Recuerdo cuando comprábamos un helado en mi barrio y el heladero nos preguntaba que sabor queríamos. Ante nuestra duda, entre chocolate o limón, el hombre, para aligerar el tramite, nos preguntaba: “¿Mitá y mitá?” y la mayoría de nosotros quedábamos encantados con esa decisión salomónica. ¡Que inteligente era don Pepino! En realidad él lo que quería era vendernos rápido el helado y que marchásemos contentos. El negocio era ese. Se trataba de contentar nuestra inocencia y no meternos en dilemas que retrasasen la entrada de ganancias en la caja. Algo parecido está ocurriendo en la política europea y en algún otro país fuera de Europa.
La igualdad de la mujer y el hombre ha llegado a la política, pero ojo, los políticos no quieren que entremos en el dilema de elegir al mejor. Ellos lo solucionan todo con “mitá y mitá”. Como don Pepino. Es decir, no importa si el político o la política, son unos ineptos, lo importante es que haya la misma cantidad de hombres que de mujeres, en el grupo de gobierno. Para ellos eso es lograr la igualdad de la mujer con el varón. Da lo mismo si para completar ese cincuenta por ciento hay que meter personas que no están capacitadas para el cargo. Lo que importa es que la mitad sean mujeres y la otra mitad hombres, así cumplen con el lema de la igualdad, como si ser mujer o varón ya fuese suficiente para regir con garantía, el destino de una nación.
Lo malo es que el pueblo, tragamos como tontos lo que nos dan. Por eso muchas feministas apoyan a un partido porque en su lista electoral, figura el cincuenta por ciento de mujeres. No se dan cuenta que eso puede perjudicar a la causa femenina. ¿Por qué? Pues sencillamente porque si un partido político pone a un hombre inepto en un cargo, todos dirán que el tipo no sirve y ahí se acabó la cosa. Prueba de ello la hemos tenido en algunos de nuestros gobiernos
Pero si a la que ponen es a una mujer, que sea tan inepta como el político hombre, la sociedad, que todavía es machista, dirá que eso pasa por poner a una mujer en un puesto que le queda grande. También de eso tenemos experiencias.
Si yo fuese mujer y estuviese al frente de un grupo feminista, exigiría desde luego, que los partidos políticos pusiesen a las mujeres en sus listas, pero jamás exigiría una cuota. La razón es muy sencilla. Vale más que en un gobierno de hombres, haya solo una mujer, pero que destaque por su inteligencia y pericia en el cargo, que no el cincuenta por ciento de mujeres y que solo destaque una de ellas. Porque si sucediese eso, la mujer inteligente se vería sepultada por los errores que cometiesen las ineptas.
Yo creo que los machistas les están volviendo a tomar el pelo a las hembristas (es decir al equivalente del machismo, pero en femenino) porque ellas han caído en la trampa. Hay que exigir igualdad de condiciones a la hora de pelear por un puesto de trabajo o político, pero esa igualdad de condiciones, supone que ese puesto, dentro del partido o la empresa, debe ganarlo el que sea mejor, sin importar si es hombre o mujer. De lo contrario seguimos cayendo en la discriminación por razones de sexo.
Si un partido político tiene que presentar una lista, con mayoría de mujeres, no debe importar, siempre y cuando las y los candidatos que se presenten sean los mejores que tiene ese grupo. Porque sino, corren el riesgo de hacer el ridículo o lo que es peor, que con el tiempo el electorado termine votando al grupo político que menos personal de relleno utilice.
Eso mismo sucede con las empresas. No hace mucho una ministra de un país europeo decía que las empresas deben empezar a adoptar medidas para que en sus consejos de administración, se incluyan la misma cantidad de hombres que de mujeres.
Esa idea es un disparate. Al frente de una empresa deben estar personas capacitadas, sin importar si son hombres o mujeres. Otra cosa es que en la lucha por ese puesto se les den a los dos sexos las mismas oportunidades, pero si tienen que ser todas mujeres, porque estén más capacitadas, que lo sean.
Yo creo que con esta tontería de la igualdad de sexos nos estamos pasando. Hay cosas que las hacen muy bien las mujeres, hay cosas que las hacen muy bien los hombres y hay cosas que hombres y mujeres las pueden hacer igual de bien. Pero el hecho de ser hombre o mujer no garantiza que una cosa se haga bien. Eso solo lo garantiza la profesionalidad de cada uno y para eso no hay sexos. Hay buenos y malos profesionales. Ser hombre, mujer, gay o lesbiana es superficial. Lo importante es que un gobierno esté formado por gente que sepa gobernar, que sean buenos profesionales y que sean honrados. El “mita y mita” es aceptable e intrascendente en los helados, pero no en la política.
Un saludo. Carlos A. Ochoa Blanco. DESDE GIJON ESPAÑA |