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Año 8
Nº 108
JUNIO| 2011

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Prepagariola

Hace un par de meses llamé a mi contador y le pregunté si me podía dar el nombre de las Obras Sociales que existen en la actualidad, con la finalidad de elegir alguna ya que siendo monotributista tal vez fuera más conveniente, que permanecer en una Prepaga.
Bueno, me dijo, después te envío el libro.

  • ¿El libro?
  • Sí, para que elijas, hay un montón.
  • ¿Qué es “un montón”?
  • Y, no sé, más de ochenta.
  • ¿¿Más de ochenta?? Justo como para un indeciso como yo, uf!!

Ochenta, no lo podía creer. Si tengo que leer un libro prefiero los que tienen algún argumento. ¿En otros países será igual? –me pregunté.
Investigando un poco en foros y otros lugares, no encontré usuarios ciento por ciento conformes con su respectiva O.Social así que pensé que decidirme por alguna iba a convertirse en una ardua tarea.
Parecería que ninguna ofrece la misma atención que normalmente obtendrías en alguna que otra Prepaga. No obstante, y si bien algunas Prepagas se publicitan con slogans como “Será atendido por prestadores seleccionados por su alto nivel de calidad”, todos sabemos que no siempre es así. No somos aparatos, por lo tanto nos gusta que nos traten como personas y además que la persona que nos atienda, lo haga con vocación y humanidad. También queremos que la ambulancia llegue en diez minutos y no en una hora o más como normalmente sucede. Me encantaría asociarme a una Prepaga cuyo Slogan fuera “Si necesitás una ambulancia y la misma no llega en menos de diez minutos, te bonificamos la cuota del mes” Eso sería seriedad.
Mirando en la tele el conflicto que se sucedió en estos días por el tema de las O. Sociales y las Prepagas, me encuentro con que un Director de una importante Prepaga, ridículamente hace la comparación entre un seguro médico y un seguro automotor, poniendo el ejemplo de aquel que primero choca el auto y luego hace el seguro y lo cobra. A continuación dibuja un círculo grande y un círculo chico, alegando que toda la gente que se encuentra dentro del círculo grande, que es el grupo de los más jóvenes, es el que sustenta a los que se encuentran dentro del círculo más chico, que serían los de edad avanzada. Otra gran mentira, ya que eso sería cierto, sí y solo sí, la cuota que pagan los del círculo más chico, fuera notoriamente menor a la del círculo grande. Pero no es así. A medida que envejecés la cuota se hace cada vez más cara así que nadie te banca nada, y si de viejo te quedaste pobre, te jodés, porque esa Prepaga a la que aportaste durante toda tu vida, no te va a dar ni para aspirinas. Así que con el ejemplo de los circulitos, andá a engatusar a otros. Distinto es con los autos, los que poseen autos viejos, pagan un seguro cada vez más económico. Mas irónico me resultó todo esto cuando observé que el periodista que le hacía la nota a este señor, asentía con la cabeza todas las sandeces que el mismo nos quería hacer creer con sus maravillosos ejemplos. Viví esto en carne propia, cuando mi vieja, que aún estando jubilada y pudiendo hacer uso del P.A.M.I, decidió seguir pagando la Prepaga, para estar más tranquila por si le pasaba algo. Pero cuando realmente le pasó algo, la ambulancia tardó más de una hora en llegar, y tuvo que esperar más de tres horas, para que la pudieran ubicar en alguna clínica de la zona incluso cuando los mismos médicos sabían que estaba sufriendo un infarto. Finalmente, la trasladaron a un nosocomio que también atendía por P.A.M.I., donde fue atendida como el tujes por médicos con acento colombiano y donde horas después falleció.
No sé en qué va terminar todo esto, pero espero que por sobre todas las cosas, nuestros dirigentes tengan en cuenta que el tema es delicado y debería ser tratado de igual modo, porque con la salud “No se juega”.
Parecería ser que vivimos en un país donde primero, cuando contratás un servicio de lo que sea, te das mil veces la cabeza contra la pared, para después aprender y saber como manejarte. Te venden un paquete totalmente bonificado, donde te dicen que no tenés que pagar nada por tres meses porque es para que lo pruebes y al mes, recibís una factura de doscientos cincuenta pesos, donde te detallan un montón de boludeces, que por supuesto no estaban bonificadas, pero claro, eso nunca te lo dijeron. ¿Por qué lo harán? ¿Será porque si “pasa, pasa”? ¿Porque habrá giles que no reclaman nada o buenas personas que más allá de sentirse estafadas, lo aceptan y listo?  Y vas aprendiendo. Y aprendés que si alguna compañía quiere romper la vereda de tu casa, para reparar o cambiar algún caño o cable que pase por debajo, primero le tenés que exigir que traigan la misma cantidad de baldosas que necesiten romper y por supuesto, que sean del mismo tipo y color. De lo contrario, Pepe, acá no rompés nada. Porque después, te rellenan la vereda con caracolitos o cualquier otra cosa que no tiene nada que ver con las baldosas que tenías colocadas.
Y vamos por la vida dando altas y bajas. Le damos de baja a algún servicio de Cable y contratamos a otro a ver que pasa. Lo mismo vamos cambiando de compañías de teléfono, y también cambiamos de Obra Social o de Prepaga. Todo resulta muy poco serio, salvo por supuesto, algunas excepciones. Ah, si supieran que a los argentinos se los puede conformar con tan poco, seguramente empezarían a hacer las cosas como corresponde y estaríamos todos contentos. Estamos tan acostumbrados a que nos vean la cara, que cada vez que nos topamos con una empresa honesta, que nos ofrece un servicio honesto, y que respeta lo que promete, no lo podemos creer. Y nos ponemos tan contentos que sentimos que tocamos el cielo con las manos y vamos corriendo a contárselo a todos nuestros conocidos. Y lo mejor del caso, y seguramente alguna vez te habrá sucedido, es que nadie te lo cree. JÁ.
“No puede ser”, te dicen. “En algún lado debe estar la trampa.”
Parece gracioso, pero es para llorar, y da para preguntarse ¿Cómo llegamos a todo esto?
Y no se trata de quién nos gobierna, porque siempre fue igual, y por desgracia para peor. Pero ¿Cómo o a quién explicarle que poniendo más radares para cazarte cuando excedés la velocidad máxima, no alcanza para sentir que vivimos en un país más serio? Esto lo digo como ejemplo nomás. Evitar los accidentes me parece bárbaro, pero no alcanza para sentir que vamos viento en popa. Yo acepto pagar una multa por conducir borracho o a alta velocidad. No hay problema. Pero mostrame, por favor, que la ambulancia que tarda más de diez minutos en llegar, también paga una multa, porque de seguro, también está poniendo en juego la vida de alguien. Mirá con qué poca cosa alguien podría ganarse mi voto e imagino que el de muchísimas personas más. Por otro lado, si una empresa o institución no cuenta con la cantidad suficiente de ambulancias, entre otras cosas, como para brindar en forma fehaciente un servicio verdaderamente eficaz , pues no debería existir o debería al menos fusionarse con otras que se encuentren en las mismas condiciones, para que de ese modo, entre varias, lograran el objetivo requerido. Tal vez entonces el libro gordo, seguiría siendo el de Petete y no el de la cartilla que mencioné al principio. Si mientras leías esta nota te fuiste acordando de todas las veces que te jodieron en este bendito país, bueno, entonces, como dice el tango, “pateá para allá, sos uno de los nuestros”.


Saludos cordiales,
Rafael.  

 


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