La Puglia, el “taco de la Bota” italiana, se presenta con un paisaje muy variado. Comenzamos con el promontorio del Gargano, el “espolón” de la “Bota”. Aquí mar, montañas y bosques se funden en un escenario natural único en el mundo.
El Gargano se caracteriza justamente por sus espléndidas costas ricas de grutas, pero también por sus lagos de Lesina y de Varano y por la Selva Umbra, el cuyo nombre se refiere a la sombra, al bosque tupido rico de robles, hayas, castaños y pinos. Hoy, aunque la extensión del territorio se ha reducido respecto al pasado, siempre es una de las zonas boscosas más importantes de Italia. No muy lejos de aquí se encuentra San Giovanni Rotondo, meta de numerosos fieles que llegan en peregrinaje al santuario construído por el Padre Pio, que vivió en el mismo convento. A su izquierda se encuentra la bellisima catedral proyectada por Renzo Piano e inaugurada en el 2004.
El Tavoliere es una grande llanura que se extiende por alrededor de 3000 km2, dedicada al cultivo de cereales y viñedos. En contraste con el Tavoliere se encuentran
Las Murge, un altiplano que se distingue por la escasez de su vegetación y la abundancia de rocas. Aquí en 1993, esplorando una gruta los arqueólogos encontraron un esqueleto humano que se remonta al paleolítico, el hombre de Altamura. Castellana, entre Bari y Alberobello, es famosa sobre todo por sus grutas ricas de estalagtitas y estalagmitas que se forman por la acción de un río subterráneo. Es también la zona de los Trulli y los despeñaderos donde se trepan las casas, las iglesias y enteros pueblos y donde la gente después de muchos años se adaptó para vivir. Nuestro viaje se termina en
El Salento, el verdadero y preciso “taco de Italia”. Aquí los campos se presentan habitados, se cultivan olivos y no es raro encontrarse con plantas que acreditan centenares de años. En medio de este bello paisaje sobresale
Lecce, la perla barroca del Salento.