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Año 9
Nº 109
JULIO| 2011

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La psiquis de tu hermana

En los días que nos tocan por vivir en la actualidad, estresantes, ajetreados, muchas veces caemos en la cuenta que transcurrimos los mismos, posponiendo cosas importantes, dejándolas tal vez para mañana, muchas de esas cosas están relacionadas con la búsqueda de un mejor entendimiento dentro del ámbito familiar, con nuestros hijos o con nuestro cónyugue. Hay problemas de comunicación, que si los tomamos en cuenta a tiempo, podríamos evitar la aparición de tragos amargos en el futuro.

Hace unos días, charlando con un viejo amigo, me contó que había tenido problemas con su pareja. Problemas de comunicación. Para intentar resolverlos, decidieron iniciar una terapia de pareja. Me contó que en la sesión, se trataron de la misma manera que en su casa. Positivo, para mi forma de ver, ya que supongo le facilitaría la tarea al profesional. En un momento, me dijo, mi pareja acotó que yo quería ir de vacaciones con el perro y que ella no estaba de acuerdo.

  • ¿Y qué dijo la psicóloga? Le pregunté.
  • Ella dijo, “Ah, no, yo con un perro no iría ni loca”
  • Que, ¿Acaso pensabas llevarla a ella también? Jaja!
  • No ni ahí. Me extrañó esa acotación ya que esa, no era una reunión de amigos, a mí realmente me importa un joraca si ella lleva o no a su perro de vacaciones, yo sólo quería ponerme de acuerdo con mi pareja, y realmente me sentí mal. Sentí que estaba perdiendo el tiempo y la plata.
  • Y si, estabas recibiendo un mensaje bastante directo y para nada imparcial.
  • Bueno, la cuestión que después de algunas sesiones, nos dijo que no nos iba a atender más, a mí, por violento, y a mi pareja, por sorda, se refería a que no escuchaba lo que se le decía.
  • ¿Y en qué quedó todo?
  • Bueno, busqué en la cartilla de mi Prepaga y fuimos a otro. Apenas entramos, nos dijo “¿Vieron al que salió recién?, está más loco que una cabra”
  • Uyyy, querido, me parece que elegiste bastante mal.
  • Sí, tampoco volvimos a ir porque en dos o tres sesiones más, íbamos a estar en boca de todo el barrio. Días más tarde, decidí ir solo a consultar a otra terapeuta.
  • ¿Y qué pasó?
  • Le dije que yo no era violento, pero que hay situaciones que te ponen así por un momento, y que en alguna oportunidad, agarré a mi pareja de los pelos, pero porque me sacó, me puso loco. La encontré sacando plata de mi negocio sin pedirme permiso y como vos sabés, yo no estoy casado con ella. La Licenciada me preguntó entonces qué sentía yo. Y….yo siento que me estaba robando, sentí lo mismo que si la hubiera encontrado con otro. Me sentí traicionado. Pero más allá de todo eso, igual la quiero, pero me cuesta digerir la situación, le dije. Tal vez lo hizo sin querer, tal vez lo hizo por necesidad, no sé. En ese momento se me ocurrieron un montón de excusas para defenderla de mis propios pensamientos.
  • ¿Y te ayudó a ordenar tus pensamiento?
  • No, lo que me dijo fue “Pero, Manuel……¡¡Ella te robó!!”. Bueno, seguimos en la misma, pensé. Otra reunión de café. Eso me lo podía decir un amigo. Ya sabía lo que ella había hecho, sólo que yo alegaba que no soy Dios como para juzgarla. Me hubiera hecho bien que me ayudara a analizar el tema desde otra perspectiva.
  • ¿Qué hiciste entonces?
  • Meses más tarde y cuando parecía que mi único mérito era el de ser violento, según mi pareja se lo contaba a todo el mundo, decidimos visitar a una nueva profesional. Y así lo hicimos. La cuestión es que mi pareja ya la había puesto al tanto de nuestros problemas, y por supuesto, como se lo dijo a todo el mundo, le dejó bien aclarado que yo era un tipo violento. Lo que no le dijo, era que ella no podía conseguir trabajo y si lo conseguía no le duraba ni un mes, que es totalmente irresponsable con los horarios, que se la pasa el día limpiando los desechos de los dos perritos que tiene, a los que considera su única familia, que es arrogante, que se siente una reina aunque no tenga un mango, que el resto de la gente no vale nada, etc.
  • Pero, Y vos ¿Por qué la querés entonces?
  • No sé, qué se yo. El amor a veces es loco y en alguna parte de mi interior pienso que ella no es así. Pienso que está sufriendo y que lo que muestra es una máscara. Sí, ya sé. No digas nada. También tengo claro que si me equivoco, me voy a arruinar la vida por completo.
  • Bueno, seguí, ¿Qué pasó con esta nueva psicóloga?
  • Fuimos sólo tres sesiones. Yo le dije lo que me gustaría que ella cambiara y ella sólo se refirió a que soy violento como si esa fuera mi única profesión. En la última sesión la noté extraña y sentí que algo no andaba bien. Te lo resumo. Un tipo le mandó un mail invitándola a salir y ella accedió. De esto me enteré haciendo algunas averiguaciones, que te voy a contar en otra oportunidad. Yo me hice el boludo, y dejé que se viera con el tipo un par de veces, pero vigilándola de cerca. La historia de cómo terminó el idiota, también te la cuento otro día. La cuestión, y me da vergüenza ajena decirlo, la psicóloga estaba al tanto de todo. Mi pareja le envió unos mails con la foto del interesado y las cosas lindas que él le escribía. A lo que ella le contestó, “Es un divino, lo pasado ya lo conocés, dale para adelante nomás me parece que es una buena persona”. Anteriormente a esto, telefónicamente le preguntó si la violencia se cura y ella le respondió que no. Que se puede apaciguar un poco pero que por lo general no tiene cura.
  • Uy, pará, pará, de sólo escucharte ya me siento violento yo también. Esa profesional es una verdadera imbécil. Imaginate el caso de que en realidad vos fueras tan violento como te pinta tu pareja, ¿Qué está haciendo esta idiota? Lo primero que le tendría que haber dicho a ella es, “Por favor, terminá definitivamente con Manuel y después fijate en otros” Esa estúpida puso en peligro la vida de tu pareja y la de un pobre imbécil que apareció en escena. Mirá si vos fueras violento en serio, ¿Qué habría pasado? Es terrible. ¿Qué hiciste entonces?
  • Y ¿Qué pensás que hice? Los maté. La maté a ella y lo maté a él también…..
  • ¿Quééé? ¿Cómo que los mataste? Vas a ir preso, no valían la pena.
  • ¿Preso? ¿Por qué? Los maté, pero con la INDIFERENCIA, chééé. Me cacho en vos Rafa, nunca me dejás terminar de completar una oración. Como verás, tan violento no soy.
  • Claro, Manuel, nos conocemos de toda la vida. Bueno, entonces ¿qué pasó al final con vos y tu pareja?
  • Todo bien, lo hizo para darme celos, nada más. Y analizando un poco la situación, la puedo perdonar, tengo mi parte de culpa en todo esto. Ella me estaba pidiendo afecto y yo no la escuchaba. Yo prometí cambiar algunas cosas y ella prometió cambiar algunas otras.
  • Y bueno, cada pareja es un mundo. Lo importante es que todo esto haya servido para que se entendieran mejor. Pero la próxima vez, no elijas psicólogos al tuntún, llamame antes y tal vez pueda ayudarte a pensar mejor las cosas, o buscá un profesional con todas las letras.

Lo que le pasó a mi amigo es realmente vergonzoso y pudo haber terminado en una tragedia. No es para eso que uno busca un profesional, si no, precisamente, para todo lo contrario. Un psicólogo es aquella persona preparada para realizar una conexión entres vos y tu inconsciente, y para que luego seas vos mismo el que decida el camino a tomar, el que te va a hacer más feliz. Y si dictaminan que sos un violento incorregible, pues deberían extenderte una orden para que visites a un psiquiatra. Orientarte sí, Consejos, jamás, y menos como los que le dio esa idiota a la pareja de mi amigo, al que suponía un violento. En su lugar, yo la habría mandado a “la psiquis de su hermana”

Saludos cordiales,
Rafael.  


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