERER ES PODER.


Estaba en un bar de la zona esperando a un amigo con el que solemos encontrarnos de vez en cuando para tomar un café y filosofar un rato. Apenas llegó, se sentó en la mesa y me dijo, “Ché, ¿Viste lo del Medio Oriente? ¡Qué despelote! ¿No?
-Uy, no cortala, le contesté. Empezá con algo más original.
-Bueno, Rácing se….,
-¡¡No no nooo!!, hoy no estoy con ganas de repasar temas trillados.
-¿Y de qué querés hablar?
-No sé. Usá tu imaginación.
-Ufa! Si fuera Presidente, te invitaba a pasar una semanita en el caribe así te despabilabas un poco.
-Oh, Oh!! Ese tema me gusta.
-¿El de una semanita en el Caribe?
-No, no. El de si vos fueras presidente.
-Vamos hombre, que lo dije por joder!! Me contestó con tonada gallega.
- Dale, fantaseemos un rato, ¿Qué harías en primer lugar?
-¡Qué se yo! No se me ocurre nada.
-Te voy a ayudar. A ver ¿Te gustaría pasar a la historia como uno de los mejores presidentes que tuvo el país?
-Claro, ¿A quién no?
- Bueno, observá desde hace unas décadas hasta el presente y ya está contestada tu pregunta.
-Es cierto. Ahora que lo pienso, ningún presidente hizo nada del otro mundo, nada que haya valido la pena como para ser desparramado sobre la página de libro de historia alguno. ¿Qué pasó? ¿No se habrán dado cuenta del cargo que ocupaban?
- Seguramente que sí. Y no es que no hicieron nada. Algo hicieron, pero si nos referimos a las cosas buenas, creo que una carilla bastaría y sobraría para resumir los buenos actos de los últimos cuarenta años. Qué le vas a hacer. A veces, los intereses personales ciegan a las personas y se olvidan que hay otros tantos millones que viven de la esperanza de que el que nos gobierna, se levante algún día con el pie derecho, con las neuronas iluminadas, con la codicia suprimida y que en un explosivo y sublime acto de bondad, nos comunique algo que nos haga saltar de alegría.
- ¿Y qué podría comunicarnos? ¿Qué bajan los impuestos? ¿Qué vamos a tener el tren más rápido del mundo?
- No, pará. Esas son boludeces. Así no se gobierna. O por lo menos, por acciones como esas no valdría la pena poner tu nombre en un libro.
-¿Y qué harías entonces?
- Bueno, creo que llegar a la presidencia de un país, es como de repente darse cuenta que en la casa que vivimos algo no anda bien y no tenemos un mango para cambiar nada, pero de pronto recibimos de herencia una empresa semiorganizada a la cual con un poco de ingenio tal vez podríamos hacerla crecer cientos de veces e ¡Imaginate! Todo el mundo contento!! La familia, los trabajadores, etc.
-No entiendo.
-Es fácil. Tenés una casa toda despelotada y maltratada, pero ahora contás con un capital para cambiar un poco las cosas.
Fijate que hay zonas del país donde hay tan sólo “medio habitante por kilómetro cuadrado”. Cientos de hectáreas despobladas. No podemos mudarnos a esas zonas porque se nos canta. Alguien tiene que innovar, hacer industrias, casas, negocios, en una palabra, distribuir un poco la población. Tal vez vivir en una capital sea cómodo, pero no creo que sea sano para todos.
Entonces, volvamos a nuestra casa de ejemplo. ¿Qué es lo primero que se te ocurriría hacer?
-Y, si dispongo de dinero, más habitaciones, las que hagan falta para vivir cómodamente.
-Perfecto. Hacemos en principio, una habitación nueva de gran tamaño. La pintamos, la decoramos, la dejamos pipicucú.
- Claro, y agarramos a toda la familia y la mudamos a la habitación!
-Por supuesto que no. Lo que mudamos primero, son todas las porquerías que tenemos en las otras habitaciones. ¿De qué sirve hacer una autopista de lujo sobre un riachuelo que te ahoga con el aroma?  
Entonces, vaciamos la cocina, la pintamos, la decoramos y luego traemos las cosas que habíamos dejado en la otra habitación. Lo mismo hacemos con el comedor, con el baño y con los dormitorios. ¿Se entiende a dónde voy?
-Maso
- Fijate, ¿Acaso no se podrían poner industrias, empresas y negocios varios, en una o varias zonas despobladas del país, hacer casas económicas pero prolijas, y llevar luego a personas para que ocupen puestos de trabajo en ese lugar y que hoy están viviendo en una pobre casa de madera con vista al basurero? ¿Y que luego las  zonas de la ciudad que queden desocupadas, se reorganicen, se saneen, se decoren, y luego se estudie acerca de lo que más convendría hacer en ellas?
-Pero eso sería un megaproyecto, ché!
-Pará, no te olvides que sos el presidente. Aparte no todo tendría que salir del Estado. Sólo algo. Por ejemplo, el Estado dona una zona para construir industrias. Los industriales deberían afrontar los gastos de construcción de las mismas. A cambio de ello, tendrían el beneficio de algunos años libres de impuestos de los productos que fabriquen y bonificaciones especiales en las exportaciones. Al mismo tiempo, se comenzaría a construir un complejo para poder albergar a miles de familias que emigrarían a la zona para ocupar los diversos puestos de trabajo que se generen. Automáticamente, al iniciar la obra, se necesitarán miles de obreros. O sea, se mueve la construcción. ¿Y qué pasa cuando se mueve la construcción?
-Se mueve el país!!!.
-Exacto. Me encanta tu entusiasmo. Ojalá te puedas presentar en las próximas elecciones, jeje!!
Por otro lado, seguramente se deberían reabrir vías del ferrocarril que alguna vez fueron dadas de baja y esto supone trabajo para algunos miles más.
Decime, ¿Cuál fue el último presidente que te dio una gran alegría con su discurso?
-No sé, tendría que preguntarle a mi padre.
-Bueno, si algún presidente propusiera una obra como esta, ¿Pensás que alguien se alegraría?
- Y, salvo la oposición, creo que todo el mundo.
- Y seguramente ocuparía en el futuro un gran espacio en los libros de la historia. ¿Cierto?
Hoy los gobiernos se ocupan de hacer proyectitos. Gastan millones de dólares en cosas que son tan pequeñas que al día siguiente ya no nos acordamos de qué se trataba. Y menos aún, cuando el beneficio del proyectito es tan sólo para unos pocos.
- ¿Por qué no hacen proyectos que se noten, entonces?
- Algunos llegan al gobierno por una ambición personal, otros por el poder, otros por la fama, y algunos también llegan para hacer el bien. Muchas veces no lo consiguen, o porque no se les prende la lamparita, o  porque la oposición es más fuerte. Olvidémonos por un momento de este megaproyecto como vos lo llamaste. Hagamos algo más chico. Por ejemplo, hagamos un hospital. Hagamos en este país el hospital más grande del mundo. Los mejores equipos, la tecnología más avanzada, los mejores médicos. Este hospital del Estado cobraría una cuota mensual de 5 dólares por persona para que puedas ser atendido en forma gratuita.
Hasta los que no tienen trabajo podrían pagarla ya que se lo descontarían del seguro de desempleo. Y los que pagan una privada de cien dólares, también se anotarían, por las dudas. Total, qué le puede hacer tres dólares más. Si tenemos treinta millones de afiliados, la obra social del Estado recaudaría ciento cincuenta (150) millones de dólares al mes. Creo que con una pequeña parte de esto, se podrían pagar salarios dignos a los que trabajen en el complejo. Con el resto, imaginate todas las cosas que se podrían hacer. También, de la mano de esto, se podrían construir gran cantidad de escuelas, bien equipadas, principalmente en zonas donde no hay. Con maestros y profesores capacitados para formar a cada alumno como corresponde. Incluso, de ser necesario, también se podría emplear gente encargada de la seguridad para que los padres se despreocupen. Así, de a poco, tal vez el colegio del Estado vuelva a ser lo que fue alguna vez. Hoy, como están las cosas, mucha gente invierte más del 50% de su sueldo en Prepagas y colegios privados. Si no fuera así, imaginate que distinta sería nuestra realidad. Posiblemente dispondrías de más de mil pesos mensuales para ahorrarlos o gastarlos en lo que se te cante, y por supuesto, intuyo que ni siquiera la debacle financiera mundial nos afectaría demasiado. Aparte, menos desocupación implica más seguridad, entonces estarías matando dos pájaros de un tiro.
-¿Qué más se podría hacer? ¿Se te ocurre algo más?
-¿Qué si se me ocurre algo más?!! ¡¡Por supuesto!! ¡¡Hay miles de cosas que se podrían hacer!! Pero seguimos jugando al Presi otro día. Reconozco que ningún proyecto por más grande que sea va a servir para salvar a toda la población. Pero cuando algo se empieza, una cosa trae a la otra, y al final se logra. Tenemos ejemplos de esto en todo el mundo.
Ah! Y si algún día te postulás, y se te ocurre comunicarle a la población que vas a iniciar un proyecto de gran envergadura por el bien de todos, te aconsejo que utilices las palabras adecuadas. No digas, como otros, voy a hacer esto o aquello. Mejor decí: “Vamos a hacerlo” ¡Vamos a hacerlo entre todos! Te puedo asegurar que el entusiasmo será mucho mayor.
Para terminar, ¿Te puedo pedir un favor?

  1. Sí claro.
  2. ¿Te podés hacer cargo del café? Porque recién pagué la Prepaga y me quedé en bolas.
  3. Sí, claro, no te hagas problema.
  4. Gracias, Presi. Jajá!!

 

Saludos cordiales,                
Rafael.


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