De chicos, lo mejor que sabemos hacer es usar la imaginación. No tenemos demasiadas preocupaciones en la cabeza. Así, una fantasía empuja a la otra y vamos creando un mundo de ilusión casi perfecto. Soñamos con llegar a ser famosos, a vivir en palacios, incluso a convertirnos en héroes. A medida que transcurren los años, es muy común que un gran porcentaje se desilusione por alguna que otra razon e inmediatamente deje de soñar y que ya no de rienda suelta a su fantasía nunca más. Normalmente y ya de grande, esta suele ser la clase de gente que cuando escucha a otro hablar de sus sueños, ríe con ironía y hace acotaciones que desanimarían a cualquiera. Una especie de envidia escondida que llevan dentro. Si ellos no pueden, lo que mejor los haría sentir es que otros tampoco puedan. El mejor consejo que escuché en mi vida es que uno puede pasarse con este tipo de personas algunos minutos, pero no más que eso. Si una persona decide ser negativa, déjenla que sea negativa, o mejor dicho......¡Déjenla!
Para todo tienen un comentario. No, no hagas ese negocio porque no te va a funcionar. ¿Te teñiste de rubia? El negro te quedaba mejor. ¿Dónde comprás la comida? ¿En Discomunal? Te dije que mejor fueras a Caroyfoul. Lo mejor es pensar que te importa un Coto lo que diga este pesimista y que lo dejes hablando solo nomás. Pocas veces este tipo de personas llegan a algo en su vida, y si se da la casualidad de que alguna vez consiguen algo que los podría llegar a hacer felices, no lo saben disfrutar. En vez de ver cómo mejorar su propia empresa, o su propia persona, se la pasan observando a la competencia con descarada envidia. No entienden por qué al señor que tiene un negocio del mismo rubro que el de él en la otra cuadra le va tan bien y a él le va tan mal. Es fácil. Primero, porque con su forma de ser jamás puede atender bien a nadie y segundo porque está tan pendiente de cómo le va al otro que se olvida de poner el 100% de sus fuerzas en mejorar su propia empresa. Luego, cuando le preguntan cómo le va, siempre contesta: Y,..con el Gobierno que tenemos ¿Cómo querés que me vaya? Es cierto que ciertos gobiernos no permiten que a uno le fuera tan bien como desearía, pero eso no quita que a unos les vaya mejor que a otros, por diferentes motivos como los que acabo de mencionar.
No me gusta hablar mal de nadie y menos si se trata de un colega o competencia directa de mi empresa.
La semana pasada aprendí una lección. Una señora se acercó con un radiograbador a mi local para ver si podía realizarle una reparación. Le dije que lo iba a revisar y que al día siguiente tendría el presupuesto. Me dijo que no quería esperar. Que quería saberlo en el momento. No todos los comercios toman este tipo de aparatos – radios o grabadores – para reparar porque son poco redituables. Pero a mí me gusta ya que me trae recuerdos del pasado, de mis inicios en esta profesión. El placer que me representa reparar este tipo de aparatos justifica con creces su poca o nula redituabilidad. Para complacer a la señora, le revisé el aparato en el momento. Tenía la fuente quemada y el mecanismo de la casetera averiado. Hice un cálculo estimado del costo de los repuestos y le comenté que como mucho le podría salir sesenta pesos. A la señora le pareció demasiado. Le expliqué que, teniendo un negocio, a veces puedo darme el lujo de no ganar un peso, pero no me puedo dar el lujo de perder. La señora seguía con un aire de desconfianza o de cautela. Al percatarme de ello, le sugerí que fuera a otro service de la zona, para que pudiera obtener otra opinión y así se quedaría más tranquila para luego poder decidir qué opción tomar. Tomó su equipo y se dirigió a otro lugar. Regresó luego de veinte minutos otra vez con el equipo a cuestas. ¿Qué pasó? Le pregunté. Nada, me dijeron que estaba muy destruido y que aparte ellos no tenían repuestos para este equipo. También, continuó, le pregunté al otro señor qué opinaba de este service y me dijo “Mire señora, si quiere ser estafada, vaya” Me quedé un poco atónito y le dije “Si el señor le dijo eso, ¿Por qué volvió?
Bueno, porque él me habló mal de usted, pero usted no me habló mal de él” Recordé entonces algo que siempre solía decir mi mamá. “Desconfía del que habla mal de otro y desconfía del desconfiado”. Y es una gran verdad. El que habla mal de otro lo hace porque piensa que todo el mundo habla mal de él – por algo será – aunque tal vez quien peor hable de él sea su propia conciencia. Por otro lado existen personas que aparentan ser desconfiadas porque han sido estafadas en más de una oportunidad. Pero hay que saber mirar bien. Hay una gran diferencia entre un individuo “ cauto” y un individuo “ desconfiado por naturaleza” . El segundo da asco, ya que por lo general, como bien decía mi madre, el desconfiado engañó a otros tantas veces en la vida que no le cabe en la cabeza que otros no lo quieran engañar a él.
Otra cosa que se da en muchos comercios, es que el cliente juzga el presupuesto, cuando le parece elevado, dando por sentado de que lo estás estafando. Luego viene y te dice, “Me lo arreglaron en otro lado y a mitad de precio”. Sí, ¿Pero qué tipo de trabajo le realizaron? ¿La garantía es por todo el equipo o sólo por la reparación realizada? ¿De cuánto tiempo de garantía estamos hablando? ¿Qué tipo de repuestos le pusieron? Todo es objetable en esta vida. No obstante, usted no puede pretender comer de primera en el “Barcito de Pirulo”, ni tampoco esperar que el baño del mismo brille como una estrella. Si desea un buen servicio, va tener que ir a un restaurante de cierta categoría y pagar un valor acorde al lugar.
Podés ir a un médico de la obra social o podés usar tus ahorros y visitar a un médico de otra categoría. Los dos te van a atender en diez minutos pero uno no te va a costar nada más que un bono y al otro le vas a tener que pagar trescientos pesos.
Aparte, estate seguro, que el segundo te va a atender a horario. En principio, todos recurrimos a la obra social, pero pocas veces encontramos un profesional idóneo que nos inspire la confianza suficiente o simplemente, que nos cure o al menos, que no nos empeore. Obviamente existen obras sociales donde podés encontrar profesionales de gran categoría. Pero esto sólo es cuestión de suerte. La buena vida es cara, dijo alguien por ahí. Hay otra vida que es más barata..................................pero no es vida!!
Haciendo alusión al título de esta historia, “A mi manera”, cuando alguien abre un comercio lo hace de acuerdo a la calidad de servicio que quiere brindar y a la calidad de gente que quiere recibir. Y no me refiero a calidad económica precisamente. Hay gente de bajos recursos, que ahorran peso tras peso para poder darse algún que otro gusto en la vida o para el caso de que requieran algún tipo de servicio, desean que lo atiendan bien y que el trabajo sea de calidad. Muchos comerciantes piensan que abrir un negocio es levantar la cortina y poner un mostrador. Otros, pensamos que abrir un negocio es hacer algo que queremos, que nos gusta y con el deseo de brindar el mejor servicio y atención posible a quien nos visita.
Pocas cosas “Buenas y baratas” deben existir en este mundo. Igual es muy objetable, ya que lo que es barato para unos para otros no lo es tanto. Hay otro dicho que dice: “Las cosas no son caras, lo que pasa es que vos no las podés comprar” Es posible que al escuchar esto, muchos se pongan molestos interpretando que la frase conlleva cierto tono de agresividad. No obstante, nada más alejado de ello. Posee un fondo muy sabio y para algunos puede llegar a ser el “empujoncito que faltaba” para procurarse un futuro mejor.
Ojalá alguien me la hubiera dicho hace veinte años atrás.