Miramos desde el balcón de la casa grande
El parque inmaduro, lleno de nieblas rastreras,
Quieta ofrenda de la mañana que pasa
Ocultando noches ya perdidas…
Y ese lecho destruido,
Instantes se pierden, se anulan,
Entre el monte lujurioso;
Tus palabras con sabor a piel de armiño
Rebotan dulcemente
En las cuatro paredes del cuarto;
Tu voz, tu voz terciopelo,
Ilumina sin el menor secreto,
Apagada como voz nueva,
Una voz nunca oída.
Todo vuelve con aquel tajamar
De las anguilas barrosas
Y tus ojos niños mirando quien sabe que ramaje
Del monte tieso y misterioso,
Vuelve la niñez lejana
Entre aquellos arboles que carcomió el tiempo,
Soy rehén de aquellos cantos azules
Y de mi crispación insolente que oculto,
También hay ramas que no arden
A pesar de estar secas,
Secas de tanta sequedad;
El limonero me dio su agrio sabor
Como tu corazón,
Corazón de cuatro estaciones.-
Ricardo Andreatta.
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