Creo que la parte más difícil, cuando se escribe una historia, es la de confeccionar el primer renglón. Bueno, ahora que ya me saqué ese problema de encima, puedo empezar con la nota. Se acerca fin de año, y la verdad es que me gustaría explayarme con la mejor de las ondas, como en algún momento me lo sugirió mi amigo Jorge. Pero qué espinoso me resulta lograrlo.
Tal vez porque somos el país del Tango. Si fuéramos el de la Bossa Nova, quizás sería más fácil. “Pobres pero contentos”. Tal vez sería una buena idea poner altoparlantes en todas las esquinas de todas las ciudades de todas las provincias de todo el país, y que durante al menos ocho horas al día, nos hicieran escuchar Samba brasilera, Rumba cubana o algún que otro Pasodoble español. Entonces, en vez de ver lo que por lo general se ve, gente caminando cabizbaja por las calles, podríamos observar a las personas caminando al compás de la tonada, felices como perro con dos colas.
Porque si vamos a estar contentos, lo ideal sería que estemos contentos todos, no sólo los sectores más acaudalados o ciertos sectores, digamos que, más acomodados. Aparte no resulta demasiado agradable sentirse dentro de un sándwich. No soy político y a esta altura de mi vida, no me importa si llega al gobierno un personaje de Derecha, de Izquierda o del Centro. Y no me importa, porque lo cierto es que en realidad no importa. ¿Acaso no hubo ejemplos en el mundo de personajes de izquierda que gobernaron como si fueran de derecha? ¿O de comunistas que gobernaron o pensaron como capitalistas y viceversa? Si en un país habitan dos millones de personas y un millón de personas están muy bien y otro millón de personas están muy mal, lo mejor que podrían decir los que están bien, es precisamente eso, “Nosotros estamos bien”, pero jamás podrían decir, “El país anda bárbaro”, porque automáticamente se convertirían en unos imbéciles y ciegos egoístas, o es gente que sólo ve el árbol pero no el bosque. Y algunos no pueden ver el bosque, porque son ignorantes, otros porque no quieren, porque son arrogantes y algunos otros porque no les importa, porque son desalmados. ¿Acaso ya dije algo parecido en algún otro cuento? Pues debe ser porque las historias se repiten, o sea que si hubo algún tipo de cambio, no resultó muy notorio. Entonces, si tuviera que decirle algo a quienes nos gobiernan, algo que lo resuma todo en una sola palabra, supongo que simplemente diría: ¡Sorpréndanme! , pero con alguna buena noticia, claro.
¿Y de qué forma podrían sorprendernos? No sé. A mi no me pagan para gobernar. ¡Vamos hombre! Diría un gallego, ponte las pilas que yo sé que tú puedes. Si alguien viniera a decirme que la cosa no es así, que realmente vamos bien, pues yo seguramente contestaría que en este país, hay gente que se muere de hambre, que vergonzosamente no tienen nada de nada para comer.
Los datos siguientes aparecen en el último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y que según un artículo publicado en el sitio español, “El mundo”, han dejado perplejos –y avergonzados- a muchos argentinos.
“Con un 0.65% de la población mundial, el país produce el 1.61% de la carne y el 1.51% de los cereales que se consumen en el mundo. Sin embargo, en la misma Argentina hay nueve millones de niños que pasan hambre, de los cuales 2.920 mueren cada año por desnutrición”. Este informe data de marzo de 2010.
No me cabe duda de que tal vez, se esté intentando hacer algo al respecto, ya que este índice, aparentemente es menor al de años anteriores. De todos modos es una cifra que duele.
Para terminar, les digo que mi deseo para fin de año, es que toda esta gente carenciada pueda disfrutar de una cena como jamás soñó. Me gustaría prender la tele y ver cientos de camiones descargando manjares sobre sus casas y que de ahí en más, la historia empiece a revertirse. Entonces voy a poder brindar sin culpa. Seguro que hay enorme cantidad de Fundaciones que se dedican a luchar contra el hambre, pero ¿Por qué no lo logran? Seguramente por eso. Porque son muchas. Incluso si fuera necesario para ello que el gobierno tuviera que inaugurar un nuevo Ministerio, pues que lo haga. El Ministerio del Control del Hambre en la Argentina. Porque es necesario que la organización de la lucha contra el hambre parta de un solo lugar, para que el proceso sea efectivo y equitativo a la vez. Ahora que lo pienso, esto sería una buena respuesta a lo que sugerí anteriormente, cuando dije “Sorpréndanme”. Pues si me sorprenden con algo así, les puedo asegurar que se ganan mi voto en las próximas elecciones. Pueden existir muchos problemas en el país, pero no me cabe duda que las mayores alegrías son aquellas que resultan en una solución inmediata, firme y efectiva. Y si se hace un Ministerio de este tipo, ¿Qué mejor oportunidad para que gobierno y oposición trabajen en conjunto? Un partido se encargaría de estudiar cada sector en emergencia, otro se encargaría de hacer el listado de los productos que se necesitarían para abastecerlos, otro se encargaría de contactarse con los proveedores, otro de emitir los pagos y otro de distribuir la mercadería. A su vez, un último partido podría encargarse de supervisar a cada uno de los otros. ¿Qué mejor manera de evitar la corrupción? Y no es necesario habilitar un Ministerio con chiquicientos empleados, con chiquicientas computadoras y con chiquicientos “ñoquis” como normalmente sucede y donde el que más trabaja es el que reparte el café. Basta un pequeño recinto con cinco líneas de teléfono y diez computadoras que funcione como centro de operaciones. Una vez realizado esto, ¿En cuanto tiempo podríamos estar en condiciones de decir que en nuestro país ya no se muere un chico por desnutrición? Me animo a decir que aproximadamente luego de dos o tres meses. Bueno, todo esto se me acaba de ocurrir ahora, me provocaría mucha alegría, a mí y supongo que a algunos cuantos más, que esto o algo parecido se convirtiera en la noticia del día, pero, como siempre..”El hombre propone y Dios dispone”, y por cierto, es mejor proponer que simplemente quejarse.
Por supuesto que luego esto daría lugar para estudiar la forma de que esta gente también pueda disfrutar de una vida digna, con casa y trabajo. ¡Hay tanta tierra disponible para sembrar! Porque ser “digno” es sinónimo de “poder ganarse el pan con el sudor de la frente” Hay que darles la primer ayuda para que tengan la fuerza suficiente y necesaria para recomenzar sus vidas de un modo diferente. Después vendrá lo demás.
En todo caso, sería cuestión de abrir un Ministerio para encauzar personas, a menos que el propio Ministerio del Trabajo, que ya poseemos, decidiera hacerse cargo del tema.
Sería bueno que hubiera en las Cámaras, menos debate y más acción. Y con esto no me estoy refiriendo a que se tengan que matar a cachetazos.
Mis deseos de un muy feliz año nuevo para todos los más de cuarenta millones de personas que habitan nuestro suelo.
Felices fiestas!! |