Publicar    


Año 8
Nº 108
JUNIO| 2011

:: Sumario
:: Info Profesional
:: Guía Comercial
Rubros por orden alfabético




:: Servicios Utiles
:: Prensa
:: Links
 
 
 
 
 
:: MANUAL DEL AGRICULTOR

 A partir  de este numero Lomas y su Gente rendirá homenaje a don Tomas Grigera, en el año del sesquicentenario de Lomas de Zamora. Recordando parte del “Manual del Agricultor”.Publicado en el año 1919. Contiene un resumen práctico para cada uno de los meses del año.
“Clemente Onelli lo califico en 1926 “El prócer del trabajo del campo en las Provincias Unidas del Río de la Plata”.


(PARTE DOS)

AL LECTOR

Tomás José Grigera (1753-1829)

El imperio de la razón es el único que debe arredrar al hombre. Pasan la injusta censura, la mordaz crítica, la aguda sátira, todo pasa, y permanece el tiempo, como maestro, rigiendo el genio de los seres humanos.
            El mío sin disposición para escribir nunca estuvo más lejos de aparecer escritor, que hoy que una tintura de la ilustración empieza a formar los conocimientos, me enseña lo que soy, y lo que se necesita para ejercitar la pluma en la muy importante materia de agricultura.
            La confusión, el desaliento y el temor ya arredrándome; ya retrayéndome de un prometimiento, traían fluctuante mi resolución; que luchando con el deber, la gratitud, y el respeto, aquéllos la paralizaban, y éstos me infundían el coraje preciso para tomar parte en empresa tan ajena de mí, como digna de los mejores genios que desarrolla una revolución.
            El poder de la razón decidió por fin; y salgo a la luz del público bajo el concepto de que el hombre por tributo a su especie debe ser para el hombre, y éste, industrioso hasta la víspera de su muerte.
            No se crea que escribo para enseñar: sé que tengo que escuchar para aprender. Mucho hay escrito en la materia por plumas cortadas [VI] con finura, y llevadas por principios que no podré explicar.
            Comunico solamente a mis conciudadanos, que educados en el mejor tiempo que yo, corren en pos de las ventajas y de la gratitud del cultivo de las tierras, lo que en el constante trabajo de esta madre común de los vivientes he aprendido.
            Para que puedan conseguirlo con algún desahogo, es que me he propuesto contribuir con un breve resumen práctico sobre lo que corresponde haga el agricultor en los doce meses del año, y cómo es que se ejecuta entre nosotros, o debe hacerse.
            El resumen no es perfecto en su línea; pero podrá servir a algunos formados con mejor disposición que la mía, o con los elementos que yo no tengo, para progresar con prontitud y perfeccionar el precioso ramo de la agricultura con utilidad de la Provincia de Buenos Aires, y de las demás de la nación de Sud-América a que pertenece.
T. G.

[VII]
INTRODUCCION
            La vida de las plantas, la abundancia de frutos, su sanidad y hermosura dependen de la preparación de las tierras, de los beneficios1que recibieren, de las estaciones en que se dieren, del conocimiento de los terrenos, de los temperamentos así de ésta como de las plantas, y de la naturaleza concordante que sabe formar la industria.
            La tierra es madre universal: si el labrador la preparare como debe respectivamente, las producciones corresponderán el trabajo con ventajas. Si no las dispusiese, ni tuviese elección, entonces sino es de la falta de industria, de nada más tiene que quejarse.
            La observación ha de ser constante compañera del labrador; porque así como la salud, robustez y conservación de los seres animados encuentran climas y alimentos que abrevian sus días, debilitan sus fuerzas, la inutilizan; y por el contrario otros que la entonan; así los vegetales quieren tierras que los nutren, robustezcan y dilaten la vida, preparación y vigilancia que los abrigue y defienda de los vientos, tiempos e insectos que los destruyen. Y así como el hombre en los estados de infancia, adolescencia, y pubertad según su naturaleza pide distinto cuidado y asistencia en cada uno, así las plantas, matas, árboles y arbustos desde que nacen, hasta que son perfectos.
            Las tierras al trabajo de una reflexiva [VIII] aplicación se conocen cuales son gruesas, húmedas, secas, areniscas, pedregosas, salitrosas, y lavadas.
Las gruesas son las muy sueltas, esponjosas o gordas: éstas si fueren vírgenes; húmedas y abrigadas no necesitan de más beneficio generalmente que el ser movidas con el arado, o la azada. Las de esta clase camadas reciben el propio beneficio con e1 auxilio del estiércol. Las lavadas son las que por pendientes, sufren una posición más o menos precipitada, por cuya causa las corrientes arrebatan la buena tierra, y dejan la arcillosa o compacta, que son la greda negra, o la tierra blanca. Deben componerse éstas a costa de moverlas, o revolverlas con abundancia de estiércol, emparejando el terreno, y abierta corriente a las aguas para que no sea lavado nuevamente2. Las lomadas son generalmente terrenos secos; por el contrario los bajos, bañados y cañadas. Los de Salinas no son buenos para labranza; no así los pedregosos, areniscos, y salitrosos, porque conservan siempre una capa de tierra vegetal, excelente para muchas producciones, que el estudio del agricultor ha de conocer sin mayor trabajo.
Es por todo que debe ser observador constante, para asegurarse un buen éxito, haciendo los almácigos y plantíos en tierras adecuadas a la naturaleza y calidad de las simientes y plantas, para que reciban los jugos precisos a la vegetación y perfecta formación de cada una.
[IX] La tierras para enterrar en ellas 1as semillas, si se dispusieren desde tres meses antes, las encontrará el labrador limpias, y sin las raíces de yerbas perjudiciales, para cuando sea el tiempo de usarlas. Entonces el ligero trabajo de una nueva igual preparación por medio del arado, o de la azada, la sementera, que en ellas así dispuestas hiciere, corresponderá suficientemente al trabajo.
Entiéndense compuestas, preparadas ó dispuestas así que con la expresada anticipación fueren estercoladas, aradas, rastreadas, o cavadas. Esta preparación podrá tan sólo lograrla anticipada el labrador que abundare en terrenos; mas el que los poseyere con escasez, siempre habrá de usarlos sin tal anticipación, y tendrá que vigorizarlos con estiércol y el riego a sus tiempos, y con frecuencia.
La estercolación de beneficio no ha de ser de animal vacuno, y sí la de los que se alimentan con paja, grano y afrecho: la de las aves es muy buena.
Toda tierra antes que en ella entre el arado, o la azada, para que las rejas lleven alguna regularidad, se divide en porción, o porciones que entre nosotros se llaman canteros, o tablones, y melgas las líneas que los figuran. El nombre de canteros tiene alguna propiedad, pues lo usamos para significar una parte o pedazo de terreno destinado a una clase sola de semilla o plantío, y tiene la figura de un cuadro prolongado. El de tablón lo damos para explicar una sola clase [X] de sembrado o plantío de media cuadra para arriba3.
Se escoge el terreno, y repartido en una, dos, tres o más melgas, se hace la demarcación de los canteros o tablones, ya sea para arar, ya para cavar, tirando una línea por lo largo del terreno, y otra por lo ancho hasta el tamaño una caña de picanilla4.
Melgueado el terreno, en esta forma, se uncen los bueyes, colocándose a la izquierda del arado el buey maestro con un látigo afianzado al yugo, que dé una o dos vueltas en la oreja del propio lado: torna el labrador su puesto, que es al remate del arado5, gobernando el timón con la mano derecha, y a los bueyes con el látigo, la orejera y la picanilla6 en la izquierda, comienza a hacer surcar el arado por lo largo de la rnelga.
Abierto el surco en ésta, vuelca el arado, y lo hace arrastrar por lo ancho del terreno melgueado, hasta tocar con la línea que le hace frente a la primera. Vuelve entonces a poner de punta el arado7, y abre surco por ella: lo que remata la línea, o melga, trastorna nuevamente el arado, y lo sigue arrastrando por el frente opuesto al en que primero fue volcado.
Luego que en la carrera descripta llega con los bueyes a la melga donde principió a hacerlos caminar con el arado de punta, lo pone otra vez en esta forma, y abre nuevo surco del lado de adentro contiguo a1 primero; el que concluido, y volcado el arado hasta dar con el surco del frente, vuelve a ponerlo de punta, y sigue aquí abriendo otro surco [XI] de1 lado de afuera: de modo que haciendo los bueyes un camino igual, desde que comienza a ararse el terreno melgueado, y manifestar los dos primeros surcos abiertos, hasta que se acaba, viene a resultar otra tanta porción con más desahogo de los animales, mayor prontitud, y menor fatiga.
El arado cuando las tierras son blandas entrará como una sesma8 en la primera reja que llevan. En la segunda una cuarta 9, y en las demás sucesivas irá entrando más proporcionalmente. Si las tierras fueren duras, que son las muy pisadas o endurecidas por continuas aguas, la primera reja entrará como cuatro dedos; la segunda una sesma, y así progresivamente.
Las rejas han de darse muy unidas, para que la tierra quede sin terrones y muy suelta. Se repetirán cuantas veces pueda el labrador. A cada reja antes de segundarse10, pasará una rastra al terreno que acaba de ser arado. La rastra es de forma de zarzo con cabezal, y se hace de varazón casi unida una con otra sobre el pie de algunas atravesadas. A las dos o tres primeras rejas subsigue en cada una la rastreada, cargada la rastra con mucho peso para que deshaga los terrones. A las últimas rejas la rastra quedará ligera, y así la pasará el labrador, porque es para emparejar.
Las cabezas en los terrenos en que no se ejercita el arado11, serán hasta la rodilla: la maleza, carpida de vara en vara, va enterrándose en la propia cava; y con el golpe del [XII] ojo de la azada se deshacen los terrones que salieren.
Hay siembras que llamamos mateadas12, y otras a chorro. Por la impropiedad del uso que hacernos en la inteligencia de lo primero, es conveniente sepa el principiante, que se dice mateada toda sementera en que a determinadas distancias se entierran dos, tres o más granos, o semillas en un lugar; y a chorro cuando sin guardar distancias va el hortelano dejando caer la simiente por el surco conforme camina por la orilla de él.
A la explicación precedente es consiguiente no se ignore, que para los mejores resultados del cultivo es necesario dar a cada planta su terreno, para que su nutrición sea perfecta; y como en estaciones diferentes se hacen unas propias sementera, según 1o más o menos que en cada una macolla la planta, así deberá ser el mayor menor espacio intermedio que debe haber entre ellas.
El objeto en esto es que unas por otras no se quiten la fuerza, y el mismo, el que debe tener el hortelano para carpir los sembrados y plantíos, así que la maleza se fuere levantando; y para aflojar la tierra luego que ésta se apretare.

 

       El próximo mes .

Como sembrar en enero

1Beneficio, beneficiar y términos relacionados son usados en el sentido de cultivar, mejorar, bonificar la tierra o un cultivo.

2 Ya en esa época Grigera señala los problemas de la erosión hídrica y propone medidas conservacionistas del suelo.

3 No queda claro si se refiere a la longitud del tablón (la cuadra medía 130 m) o a su superficie (1 cuadra cuadrada era igual a 1,69 ha).

4 Pequeña picana. Las carretas llevaban largas picanas (una caña con un clavo en el extremo) para aguijonear los bueyes.

5 Donde termina el arado, o sea atrás.

6 De acuerdo a esta descripción, la picanilla debería tener un largo de alrededor de 2 m, variando con el largo del arado.

7"Clava" el arado, o sea lo pone en posición de trabajo.

8Sesma o sexma es la sexta parte de algo, en este caso de una vara, o sea poco menos de 15 cm. En Buenos Aires la vara medía 0,866 m.

9 También aquí referido a la vara, o sea algo menos de 22 cm.

10 Segundarse: dar una segunda mano.

11 La cabecera que queda sin arar.

12 En matas.


Fuente: Grigera, Tomás. Manual de agricultura. Buenos Aires, Imprenta de la Independencia, 1819. 45 p. [Se utilizó una fotocopia del libro original existente en la Biblioteca de la Soc. Rural Arg.].

Autorizado a publicar en Lomas y su Gente, por Alberto Camil Grigera. Administrador de la herencia de Tomas Grigera.

<< Ver capitulo Anterior

Roberto J.Vicchio

Lomas y su Gente.



 
 
 
 
Copyright © 2008 Lomas y su Gente - Todos los derechos reservados.
 
Toda la página