No hace mucho leía unos comentarios sobre la vida y obra de Benito Quinquela Martín. En ellos se contaban detalles de su biografía, en la cual se dice, que Quinquela fue abandonado en un orfanato cuando tenía unos pocos días. También se describe la ropa que llevaba y que iba cubierto por unas mantillas y un grueso trapo de algodón. Además se menciona que llevaba la mitad de un pañuelo de hilo, bordado. Por lo visto, en aquellos tiempos ese pañuelo era una especie de contraseña que podía servir a la madre, en el futuro, por si se arrepentía y quería recuperar a su hijo. Lógicamente nunca se sabrá por qué Quinquela fue abandonado por su madre biológica. Incluso quizás su madre no quería abandonarlo y fue obligada por los padres de ella, por su amante o por otras circunstancias.
Creo que en favor de la madre, o de quienes la obligaron a tomar esa decisión de abandonar al niño, habría que pensar que no tenían tan malos sentimientos, pues por lo menos lo dejaron vivir. Gracias a eso, muchas personas en La Boca, se beneficiaron de la filantropía del gran boquense universal. Ya que se comenta que con el dinero que ganaba, compró terrenos para construir una escuela y un lactario, en donde las amas de leche daban alimento a los niños abandonados o pobres. Además creó una escuela de artes graficas, para que se especializaran los niños del barrio. También creo un jardín de infantes y un instituto odontológico para atender a gente de pocos recursos. En definitiva, que Benito Quinquela Martín lo que recibió, lo dio.
Si la madre biológica de Quinquela Martín hubiese decidido abortar, también habría abortado esa ayuda que el pintor volcó en las clases menos favorecidas de La Boca. Además si esa madre hubiese matado a su hijo, ahora quizás no existiría la calle “Caminito”. Una calle, museo, donde numerosos artistas dan a conocer sus obras, lo cual les permite ganarse la vida.
Con “Caminito” ha nacido un símbolo de Buenos Aires, cuyo atractivo turístico está en su originalidad, convirtiéndose en un rincón emblemático, que le da al país una señal de identidad. Decir Torre Eiffel, es decir Francia y decir Caminito, es de Argentina.
Pero no solo eso se evitó cuando la madre biológica de Quinquela Martín decidió no asesinarlo. Sino que además, gracias a que dejaron que el niño viviese, hubo unos padres adoptivos que pudieron cumplir su deseo de tener un hijo. Y una madre que dio a ese niño, el cariño que le negó la madre biológica y que el mismo Quinquela refleja en su biografía, cuando dice: “Mi vieja me conquistó en seguida y desde el primer momento encontró en mí un hijo y un aliado”.
Todo eso y mucho más que haría demasiado extensa esta nota, se evitó gracias a que una madre biológica permitió que su hijo viviese. Algunas mujeres ven en su embarazo una frustración y entonces deciden convertirse en dioses, quitándole la vida a un ser que parece que puede estropearles sus planes. Esa actitud egoísta, priva al mundo de un nuevo ser, que posiblemente mejorase la existencia de muchas personas y hasta incluso de la humanidad.
Los gobiernos deberían ayudar más a las futuras madres, que quizás por estar solteras o ser muy jóvenes, se sienten marginadas y desamparadas, ante un problema que no saben como afrontar.
Ciertas clases políticas, en vez de lavar el cerebro a los jóvenes, para que consideren al aborto como un sustituto del preservativo, sería mejor que educasen a la sociedad, para que aprecie y apoye la grandeza y valentía de las mujeres que, en situaciones adversas, desean ser madres.
Curiosamente ciertos grupos que se manifiestan contra la pena de muerte y se ufanan diciendo que en sus países no existe esa pena capital, son los que luego ven con buenos ojos la decisión de matar a un ser humano, cuyo único delito es el de querer nacer.
Los políticos defensores del aborto, deberían meditar mas su actitud, pues sus simpatizantes femeninas terminarán siendo propensas a abortar y cada niño que muera, será un posible militante menos para las filas de su partido.
La iglesia católica dice a sus seguidores: “Creced y multiplicaos” Ahí está uno de los pilares que ha permitido a la iglesia, después de 2009 años de su aparición, contar con millones de seguidores en todo el mundo.
El aborto es un atraso para la humanidad. ¿Se imaginan cuantos adelantos hubiésemos perdido si las madres de los Premios Nobel: Houssay, Leloir, Milstein, Koch, Fleming, Dam y los que descifraron el código genético, hubiesen decidido asesinar a sus hijos antes de nacer? Ya sé que hubo y hay seres que sometieron y dieron sufrimiento a la humanidad. Y que quizás no se hubiese perdido nada si sus madres hubiesen abortado. Pero no olvidemos que en el mundo, afortunadamente, hubo y hay más gente buena que mala. Un saludo. Carlos A. Ochoa Blanco
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