Temprano, cerca de las 9 de la mañana del domingo, sonó el timbre de mi casa.
Por lo general, ese día acostumbro levantarme un poco más tarde y la verdad es que me parece fuera de lugar que alguien golpee a mi puerta tan temprano, a menos que sea por un caso de emergencia, claro está.
Abrí la puerta y un hombre y una mujer me saludaron muy cordialmente haciéndome saber que ellos pertenecían a cierto grupo religioso. Venimos a transmitir la palabra de Dios, y nos gustaría dejarte este panfleto para ver que te parece - me dijeron.
- Ah, sí. Los estaba esperando. Ayer Dios me dijo que ustedes vendrían a visitarme.
Acto seguido, se miraron atónitos entre ellos.
El hombre atinó a decir:
- Claro!! Jajá!!
- Sí, me dijo que un hombre con saco y corbata y una mujer con pollera, saco, medias y uhm,,,a ver, ah, sí, pullóver, me iban a traer una revista.
- No, hablando en serio, agregó. Le queremos dejar la revista para que nos dé su opinión y si quiere puede ir a alguna de nuestras reuniones.
- Sí, ya sé. Dios me lo dijo. Pero es que estoy tan ocupado últimamente.
- ¿Por qué insiste en que Dios se lo dijo?
- Y…porque me lo dijo. ¿Qué quiere que le diga?
- Ah, ¿se comunicó con usted por teléfono? Preguntó tímidamente sin poder ocultar una leve pero sarcástica sonrisa.
- No. Me lo dijo personalmente.
- ¿Lo vino a visitar?
- Sí, de vez en cuando viene.
- Y ¿Cómo es él?
- Me extraña que pregunte eso. ¿Acaso no sabe que él es invisible?
- Pero ¿qué Dios vino?
- ¿Y cuál va a venir? Dios, el único. ¿Acaso hay otro?
- Sí, sí, no, claro. Bueno, lamento haberlo molestado entonces. Será en otra ocasión.
- Cuando guste. La próxima vez los voy a esperar con facturas.
- Ah, sí, gracias, gracias. Adiós.
Se fueron rapidito, tal vez por la ansiedad de contarles este diálogo a sus colegas. Estimo que mi dirección va a ser borrada de sus listas.
Es increíble. Todos los días, el nombre de Dios aparece por todas partes. Y en su nombre se realizan muchos actos de beneficencia, a veces personales, y otras veces, se realizan atrocidades. En el nombre de Dios, se ha hecho la paz pero también la guerra.
Todos creemos en Dios, cada uno a su manera y dentro de su respectiva religión o creencia. Alguno podrá decir, “yo sé que existe algo, pero no creo en Dios”. Bueno, yo diría que ese algo, seguramente es su Dios.
Lo raro de todo esto, es que a veces te cruzás con gente extremadamente creyente y cuando le decís que hablaste con Dios, te miran como a un loco. ¿Será porque no están muy seguros de sus propias creencias o será que piensan que es imposible que Dios le dirija la palabra a un imbécil como vos? ¿O será de envidia, que de golpe no creen lo que les estás diciendo? ¿Por qué a vos sí y a él no?
Lo cierto es que si en este instante viene alguien y me dice que habló con Dios, pues, la verdad es que me costaría creerlo. ¿Vos se lo creerías? Tal vez, tampoco. Ignoro la causa de esto, que por cierto ameritaría un profundo estudio filosófico del tema, y por ello, lo único que podría decir al respecto, es que “No estamos preparados para escuchar o creer en ciertas cosas”
Te dice alguien, - No me lo vas a creer!! Hablé con Dios!
- ¿Sí? No me lo digas. - Pero tu inconciente va a estar pensando - “Andá, ¿Pero de qué te la das?, Gil.
Vos, ¿No hablaste nunca con Dios? ¿Nunca una señal, una advertencia? Seguro que sí, que no la hayas sabido ver, es otra cosa. Se podría decir que Dios es el encargado de agudizar nuestro sentido de la intuición. De esta forma, es entendible que se encuentre en todas partes. Sólo tenemos que aprender a utilizarlo. Si cuando salís temprano de tu casa hacia el trabajo, te encontrás con que el auto tiene una goma pinchada, podría ser un aviso de que ése, no va a ser el mejor de tus días. Pero por otro lado, tal vez logres salvar tu vida, evitando ser chocado por un camión gracias a que saliste de tu casa, algunos minutos más tarde. Quizás debemos empezar a ver las situaciones que nos causan demoras para llegar a algún sitio, como situaciones positivas, y aprender a sentirnos realmente cómodos con ellas.
Y no vendría nada mal asumir una actitud así, ahora que están tan de moda los cortes de ruta. ¿No es cierto?
Saludos cordiales,
Rafael. |