Es increíble el parecido que existe entre el fútbol, por elegir un deporte cualquiera, y la vida misma.
Hay técnicos que trabajan con sus jugadores todos los días de la semana, se esfuerzan por mejorar, estudian a sus adversarios, no se van a dormir hasta no tener bien planificado el trabajo del día siguiente, anotan cada detalle y cada ocurrencia por más insignificante que esta sea. Para estos técnicos, es imperativo que sus jugadores respondan de igual manera. Que asistan a los entrenamientos en forma puntual, que cuiden su dieta, que descansen lo suficiente, etc. Estos jugadores saben que este tipo de técnicos no admiten excusas de ningún tipo. Si llega tarde a los entrenamientos, no juega. Si no durmió bien, no juega. Si no cuidó su dieta, no juega. Estos técnicos saben que no pueden poner en juego el trabajo de todo un equipo por un estúpido que no tiene conciencia de su propia responsabilidad. Estos técnicos son los que siempre tienen a los jugadores bien plantados en la cancha y a los respectivos suplentes en condiciones de reemplazar a cualquiera. Estos son los técnicos que infunden respeto sólo con el ejemplo. Si el entrenamiento es a las siete, seguro que ellos van a estar en el lugar a las seis. Son técnicos que saben a donde quieren llegar y que sueñan con esa meta en cada instante de su vida. “Bajar los brazos” es algo que no forma parte de su pensamiento.
Por otro lado, existen técnicos que llegan una hora más tarde que el último de sus jugadores. “Que tal, muchachos, disculpen pero hubo un corte de ruta, y anoche también me quedé discutiendo con mi “jermu”, ando un poco boleado, pero en fin.
A ver, ¿Estamos todos?” Y ahí se acerca su asistente y le dice, “Carlitos viene más tarde, el Beto no viene porque está con dolor de panza, y Pato avisó que se toma toda la semana porque está deprimido. Entonces el técnico encara al plantel y les dice:
-Bueno, muchachos, les quiero comunicar a los que estaban en el banco, que a partir de hoy, van a ser titulares, así que, tudu bon, tudu ben, todos contentos, ah! y además, voy a sortear el Fitito, entre todos ustedes, porque gracias al contrato que hice con el club, me compré un BM. ¡Bravo, Don Carlos, bravo!
En tercer término, también se dan otras situaciones. Técnicos extremadamente responsables, pero bonachones, donde un plantel de irresponsables, le boicotea el trabajo y su imagen en todo momento. Técnicos que no despiden a un jugador que acostumbra llegar siempre tarde, tan solo porque le tiene lástima. Porque no lo quiere dejar sin laburo. Con el tiempo, estos técnicos ven como se desmoronan todos sus sueños lentamente, de fracaso en fracaso, hasta que llega el día en que no comprenden como pudieron ser tan pelotudos giles.
Con las empresas, pasa lo mismo. Con la diferencia que a veces, el dueño del club, es el mismo técnico del plantel. Dueño y gerente. Los jugadores, sus empleados, y la hinchada, sus clientes. La AFA, sería el gobierno.
La única diferencia entre esto y la realidad es que la hinchada, siempre está. Nacés de Rácing y te morís de Rácing. Lo mismo si sos fan de cualquier otro equipo. Pero en la vida, en cada negocio, un cliente mal atendido o un servicio mal hecho, seguramente va a desembocar en la pérdida del hincha, el cual optará por ponerse la camiseta de otro equipo. La situación económica del país tal vez sea catastrófica o quizás no tanto. Se especula mucho y se vive a los tumbos. Que si sube el Euro, que si baja el Dólar, que si el Petróleo, que si las Acciones, que si el Plazo Fijo, etc. Nos tocó vivir épocas en que la crisis fue total. El trabajo era casi inexistente.
Pero en épocas donde, en mayor o menor medida, el trabajo era normal, si uno se encontraba al borde de la quiebra, quizás había llegado la hora de mirar hacia adentro y analizar otros aspectos de nuestra estructura. Si era empleado, quizás había llegado la hora de cambiar de trabajo o independizarse. Si uno era independiente, tal vez había llegado la hora de observar nuestro entorno, hacia adentro y hacia fuera. Quizás nuestro negocio no estuviera bien ubicado, en ese caso habría que pensar en en la posibilidad de mudarse. En mejor zona los gastos son mayores, pero los ingresos también y el que no arriesga no gana. Boca podría haber construido su cancha en Chascomús, pero no tendría tantos hinchas. Obviamente que a veces el miedo te lleva a hacer cosas así y echarle la culpa de tus fracasos a la AFA. sería una forma de descargarse.
Luego mirar hacia adentro, quién dirige a nuestros jugadores, como los entrena, qué ejemplo les da, si todos trabajan en forma acorde al sueldo que perciben, si merecen o no ganar un poco más. Y si miramos más adentro aún, tal vez estemos en el rumbo equivocado, porque quizás no nacimos para ser técnicos o dueños de un club sino para ser jugadores. Como lo he mencionado en alguna otra nota, alguien dijo alguna vez “Mas vale un ejército de pavos dirigidos por un león, que un ejército de leones dirigidos por un pavo”.
Seguramente también es cierto que en algún otro lugar del mundo, haciendo lo mismo que estamos haciendo acá, ganaríamos mucho más y viviríamos mucho mejor. Pero estamos acá, soñando a veces, con vivir como los de allá. Algunos pocos, tarde o temprano lo logran, otros bajan los brazos antes de tiempo, y se entregan al fracaso, para luego deprimirse, porque hasta el momento, nunca se habían dado cuenta antes que no estaban haciendo lo que realmente les gustaba. Algunos no se dan cuenta que para triunfar, en primer término hay que hacer lo que nos gusta, y para hacer lo que nos gusta, primero tenemos que capacitarnos. Si logramos esto, la mitad de nuestra felicidad ya está asegurada, al menos en el ámbito laboral, por ello hay otro dicho que afirma “No gana más el que hace lo que quiere si no, el que quiere lo que hace”. Y cuando hacemos lo que nos gusta, posiblemente no exista sobre la tierra, ningún tipo de terremoto, maremoto, tornado o mal gobierno que consiga hacernos bajar los brazos.
“El peor día del que hace lo que le gusta, es mucho mejor, que el mejor día del que hace lo que no le gusta”
Cada uno tendrá su meta en la vida. Algunos correrán tras el dinero hasta dar el último suspiro en este mundo, otros buscarán tan sólo convertirse en mejores personas, otros, el destino que les permita vivir en paz consigo mismos. Algunos jamás conseguirán tener un millón de dólares pero tendrán quizás, un millón de amigos sinceros. A veces, en un momento de nuestras vidas, nos toca hacer cosas que no nos gusta y no debemos dejar que esto nos deprima ni malgaste nuestra salud. En este período tenemos que aprender a ser felices con lo que tenemos mientras planificamos como lograr lo que en realidad queremos. No somos árboles, podemos ir de un lado al otro, estar o dejar de estar con cierta gente, soñar con cosas mejores, y limpiar nuestro jardín de las malas hierbas que puedan llegar a interferir en nuestro camino hacia el éxito. Y si llegaste a una cierta edad y seguís cometiendo los mismos errores que a los veinte, tal vez ya sea tiempo de recapacitar. Tarde o temprano tenemos que dejar de culpar a otros por nuestras desidias, porque la lista sería muy larga. No podemos durante toda la vida culpar al gobierno, al clima, al jefe, al colega, a nuestro pasado, padres, hermanos, amigos, suegros, o pareja, porque nos encerramos en la comodidad de una queja constante, y así evitamos el esfuerzo que supone empezar a hacer algo para cambiar las cosas desde nosotros mismos.
El tema da para largo, así que, lo seguimos en otra oportunidad.
Los dejo y nunca dejen de soñar, ni siquiera cuando algún envidioso decida tildarlos de infantiles o divagantes.