El 5 de marzo de 1918, la muerte de Claudio Alas en la residencia de su amigo el pintor Stephem Koek Koek en Banfield, conmovió a todos los círculos literarios de America Latina.
Jorge Escobar Uribe era el nombre verdadero de este exquisito poeta nacido en el año 1886 y perteneciente a una familia de abolengo de Colombia. Su padre, D. Luis Felipe Escobar, fue el ingeniero civil que construyo las principales vías de comunicación de su país. Su hermano Paulo Emilio fue general y jefe del Estado Mayor; Felipe Santiago, senador de la Republica y Alfredo, que residía en Buenos Aires, también fue destacado profesional.
Muy joven emigró de Colombia que tal vez para el espíritu inquieto de Claudio era el sitio que lo ataba a las ligaduras familiares. Así inicio su vagabundeo por distintos países de America recalando en Chile, donde encontró sus mas grandes afectos: un amigo el escritor Tomás Gabriel de Chazal y una mujer que, según el decía en su carta testamento, había muerto por su propia mano.
Una Sublime Locura
Esta desaventura y su orfandad de cariño, seguramente, lo trajeron a Buenos Aires donde su romanticismo impregna los círculos literarios pero no sirve para darle un nuevo matiz a su vida .Intenta el periodismo, escribe versos…aunque el verdadero enemigo era su propia tristeza, el desencanto , y un escepticismo que nunca lo abandonaría.
El desaliento, ese cansancio prematuro por vivir lo llevan a destruir su propia vida. Está pobre, avejentando y sin sustento alguno, hasta el punto que las noches de Buenos Aires lo sorprenden durmiendo en un banco de una plaza.
En una de esas noches tropieza con un pintor británico Stephem Koek Koek , talentoso, pero también un predestinado que, conmovido por la lastimosa situación de Claudio Alas, lo lleva a vivir a su casa en Banfield muy cerca de la estación ferroviaria ofreciéndole , a cambio del albergue , el cuidado de un galgo valioso al que le tenia un inmenso cariño.
Un atardecer de marzo, cuando regresa a su hogar, Koek Koek encuentra a su amigo apoyado en un frondoso árbol, muerto, con un tiro en el medio de la frente; muy cerca suyo el cadáver del perro y una carta explicando el hecho.”Lo he matado porque él también está hastiado y su alma me seguirá a los astros donde está mi vida.” Se dice que cuando el pintor encontró al can muerto, se puso a llorar como un niño, reprochando a Claudio su actitud, repitiendo constantemente: ¿Por qué mataste mi perro?
Años después, dicen que por excesivas tensiones, también Koek Koek perdió el juicio .Finalmente lo hallaron muerto el 21 de diciembre de 1934, en Chile, entre las cuatro frías paredes de un modesto hotel.
El Cansancio.
En una de las tres testamentarias de Claudio de Alas, rogaba a su hermano Alfredo le pidiera a don Juan de Soiza Reilly que recopilara todos sus escritos inéditos e hiciera con ellos un libro que debía llamarse “El cansancio de Claudio Alas”; también le pide que quemen su cuerpo.
A su amigo Chazal le escribe textualmente: “Llego la hora. Como Ud. un predestinado de 1918 años.”
En una carta dirigida a su amigo Stephem Koek Koek le reitera que incineren sus restos y las cenizas sean esparcidas a la orilla del mar.
Por decisión familiar, y contrariando su ultima voluntad, descansa para siempre en el Cementerio de Lomas de Zamora. Seguramente su sublime locura no le permitió imaginar a este excelso poeta que, en su tumba, nunca faltara una flor. |