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Año 8
Nº 103
ENERO | 2011

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Un Rata

Con este título no me estoy refiriendo al marido de la rata. Ser un rata, en muchos lugares es sinónimo de tacaño. No obstante, el hecho de ser tacaño, es tan sólo una más de las múltiples cualidades que estos señores poseen.
Creo que la calificación más precisa para este tipo de personas, es la de “sacaventaja”.
Y no tienen sexo, el rata puede ser masculino o femenino. Sexo, lo que se dice sexo propiamente dicho, seguro que sí tienen, siempre y cuando sea gratis, o el mismo venga acompañado de alguna especie de beneficio. Si en el transcurso de tu vida, te ha tocado toparte o ser víctima de alguno de estos sujetos, seguramente estarás en condiciones de distinguirlo apenas lo veas. Puede ser pobre o rico, puede estar bien o mal vestido. No importa. El ser rata, se lleva en la sangre, a veces, de generación en generación. Para esta gente, el prójimo no existe, salvo como un objeto del cual se puede obtener algo.
No existen los amigos, ni la moral, ni el cielo ni el infierno. El rata va a tratar de sacar partido de cualquier situación por la que le toque atravesar. Los otros días llamé a un plomero, al que contacté a través de la publicidad de una de las tantas revistas que pululan por ahí. Tenía un problema, porque estaba tapada la rejilla del baño. Llegó con unos palos en la mano, cigarrillo en la boca, el cual tenía que haber tirado antes de ingresar al local, con cara de tujes y sin siquiera decir buen día, preguntó dónde estaba el problema y se mandó directo para el fondo. Esto le costó un pequeño sustito, cuando el Rottwailler se le paró enfrente. Ahí se dio cuenta que ya era momento de pedir permiso. Ya en el baño, metió un palo en la rejilla tras lo cual dijo, “acá no se puede hacer nada”, vas a tener que llamar a Aysa, acto seguido, tomó sus palillos, apagó el pucho en el piso de mi baño y me dijo, tirame veinte pesos y listo. ¿Listo qué? Pensé yo.
¿Es que acaso se iba a ocupar personalmente de llamar a la gente de Aysa? Claro que no. Los veinte pesos, era lo que costaba tratar de meter un palo en la rejilla. Le pagué lo solicitado, me miré al espejo y me dije, “Jodete por boludo”. Es lamentable, pero cuando uno necesita de los servicios de alguien, como en este caso, lo mejor es buscar a algún recomendado. Bueno, me dí cuenta de que era un rata, apenas entró. Por eso lo de boludo. A veces, la ansiedad por tener todo en orden y arreglado en nuestros hogares, hacen que contratemos al primer idiota que se presenta. Inútil, irresponsable, caradura, son otras de las tantas cualidades de estos animalitos. También hay ratas del otro lado del mostrador. Estaba en un lugar de reparación de electrodomésticos y vi que alguien traía una licuadora para reparar. Sin decir buen día, (parece que las ratas tampoco tienen modales), se acercó al mostrador alegando “Otra vez no funciona esta porquería”. A ver, alegó el dueño del local, no recuerdo su cara, ¿Cuándo fue que la trajo?

  • Dos o tres meses como mucho, respondió el rata, ignorando por completo, que estamos en el siglo XXI y si en verdad existe algo que no miente y que jamás sufre de Alzheimer, es una computadora.
  • Deme su apellido por favor, así ubico la historia de su aparato.

Por supuesto, una vez ubicada la historia clínica, el propietario del lugar insinuó, algo asombrado,

  • Pero….esta licuadora la trajo hace un año y medio atrás!!
  • ¿Sí?, bueno, pero nunca la usé. Ahora la voy a prender y ¡No anda!!!, es el mismo problema por lo que la traje la otra vez.

Intuí enseguida, que el comerciante tenía conocimiento de la existencia de este tipo de alimañas, cuando noté que, luego de una respiración profunda, agregó muy amablemente, “Bueno, deje su aparato y vamos a ver qué le está pasando”
La rata se retiró del lugar, no sin antes dejar aclarado, que no pensaba volver a pagar.
Cuando nos quedamos solos, le sugerí al dueño, que se la devuelva como está, y que le diga que fue reparada sin cargo. Total, seguro que la va a volver a usar….. “dentro de un año y medio”.
Y así suceden las cosas con este tipo de “gente”. Llevan el auto al mecánico para que le revise los frenos, y cuando lo van a buscar, alegan que el mismo tiene una rayadura en la puerta que antes no estaba. ¿Qué mejor manera de obtener pintura gratis o al menos, los frenos gratis?
Suben y bajan del colectivo cada cinco cuadras, para viajar gratis, preguntándole al chofer si lo deja bien, en Témperley, cuando el colectivo se está dirigiendo hacia Avellaneda, que es donde realmente habita el “vivillo”. Tarda un poco más, pero a éstos, tiempo es lo que les sobra. Las ratas de alcantarilla, te arman quilombo por dos pesos. Sí, por dos miserables pesos. Ellos no quieren pagar nada, y nunca regalan nada. En las fiestas, cuando algún distraído los invita, los ves comiendo a cuatro manos, como si fuera la última cena, y el regalo para los novios……..tal vez un juego de pañuelos. Algunos “Ratas”, están llenos de plata, pero no la gastan. Ya vienen de una larga estirpe de familia de “Ratas”. La única diferencia entre las ratas pobres y las ricas, es la vestimenta, aparte de esto, son iguales. La misma mirada desconfiada, la misma cara de tujes, la misma tacañería, y modales similares en todo sentido. Tengo un amigo que proviene de una familia de este tipo. Cuando se casó, habían más de doscientos invitados a su fiesta. Todos de alcantarillas de alto nivel. No obstante, cuando regresó de su luna de miel, me dijo: ¿Sabés? Vos fuiste el único que me regaló un electrodoméstico. ¿En serio? – Le contesté. Pero…¿Qué otras cosas te regalaron?

  • Sábanas, toallas, manteles, servilletas, tantas que hasta podría abrirme una tienda.

Yo no puedo decir que estos no pueden llegar a ser lindos regalos, cuando vienen de parte de personas que realmente no poseen grandes fortunas de dinero como sí poseía la familia de mi amigo. Pueden, en ese caso, llegar a ser excelentes regalos y representar una sincera demostración de afecto. A mi amigo realmente le cuesta salirse de la forma bajo la cual fue adiestrado. También es duro con el tema de “dar”, pero al menos se psicoanaliza y eso es un gran avance. Y digo esto, porque al menos él mismo se da cuenta de que algo no funciona o no lo hace sentir bien en su interior. Porque por el contrario, estoy seguro que si una verdadera rata de alma llegase por casualidad a leer este cuento, jamás se daría por aludido. Ignoran o no se dan cuenta de quienes realmente son, y los que lo rodean, deberían hacer exactamente lo mismo, “ignorarlos”. Porque ¿Para qué te vas a andar preocupando por un tipo cuyo único interés es su propio bienestar? Por alguien que se te acerca para ver qué más se puede llevar de arriba, -esto me hace acordar a los “ñoquis” en el gobierno-, ñoqui, como acepción moderada del término “rata”, claro.
Empieza un nuevo año y sería bueno hacer algunas limpiezas. No importa si son amigos, parientes, clientes, empresarios o comerciantes. Empecemos a depurar esta sociedad de a poco, aprendamos a distinguirlos y a ignorarlos. Y que estas personas vivan como les plazca dentro de su propia “zoociedad”.
A veces se da el caso en que se encuentran dos ratas, una a cada lado del mostrador y resultan muy cómicos los desenlaces que acontecen luego. Por ejemplo, el tipo que fue a reparar algo de pirulito porque le dijeron que era baratito, la reparación le costó dos manguitos, y se fue contentito, pero el equipo le anduvo dos minutitos, porque el repuestito, no fue cambiadito, sólo pegadito con la gotita.
Lo que sucede después, el desenlace, lo dejo a la imaginación de cada cuál. Pónganle el final que más les guste.
¡Feliz año para todos! Báh, para casi todos

Saludos cordiales.
Rafael.


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