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Año 8
Nº 92
FEBRERO | 2010

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Vértigo

Todas las cosas en el mundo van cambiando de forma tan vertiginosa, de modo tan exponencial, que un día nos vamos a despertar y no vamos a poder creer lo que estará aconteciendo a nuestro alrededor. Y aunque tengamos conocimiento de esta situación, no creo equivocarme si afirmo, haciendo honor al avance de la tecnología, que sólo poseemos conciencia virtual de ello. No tenemos o no aplicamos una conciencia real al asunto. El deterioro de la capa de ozono y el consiguiente calentamiento del planeta, es un vivo ejemplo de esto. ¿Hasta donde querremos llegar? Podría afirmar entonces también que destruir el planeta es directamente proporcional a la palabra negocio.
Hoy se podría evitar el uso del petróleo en muchas aplicaciones, pero no sería negocio.
Tal vez también se podría evitar el uso de productos contaminantes, pero no sería negocio. Algunos piensan que la prohibición de fumar en lugares públicos ha mejorado la calidad de vida de las personas en un ciento por ciento. Debe ser porque no se dan cuenta de la inmensa nube de smog que hay sobre la ciudad cada mañana. Algunos piensan que cuidándose en las comidas, reducen el colesterol y la posibilidad de un infarto y no se dan cuenta que vivir a mil revoluciones por minuto y escuchando las noticias llevan el corazón a los tumbos. La exposición al sol trae cáncer y como podemos observar cada verano, parecería que son muy pocos los que se cuidan de ello.
Por otro lado, hay personas que se cuidan del sol, pero se la pasan hablando horas por teléfono, usando inalámbricos o celulares de frecuencias nocivas. Hasta hace unos diez años atrás, la frecuencia de un teléfono inalámbrico no superaba los cincuenta Megahertz, que era una frecuencia que resultaba inofensiva. Estos teléfonos tenían un alcance medio de entre treinta y cincuenta metros en lugares cerrados. Hoy ya se venden teléfonos de cinco Gigahertz o más, o sea, una frecuencia cien veces más elevada que la anterior. No importa si es malo para la salud, lo importante es que el teléfono tenga un alcance de trescientos metros aunque vos vivas en un departamento de cuatro por ocho.
Alarmas, computadoras, teléfonos, todos queremos la última tecnología. Si las frecuencias a la que trabajan estos equipos fueran visibles, podríamos ver nuestros cuerpos atravesados por miles de ondas durante las 24Hs. del día. Yo no inventé esto, cualquiera puede investigar el tema en la Web y si los que afirman esto no se equivocan, dentro de algunos años, comenzarán a aparecer signos alarmantes de enfermedades, consecuencia del alocado vivir de estos tiempos. Tan alocado, que hasta te preguntás, ¿Para qué voy a ir a visitar a un amigo si lo puedo ubicar en el celular o en un chat cuando quiera y dondequiera que él esté? Nos vamos haciendo cada vez menos sociables. No es de extrañar que en el futuro, te pongas un botón en la cabeza y puedas comunicarte con alguien a través de tus ondas cerebrales sin moverte de tu casa. Me pregunto si será necesario llegar hasta ese punto para saber que nos quedamos solos.
Por qué será que tenemos esa rara necesidad de vivir a mil cada momento de nuestras vidas. Rápido, rápido, se nos va la vida. Nos ponemos a estudiar, a jugar con la Play, a trabajar, a hacer deporte, sacar músculos, hacer negocios, hacer dieta, nos casamos, dejamos la dieta, volvemos a jugar con la Play, nos divorciamos, otra vez la dieta, el gimnasio, conocemos otra mujer, nos enamoramos, nos juntamos, se acabó la dieta, nos separamos, volvemos al gimnasio, otra vez la dieta, un nuevo amor, esta vez del mismo sexo, porque como bien dice el refrán, “Es mejor que te rompan el upite una vez al mes, a que te rompan las pelotas durante todo el año” E indudablemente ya llegamos a esto.
Ignoro si la homosexualidad es un estilo de vida, una elección o una enfermedad. No soy quien para juzgarlo. Que dos tipos quieran vivir juntos, me parece que es una cuestión de cada quien. Lo que no me queda claro es para qué córcholis desean contraer matrimonio. Si es para que los bienes de uno pasen al otro para el caso de que a alguno le suceda algo, basta con hacer un mero contrato en una escribanía.
Se entiende al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer orientada al bien muto de los conyuges y a la procreación y educación de su prole. La naturaleza hizo infecundas las relaciones homosexuales, por lo tanto, por naturaleza, dicha unión no encaja dentro de la definición de matrimonio.
Yo estimo que estas situaciones no están muy alejadas del frenético deseo de vivir a mil y probar de todo. Pero, si para vivir bien, necesitás vivir a mil, nunca vas a llegar a vivir bien, porque cuando estés en condiciones de vivir bien, vas a estar hecho pelota.
Bué, otra vez me fui por la tangente, ma sí, que sean felices y coman perdices. Debe ser que estoy muy cerca de la computadora y las ondas me están achicharrando el cerebro.
Les deseo a todos un muy feliz y próspero año nuevo y sin otro particular me despido de ustedes muy vertiginosamente.

Saludos cordiales.
Rafael.


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