Cuando se radicó en Lomas de Zamora en un pequeño departamento de la calle Laprida cercano a la estación ferroviaria, había sumado un nuevo titulo a su prolifera vida: el de docente jubilado .Sin embargo llegó a vivir en nuestra ciudad quizá los treinta años más fecundos de su existencia, hasta que partió definitivamente el 26 de junio de 1971, victima de una dolencia cardiaca cuando se hallaba internado en el Hospital Español de Temperley.
PAISAJES DE CATAMARCA
Descendiente de una familia tradicional y con una sólida posición económica, Carlos Quiroga había nacido en Catamarca el 14 de junio de 1887, llegando a cursar en esa ciudad los estudios terciarios y doctorándose en Derecho con calificaciones más sobresalientes.
Se destacó desde muy joven por su alto grado de inteligencia y sus relevantes condiciones intelectuales, tanto es así que cuando solo tenía 35 años ya ejercía la Presidencia de la Cámara Federal en su provincia natal. Pero en el foro y en las leyes nunca encontró su cauce natural y a pesar del amor a su terruño, a los valles y montañas andinas y al límpido cielo reflejado en los espejos de agua de los ríos saltarines, no resiste al llamado de su vocación y, sin más bagaje que su pluma y un espíritu soñador, abandona el lugar que lo vio nacer y su profesión en busca de nuevos horizontes que aunque no le reportan una mayor retribución material, satisfacen sus inquietudes literarias y le valen llegar a ser considerado como de los escritores más excepcionales de Hispanoamérica.
LA MULÁMINA
Radicado en Buenos Aires dedica su vida a la enseñanza y a su gran pasión que es escribir. Comparte cátedras de Derecho y Literatura, que solucionaban las necesidades materiales de su austera existencia, con una labor intelectual que le permite obtener el Premio Nacional de Literatura de la República Argentina y el Premio Municipal de la ciudad de Buenos Aires.
No olvida nunca su región nativa y surgen de su esplendente inspiración títulos como “Cerro nativo”, “La raza sufrida”, “Almas en las rocas y “El tormento sublime”.
Su obra poética está resumida en libros insuperables de los que “Paz aldeana”,”Viento azul”, “La esfinge amorosa”,”Contrapunto en la montaña” y “Cartilla romántica” son los que más asocian su fina sensibilidad espiritual con la fuerza telúrica de la región donde transcurrió su adolescencia.
Como colofón de esta gama de su fecunda actividad literaria publica “La Mulamina” un fantástico poemario que consta de seis mil versos y a pesar de ser de neto sabor localista considerado por los críticos como una expresión de arte que honra nuestras letras y comparable a las mejores obras del habla castellana.
UN ESTUDIO SOBRE SARMIENTO
Cuando publica su novela “Los Deiterranos” donde conjuga magistralmente la majestuosa imponencia de la naturaleza con la presencia del hombre, da la impresión de haber alcanzado los planos infinitamente superiores del arte, nada le faltó para concebir una obra cumbre de las letras argentinas: técnica narrativa, belleza del idioma y una grandeza en sus conceptos que trasmite al lector certeramente y con extremada sencillez la vivencia de los paisajes sureños. Con “La imagen noroéstica “ y “Los animalitos de Dios” (Premio Municipal),y “Liriolay”,”Huellas del siglo XX”, “La partícula ilusionada” y “La montaña bárbara y misteriosa” completa su producción de novelas y cuentos produciendo más tarde el ensayo “La forja de su raza”, “Alma popular” , “Insectos al viento”,”El paisaje argentino en función de arte” y “Sarmiento”,que resultó un interesante estudio con un enfoque propio sobre la personalidad del preclaro sanjuanino.
EL FIN DE LA SOLEDAD
Ese patriarca de las letras lomenses que tuvo el privilegio de conocer y tratar a Carlos B Quiroga y que es don Julio G de Alari, lo evoca con mucho cariño, sentado frente a su viejo escritorio donde apilaba con mucho desorden las notas y los libros, gozando del placer de estampar en el papel lo que su clara inteligencia le inspiraba .Sabia reír y bromear, nada escapaba a sus sentimientos y los lazos que lo unían al mundo exterior eran únicamente unos pocos familiares y un puñado de amigos.
Esta singular forma de ser y su excluyente amor a la libertad más absoluta, lo llevo a desechar la institución matrimonial hasta el fin de sus días.
La soledad lo persiguió hasta el último aliento, provocándole crisis de angustia y desesperación que lo pusieron al borde del suicidio. Sin embargo su talento, su obra magistral, sus numerosos libros, le ofrendaron a su muerte la eterna y gratificante compañía del pensamiento de todos los tiempos. |