...Así, de pueblo en pueblo, de éxito en éxito o de tumbo en tumbo, en medio de un montón de alegrías o de decenas de peripecias, vivian lo que para ellos era lo mas grande y más noble que podían sentir, "El teatro".
Solamente habiendo vivido esa vida, quien la haya experimentado, puede darse cuenta de lo que significaba llegar a una población , dirigirse a un hotel y oirse llamar despectivamente "Artísta", "Cómico de la legua" "saltimbanqui" y después de mirarlo a uno como un bicho raro, oir que se le negaba alojamiento ante el temor que, al final de la temporada, no pudiera pagar la estadia.
Y no se piense el lector que estas cosas ocurrian en tiempos remotos, y que ya pasaron a ser historias. No hace mas de año y medio, los integrantes de la "Comdia lomense" que tengo el orgullo de dirigir, tubieron que soportar la desconfianza y el desprecio por parte del personal responsable de la biblioteca Gutierrez de Lomas de Zamora, que les cerró las puertas de las habitaciones laterales del patio de las glicinas y el aljibe que oficiaban de escenografía natural y de tomas de energia eléctrica. la función se realizó igual a pesar de que ninguno de los encargados se apersono para abilitar dichas instalaciones. Y eso que la representación de la obra "Los mirasoles" de Julio Sanchez Gardel, era a total beneficio de dicha institución....Pero, el público que colmaba el patio, tenía el derecho a ver la representación, y los actores, cambiándose en los baños, y entre los árboles, lo hicieron posible. Esta también es historia y es anécdota, y aún está latente el desasosiego de los miembros de la comisión de amigos de esa biblioteca que ajenos a la tremenda desatención por parte del personal ,no encontraban palabras para pedir disculpas. Ya ven, que el tiempo pasa, pero la historia, de una u otra manera se sigue repitiendo, desgraciadamente, desubicados sociales, habra siempre.
Otra de las peripecias era llegar, ir al teatro donde debía actuar la compañía y encontrarse con un escenario desmantelado, sin cuerdas ni listones y, a veces, sin telón de boca, y el empresario de la sala, que creía que bastante favor hacía con dejar actuar a la compañía, (fabor que le reportaba por lo general el 50 o 60 por ciento de las entradas )ante las protestas y reclamaciones, contestaba que se las arreglaran como mejor pudieran.
Pueblo hubo donde ni siquiera había un teatro, entonces un café, que por las dimensiones se prestaba para el caso daba lugar a que se armara el escenario con unos cuantos barriles que facilitaba el dueño del local y diez o doce tablones que solía prestar el albañil del pueblo a condición de entradas libres para él y su familia, quedaba armado el escenario, colocadas las escenografías de la mejor forma posible, y terminada la taréa comenzaba el peregrinaje más extraño y más ritual,, a casa del intendente, a la del comisario o al más humilde rancho en procura de elementos de utilería, todo aquello que hace falta para amueblar y vestir la escena, un escritorio, unas cortinas, unas sillas...
Se debutaba por fin pero teniendo en cuenta que el local no era la sala de un teatro, sino un salón lleno de mesas y sillas y donde se hacia la consumisión, y entonces no era nada raro, que en medio de una patética escena dramática, se oyese, ¡Mozo...¡otro café¡...
así fué que al correr del tiempo, en esos pueblos se supo lo que era el teatro, el público se fué aficionando a él y, entonces, se construyeron teatros y se habilitaron salones con escenarios adecuados y tras una compañía, fue otra y otra, y a sus componentes ya no se les miraba despectivamente, muy al contrario, se les admiraba y las puertas de los hoteles se habrían a su llegada.
Mucho tienen que ver en esta historia, las colectividades, en especial, la italiana y la española, que a lo largo y a lo ancho de nuestro extenso pais, construyeron magníficas salas que hoy siguen siendo lugar obligado pàra rerpresentaciones y orgullo para los habitantes del lugar.
Las compañias en gira, mas comunmente llamadas "radiales", tenian , y aún tienen un periplo diagramado de salas en las que han de actuar en las mini giras que se realizan temporada tras temporada en el interior y en especial en localidades del gran Buenos Aires. Clásicos son: El Fenix de Flores. el Podestá de La Plata,
el Colonial de Avellaneda, el Coliseo y el Español de Lomas, el Roma de Avellaneda etc etc, las radiales son aquellas que escuchadas por capítulos en la radio, se pasearán luego por el acostumbrado periplo. Famosas fueron en su oportunidad las compañías de Juan Carlos Chiappe y la de Hector Battes, y famosos los personajes de Fachenzo el maldito, el negro Faustino y el de Churrinche entre tantos otros que algún memorioso al leer esta historia, recordarán con nostalgia. En la actualidad, ya no son las radiales, las que hacen su aparición en las salas de barrio, ahora son los programas de la televisión los que tratan de conseguir vueltos extras mostrando refritos de lo que hicieron en tal o cual programa. Y la gente compra, más atraida por la publicidad que por el producto. Pero nuestro cometido es la historia del teatro, y a ella nos remitiremos, trayendo en próximos capítulos los nombres y el recuerdo de los que hicieron grande, pero grande en serio el arte teatral de los argentinos.
Eduardo Corrado
contunuará.
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