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Año 9
Nº 116
FEBRERO| 2012

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CONTROLES Y ALGO MÁS…

Sí, porque sólo con el control de alcoholemia no solucionamos nada. Soplás por el tubito, y porque te tomaste un par de vasos de vino con soda, te quedás a pié, y luego te tenés que perder medio día para hablar con el Juez y pagar la multa. Vos, ni siquiera estás mareado, sin embargo, la ley es la ley. Cierta vez, mientras observaba un control de alcoholemia, vi que a pocos metros de allí, una persona trataba de estacionar su auto una y otra vez. Casi todas las veces, el auto terminaba perpendicular al cordón. Un desastre. ¿Por qué no le hacen el control a ese que está estacionando, en vez de joderme a mí, que estoy totalmente sobrio? -le argumentó el señor al oficial. Éste sonrió, y me imagino que pensó ¿Por qué no? Entonces se acercó al auto y le hizo la prueba al conductor del mismo. “Cero”, no había bebido nada de alcohol. ¿Qué pasaba entonces?
Nada, simplemente que el individuo, de manejar, sabía muy poco. ¿Quién resultaba más peligroso entonces? ¿Un experto conductor que había tomado un par de vasos de vino o un imbécil que no sabía donde estaba el freno? Sin embargo, para este último, la ley no lo consideraba en infracción. Tal vez tendrían que averiguar cómo obtuvo el registro.
A veces, cuando camino por la calle con mi perro, un Rotwailler, algunas personas me reclaman de que debería llevarlo atado y con bozal. El perro es bueno, es lo único que siempre contesto. Sí, claro, - normalmente me contestan - pero es un perro y nunca se sabe cómo puede reaccionar.
Una vez ingresó a mi local una señora con dos chicos. Mientras ella realizaba una consulta, los chicos iban de aquí para allá tocando todo y tirando algunas cosas que estaban a su paso. La señora continuaba con lo suyo sin llamarles la atención en absoluto. En medio de tanto alboroto, mi perro, que estaba descansando en la parte posterior, se asomó para ver que pasaba. Pasó la recepción y se acercó hasta donde estaban los hijos de esta señora. Ambos pegaron un grito ensordecedor cuando notaron su presencia.
Ay, por Dios, este perro es suyo? Preguntó la mamá con tono enojado.

  • Sí. ¿Y esos chicos son suyos? Le pregunté en el mismo tono.
  • Sí, pero mis chicos no muerden.
  • Mi perro no sólo no muerde si no que tampoco rompe.

Una vez que le expliqué que mi perro es muy educado, continuamos con la conversación en forma cordial y hasta silenciosa ya que sus chicos se quedaron pegados a su pollera. Tal vez debería tener uno de estos perros en su casa, pensé, sería un buen ejemplo para sus hijos.
Al día siguiente y recordando esta situación, me pregunté cuál sería la diferencia entre criar a un hijo y criar a un perro, o para el mismo caso, educarlo. No tengo hijos así que el único método de educación que conozco es el antiguo. ¿Te portás mal?, llamado de atención, ¿lo volvés a hacer?, chirlo, ¿te ponés rebelde?, me saco el cinturón. Y por si algo no te quedaba claro, esa noche te ibas a dormir sin cenar o te bancabas dos horas en algún rincón. Normalmente, cuando veíamos un cinturón se nos iban todos los humitos. Cuando hablo de “Chirlo” no me refiero a molerlo a palos y cuando hablo de cinturón, no me refiero a matarlo a latigazos. Son inocentes métodos de persuasión que como todos sabemos, funcionaban, más allá de lo que algún psicólogo pudiera opinar al respecto. Hay chicos a los que le hablás y entienden, y chicos que no.
Si hubiera hecho de mi perro un animal agresivo, hoy él, no podría disfrutar corriendo libremente por la plaza y seguramente lo llevaría atado y con bozal como algunas personas me lo han sugerido. Pero yo lo eduqué y sé muy bien como es mi perro y cuales podrían ser sus reacciones ¿Usted sabe como es su hijo?
Más allá de todo, si mi perro ataca o muerde a alguien, yo voy a tener que responder por ello y con la pena que se me imponga.
Hoy en día, que se habla tanto acerca de aumentar o disminuir la edad de imputabilidad, una duda quedó rondando en mi cabeza. ¿por qué hay tantos chicos que provocan desmanes de todo tipo, que ejercen actos de violencia y hasta a veces homicidio y por el simple hecho de que son menores, la justicia no tiene claro cómo proceder al respecto y por lo general quedan libres y vuelven a delinquir? Y creo que debería ser como el ejemplo del perro. Señor, si su hijo delinque, usted va preso por el simple hecho de que usted es el responsable de sus actos. Así debería ser. Y según la gravedad del hecho cometido por el menor, el padre debería responder con una severa multa o un cierto período de tiempo tras las rejas. Estoy seguro que el padre o la madre, luego de pagar la multa o de comerse alguna condena, ya no va a decir lo que normalmente solemos escuchar “Ay, yo no sé cómo educar a mi hijo”. Seguramente va a encontrar la manera. Por conducir con dos copas de vino, sí, podés ligarte una multa o una condena, pero si tu hijo, que es TU RESPONSABILIDAD, comete un delito, vos, te la llevás de arriba.
Suena irónico y hasta tal vez, algo estúpido. Pero es nuestra realidad. No todo el mundo conducía borracho antes de que se implementara el control, pero hoy resulta que si querés disfrutar de una buena cena, cuando te podés dar ese gusto, no te queda otra que mirar el vino de reojo para el caso de que al regreso seas vos el que conduzca. ¿Y por qué? Pues porque no confiamos en nada. Ni siquiera en ese bendito aparatito por el que hay que soplar. Mirá si te tomás sólo un vaso y el control acusa que te tomaste toda la botella. Por las dudas, tomamos agua o gaseosa. De igual modo, debería implementarse el otro control, el de responsabilidad o antivandálico o como quieran llamarle. Porque no todos poseen hijos mal educados o delincuentes por naturaleza. Con respecto al control de alcoholemia, un 0.50 no sirve para nada. Cualquier buen conductor puede circular sin problemas con esa cantidad y con el doble también. Obviamente, resulta más peligrosa una persona que no sabe conducir. Entonces tal vez, para un control serio, aparte de soplar por el tubito, deberían hacerte una prueba de manejo, así habría alguna chance. Y ya que estamos, no estaría de más contar con algún psicólogo, ya que podés no haber tomado ni una gota de alcohol, sin embargo estar borracho de odio porque te peleaste con tu mujer, o porque te rajaron del laburo, o cualquier otro buen motivo, que te pueda llevar a conducir irresponsablemente. Que tal ¿eh?. Te vas luego con un certificado de mente sana, o de neurótico obsesivo o de psicópata incurable, jeje!! Entonces, el oficial mira una tablita matemática y suma:
Un litro de cerveza + mente sana + buen conductor = Aprobado
Agua mineral + neurótico obsesivo + mal conductor = Multa
Gaseosa + psicópata + pelea con la jermu = multa y secuestro del vehículo
Vaso de vino + tontón pollerudo + hijo vandálico = Marche preso
Son algunos ejemplos cómicos. Algo así debería ser, aunque parezca gracioso. Porque “todo suma”, señores.
La reputación de las personas no sólo debería ser medida por sus títulos o su dinero.
El individuo más pobre del mundo puede obtener una reputación prestigiosa de acuerdo a su proceder como persona dentro de la sociedad. Tenemos acceso a Internet, y no lo sabemos usar. Nos gustaría vivir como los suizos pero no tenemos esa mentalidad. 
Si vos sos un tipo que se ha hecho echar de cinco empresas en un lapso de dos años sólo con el fin de vivir a costa de las indemnizaciones, esto debería figurar en una página Web. Lo mismo si se te ha pescado tremendamente borracho en varias ocasiones, o si eres una persona golpeadora, o psicópata, si posees hijos con más de un antecedente delictivo, si alguna vez has estafado a alguien, etc… Por supuesto, este sitio sólo podría ser manejado por el Estado y en forma responsable, para que sólo figures en la lista negra por un período mínimo en caso de no haber reincidencia, porque aprendiste la lección y estás arrepentido y no volverás a hacer nada que perjudique al prójimo. Si reincidís, te quedás en la lista para siempre o hasta que la justicia lo decida. Por otro lado, en el mismo sitio Web, podría haber una lista blanca, donde estarían todos los demás, no por el hecho de que se dedican a hacer sólo cosas buenas, sino simplemente, porque nunca hasta la fecha, han cometido ningún acto condenatorio. Quien sabe, tal vez después, podamos vivir como los suizos, porque nos vamos a cuidar un poco más. Y hasta tal vez, se pueda agregar una lista dorada, para todas esas personas que se dedican diariamente a hacer el bien y están en el anonimato.
Todo esto que digo acá puede parecer cómico y hasta muy loco. Pero tarde o temprano, de un modo u otro, se va a implementar algo parecido. Las personas tendrán la posibilidad de hacer una denuncia para que se investigue a alguien, la justicia procederá de acuerdo a ello y luego se calificará al individuo según corresponda y se lo pondrá en la lista oportuna, a la vista del público.
No todos los que están presos son realmente malos incurables, ni todos los que están libres son increíblemente buenos. Y para figurar en la lista negra tendrás que haber hecho algo realmente muy malo y/o repetitivo.
Luego, si vas a buscar trabajo y pertenecés a la lista blanca, ya tenés un punto a favor para ser incorporado. Tal vez ocurra lo mismo si te paran para saber cuánto bebiste. Si estás en la lista blanca, quizás puedas zafar, aunque tu puntaje supere un poco el mínimo permitido. Lo justo es justo.

Saludos cordiales,
Rafael.  


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