¿Quién no ha cometido un error en la vida? Cuando no se posee demasiada experiencia en alguna materia, es probable que se cometan errores. De los errores se aprende. Por suerte, en general, y en el transcurso de nuestro aprendizaje, existen personas a las que podemos consultar para que nos ayuden a reparar nuestras metidas de pata.
Sin embargo, existen otras personas, que no cometen errores por casualidad. Lo hacen a propósito, llevados por una malignidad innata que brota de su propia naturaleza. Tal es el caso del “Dr” M…., bioquímico, que posee un laboratorio de análisis clínicos en la localidad de Remedios de Escalada. Hay muchas formas de desahogarse cuando uno está totalmente sacado de quicio. Ir a las armas es una forma poco convencional e inconveniente. Hay personas que me escriben para contarme que, a veces, al leer alguna de las historias que publicamos en esta revista, se sintieron identificadas, y para ellas fue como una forma de desahogo o descarga. Los otros días me encontré con un conocido que estaba llenando el auto con alguna que otra arma imaginaria. Nada fuera de lo común. Una ametralladora Uzi, dos misiles tierra – aire, cuatro granadas, dos bombas atómicas y atrás del auto, enganchado un cañón. ¿Vas de picnic? Le pregunté.
-Grrrrrrr, me contestó.
- Vamos, ¿Qué te pasa? Contame lo que te tiene tan mal para ver si te puedo ayudar.
Bueno, -me dijo- te voy a relatar una historia. Resulta que tenía que sacar la libreta sanitaria y como siempre dispongo de muy poco tiempo, consulté en el Municipio si podía hacerme los análisis en forma particular, para luego llevarlos al Dispensario correspondiente. Me dijeron que no había problemas. Le solicité a mi médico una orden para los análisis. Pensé en asistir a algún laboratorio de Lomas, pero al día siguiente tuve que hacer un trámite por Escalada por la mañana y pasando por la calle Lugones vi un enorme cartel que decía “Laboratorio de Análisis Clínicos”. Detuve el auto y pensé, si no hay mucha gente, aprovecho y me hago los análisis acá. Entré y no había nadie, parecía una casa abandonada. Enseguida salió una señora y le pregunté si atendían la Prepaga a la que estoy afiliado. Me dijo que sí. También pregunté si atendían ese día porque me parecía extraño que siendo las 8:30hs. De la mañana no hubiera nadie. La gente ya vino más temprano, me contestó. Respiré profundo, puse el brazo y que sea lo que Dios quiera pensé. Misión cumplida. Tenía que regresar en una semana para buscar los resultados. No pasaron más de cuatro días cuando mi mujer me comunica que llamaron del laboratorio para decir que los análisis salieron mal y que los tenía que repetir. ¿Qué es lo que salió mal? Le pregunté. No me lo quisieron decir. Te esperan mañana a las 8:00hs para que los repitas. ¿Qué es lo que puede salir mal en un análisis de sangre para que sea necesario repetirlo? Pensé.
Al día siguiente me presenté nuevamente en el laboratorio. Apenas abrí la puerta, la señora del Doc, dio vuelta la cabeza y apoyando su mano al costado de la boca gritó: ¡Ya llegoooó!, me hizo acordar a los viejos canillitas, “Diaaarioo, revista, diaaario” o aquellas históricas pizzerías porteñas “Marche una muzza grande con fainaaá”. No había dudas. Sólo me estaban esperando a mí. Salió el Doc, y me hizo pasar a otra habitación donde ya se encontraba su señora con el codo apoyado sobre el escritorio y la jeringa apuntando al techo como extensión de su propia mano. En mi obnubilación, poco tiempo tuve para darme cuenta que no había sacado la jeringa de su estuche adelante mío, ya que apenas me senté en la silla lo primero que hice fue preguntarle al Tordo, qué era lo que había salido mal. No le puedo decir me contestó. Pero es que yo hago una vida totalmente normal, incluso me hago análisis dos veces por año, le respondí. Mire, acotó, en la vida hay que tomar las cosas como vienen, hay que acostumbrarse, yo soy manco desde chico, me dijo,- como por poner un ejemplo de actitud frente a una desgracia-, y ya tengo más de ochenta años, concluyó. Lo único que me vino a la mente fue, “Si tenés más de ochenta, por qué no te jubilás” Me retiré del lugar con cierta razonable angustia. Una semana después me llaman para decirme que ya estaban listos los análisis. Me presenté en el lugar a las 8:00hs del día siguiente, entré, por supuesto otra vez no había nadie, ni siquiera atendiendo. Golpeé el mostrador y se presentó la señora del doc. Ah, ¿Es usted? Acá tiene. Me arrojó el sobre mirándome con desprecio, dijo “buen día”, pegó la vuelta y se volvió a internar en la casa. Ahí estaba yo, mal atendido, solo y con un sobre desprolijamente cerrado entre mis manos.
Ansioso, me subí al auto e inmediatamente abrí el sobre. Primera hoja, todo bien, segunda hoja todo bien, tercera hoja……socorro…..HIV POSITIVO, método Elisa, era un día primaveral pero mi cuerpo no paraba de temblar. Cuarta hoja, socorro otra vez, HIV POSITIVO, SE CONFIRMA RESULTADO ANTERIOR, por método Elisa. No podía tomar el volante del auto, mis manos no me obedecían. Apenas pude calmarme un poco fui derecho al médico y le llevé los análisis. ¿Cómo te salieron me preguntó? Primero hágame una receta de 2mg de Lorazepán y después hablamos. Con la receta en la mano me sentí más tranquilo. Me salió HIV positivo, le dije. El doctor, que me conoce de años, miró los análisis y me dijo, no puede ser, vamos a repetir el análisis en otro laboratorio, si este tipo hace los análisis de la misma forma en que presenta los informes, no debe ser un lugar serio. Si no fuera serio, entonces por qué la Prepaga permite que figure en su lista. ¿¿¿??? El doctor me dio un par de órdenes nuevas y me dirigí a dos laboratorios de Lomas de Zamora. En uno, repetí el análisis por el método Elisa, y dos días después, en el otro laboratorio, me lo hicieron por un método diferente.
Una semana después fui a buscar el primer análisis. También me costó abrir el sobre, y ni siquiera estaba pegado. HIV NEGATIVO, método Elisa. Respiré hondo, pero no mucho, todavía me faltaba ir al otro laboratorio. Lo hice tres días después, HIV NO REACTIVO.
Bueno, ya pasó, agradecé que estás vivo, le dije.
-No, la cosa no terminó acá. Llamé al “doctor” M…. para que me diera explicaciones acerca de la forma en que fui atendido y del por qué me realizó un segundo análisis usando el mismo método Elisa si, como todo el mundo sabe, eso no es correcto.
- Y qué te dijo?
- Nada, no me quiso atender. Yo esperaba al menos una disculpa. Así que decidí enviarle una carta documento para que pudiera retractarse del mal que me había ocasionado. Se puso una fecha de Conciliación en los Tribunales de Lomas de Zamora, pero el tipo ni se apareció. En su lugar, se presentó una abogada representante de la compañía de seguros, que el doc tenía contratada. Era una persona joven y apática que hablaba, maleducadamente, mientras que a su vez trataba de evitar que el chicle cayera de su boca. La cosha esh ashí, glap Glup, por eshte tipo de mala praxis, Glup, no she paga nada, smash, glap, los jueces nunca dictaminaron que se pague gran cosa,.glup, globito final del Bazooka, pumm. ¿Dónde hay que firmar ashí me voy? Pum, globito otra vez. Nos miramos atónitos con la Mediadora y mi Abogada, mientras nos pasaban la hoja para firmar. Yo no quería dinero alguno. Yo quería que se presente el Sr. M…en persona para disculparse y para darme las explicaciones correspondientes del caso. Para que me diga por qué procedió de tan vil manera. Y así terminó todo. Quedamos a la espera de la decisión del Juez.
-Bueno, le dije, bajá las granadas del auto, voy a ver si puedo relatar tu historia para que todos la puedan leer. No es mucho, pero tal vez te sirva de consuelo.
-¿En serio? Bueno, gracias. Te digo algo más, si tu cuento sale publicado, me comprometo a través del mismo, a donar el 50% de lo que me corresponda por decisión del Juez, al Hospital Gandulfo. No lo hice por la plata. El desgraciado cambió mi vida.
Mi preocupación llegó a mi familia y a mis amigos. Me separé de mi pareja. Pasó casi un año y todavía no puedo dormir en paz. Fumo más de tres paquetes de cigarrillos al día, siento como que envejecí diez años de golpe. Tengo problemas psicofísicos que nunca había tenido antes.
- ¿No fuiste a la Prepaga para hablar del tema?
- Sí, pero me dijeron que si un profesional no me gustaba, podía elegir cualquier otro de la cartilla.
Bueno, sobran las palabras. Seguramente debe estar lleno de casos similares al de esta persona. Para terminar, digo que si queremos un país mejor, debemos desarrollar nuestra profesión con la seriedad que la misma impone. Por los demás y por nosotros mismos. Más aún cuando se trata de la vida de un ser humano. Más allá de todos los problemas que este “Doctor” le causó a mi amigo, la cosa pudo haber sido mucho peor. Otro tal vez se hubiera infartado o suicidado frente a semejante informe. Mi deseo es que esto no le suceda a nadie más. Porque no hay derecho.
Para terminar, le sugiero a la Prepaga de mi amigo, que actúe con un poco más de seriedad a la hora de autorizar a un laboratorio para formar parte de su red de prestadores. |