Entré a un comercio de la zona los otros días, y el dueño del lugar estaba conversando con un cliente.
No puedo más, le comentaba. Tengo que preparar los pedidos, atender el teléfono y a los clientes, estoy agotado. Hoy mismo pongo un aviso solicitando empleado administrativo.
¿Y cómo lo va a poner? Le inquirió el cliente.
Y así como suena. “Necesito empleado administrativo”
-Agréguele la palabra “Serio”
-¿Serio?
-Sí, “Serio y responsable”
-Bueno, si no es serio ni responsable no va a poder trabajar acá.
-Y para qué va a perder el tiempo probando gente. Ponga el aviso completo y ya.
- Y que tenga ganas de trabajar, agregué yo.
- También convendría poner que sea puntual y ordenado, añadió el otro.
- Y sencillo, me refiero a que no le moleste barrer el piso cuando sea necesario, acoté.
A esta altura de la conversación, el dueño del local nos observaba incrédulo.
- No nos mire así, le dijo el otro. Se lo decimos por su bien. Al menos yo, tengo mucha experiencia en estas cosas. También tuve una empresa. Si bien el empleado ideal tal vez no exista, esto no es como en el amor donde la falta de belleza puede suplantarse por la inteligencia o la simpatía. Un empleado que va a tener contacto con el público debe ser simpático, presentable, ordenado, inteligente, respetuoso y humilde a la vez. Debe cuidar el lugar como si fuera suyo y defender los intereses de su patrón por sobre todas las cosas.
- Epa!! Si pongo todo eso en un aviso, me va a costar una fortuna.
- Una fortuna le va a costar tomar a cualquier perejil que se presente para el puesto.
- Pero ¿Quién me garantiza que con un aviso así sólo se presente gente que posee las características buscadas?
- No, nadie. Pero al menos cuando se presente un estúpido desaliñado y arrogante usted se va a poder dar el gusto de decirle ¿No viste lo que decía el aviso?
-No sé, no me parece demasiado normal.
- Le repito que se lo digo por experiencia. Yo puse muchos avisos en mi vida.
- ¿Así tan largos?
- No. Todo lo contrario. Los puse como los quiere publicar usted. Cortitos.
- ¿Y entonces?
- Entonces nada. Primero tomé a uno, que me robó la mitad del negocio. Ah, y ahora que recuerdo, le sugiero que también agregue la palabra “honesto” al aviso. Después tomé a otro que me puso el negocio patas para arriba de lo desordenado que era. Volví a poner el aviso y me cayó un arrogante que cuando le dije que limpie la vidriera, me respondió que él no se iba a rebajar haciendo el trabajo de un sirviente. Lo despedí, me hizo juicio y le tuve que pagar una fortuna. Pero no me di por vencido y volví a publicar otro aviso.
- Ah, y ahí puso todo lo que me está sugiriendo a mí.
-No, lo volví a colocar cortito. Pero tampoco resultó. El tipo que contraté era un cero a la izquierda.
- Y así fui gastando todos mis ahorros en avisos y nunca pude dar con la persona indicada, hasta que un día me cansé y…
- Ya sé, no me diga nada……….colocó el aviso que me acaba de sugerir.
- No, puse uno mejor “Vendo negocio funcionando a full por no poder atenderlo”
Los tres nos empezamos a reír. Éramos casi de la misma edad y convinimos en encontrarnos a tomar un café para charlar de tiempos pasados.
Esos tiempos que parecen tan lejanos y sin embargo tan presentes aún en nuestra mente. Tiempos que no imaginábamos que lo virtual llegaría a ser más importante que lo natural ni que las bolitas terminarían utilizándose tan sólo como objetos decorativos.
Tiempos en que un muchacho de quince años era más responsable de lo que hoy lo es uno de treinta.
A veces resulta ser que no todas las culpas son del gobierno. Una cosa es que el patrón te trate mal, te explote y te pague un salario miserable y otra cosa es que entres a trabajar en una empresa teniendo planificado de antemano en qué vas a invertir la plata que ganes con el sudor del juicio que le vas a hacer.
Así, muchos señores dueños de empresas pequeñas, optan por trabajar sábado y domingo si es necesario, antes que contratar a un desconocido. Un ejemplo claro, le sucedió hace unos años a mi padre cuando tenía una vidriería en Escalada. Había contratado una empleada para atender al público. Patricia se llamaba, y era vecina del barrio. Le hizo un contrato por noventa días para probarla. Cuando pasaron dos meses, se percató que esta “Señora” era ladrona. Todos los días desaparecía dinero de la caja. Le aconsejé a mi padre que le dijera que se fuera o caso contrario la denunciaría. Pero él optó por decirle que no le renovaría el contrato, justo un día antes de que se cumplieran los tres meses. La susodicha entonces, optó por iniciarle un juicio. Y la justicia dictaminó, que se la debía indemnizar con la suma de diez mil dólares. Por tres meses de trabajo, ese importe no estaba nada mal, ¿No? Diez mil dólares, mas lo que cobraba de sueldo, mas lo que robaba………¡¡Negocio redondo!!
Obviamente, no todos son ladrones ni todos son irresponsables, pero es razonable el temor del pequeño empresario, ya que frente a un caso como este, puede quedarse en la calle.
No sólo con los que buscan trabajo de empleados te encontrás con sorpresas. Por desgracia, la irresponsabilidad pasó a ser moneda corriente en muchos ámbitos. Incluso en ambientes profesionales.
Vas a encontrar gente de este tipo, trabajando de médico de abogado de ingeniero, etc. Llamás a un plomero para que te cambie el cuerito de la canilla y te deja el baño con tres caños rotos. Así es como terminamos concluyendo a las apuradas que, pintores, albañiles, gasistas, mecánicos, médicos, etc….....los buenos………eran los de antes.
Parecería ser que la meta es llegar a fin de mes, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Hoy vivimos bajo una economía ficticia donde el precio de una propiedad, en venta o alquiler, o el monto de los servicios, son extremadamente abusivos. Para muchos tal vez, esto signifique trabajar de lo que sea y como sea con tal de poder conseguir el dinero para afrontar los gastos personales.
A ver, ¿Qué puede decir el dueño de una compañía de servicios?
- El público se queja, pero al final paga. No sabemos como consiguen la guita, pero la consiguen. Al final, no sé si son estúpidos o muy inteligentes.
Yo diría que estúpidos. Y yo soy el primero. Pero NO por pagar los siderales precios de las facturas si no, por no saber como no pagarlas sin que me corten el gas, la luz, el agua o el teléfono. O por ignorar cómo tengo que hacer, para conseguir que me cobren más barato. A ver si alguien del gobierno me puede ayudar a dilucidar esta duda. Si no vivimos en el primer mundo, o sea, si no viajamos en primera clase, entonces, ¿Por qué nos cobran todo como si sí lo hiciésemos o hasta incluso todo mucho más caro?
Con esta nota sólo trato de indagar acerca de quién apareció primero. ¿El huevo o la gallina?
¿El deshonesto, el corrupto, el irresponsable, el traidor, que dudo mucho fuera educado para actuar como tal, o acaso el desvergonzado régimen socioeconómico en el que estamos sumergidos desde hace décadas fue el disparador de este furor de mediocridad entre la gente?