Hace más de medio siglo que las hoy abuelas leían a hurtadillas o escondían entre sus textos de enseñanza las novelas de Marcelo Peyret, un joven escritor que le cantaba al amor con un lenguaje realista, poético y descarnado.
Lógicamente las posiciones encontradas que también pintaba en sus libros, las situaciones eróticas planteadas y las escenas de sexo que crudamente describía seguramente las nuevas generaciones las compararían ahora con el romance de Blanca Nieves con el príncipe encantado.
Peyret poseía una vastísima cultura universal; muy joven se gradúo de abogado aunque nunca ejerció la profesión. Era nieto de Alejandro Peyret, un excepcional jurisconsulto redactor del proyecto de la Constitución de la Tercera Republica Francesa, historiador, filósofo y hombre de letras que contrajo enlace con una dama argentina y adoptó nuestro país como su segunda patria.
El padre de Marcelo, el Dr. Luis Peyret, ocupó también cargos en la magistratura y fue además escritor, catedrático y un jurista relevante.
LA NOVELA CORTA.
Este tipo de publicaciones tuvo en Buenos Aires desde principios del año 1917 y prácticamente durante buena parte de la década de los 20 un auge asombroso .Bajo las denominaciones de “La Novela Porteña”, “La Novela de Bolsillo”, “La Novela del Tranvía” o “Mi novela”, se editaban miles de ejemplares que consumían masivamente los porteños en una época en que, desde luego, se privilegiaba la lectura. La calidad de estas obras estaba dada en los nombres de quienes fueron sus primeros colaboradores , tales como José Ingenieros , Manuel Gálvez, Amado Nervo, Ricardo Rojas, Enrique Larreta ,Hugo Wast, Horacio Quiroga y Benito Lynch lo que también , en cierto modo , explica el fenómeno de su difusión.
Invitado Peyret a sumarse a esta lista de eximios escritores enseguida publica su primer trabajo , “Padre Nuestro” , un vibrante alegato , valiente y polémico ,que plantea la problemática de un sacerdote incurso en pecado, sin ningún tipo de convicciones , que no obstante sigue desempeñando su ministerio en una actitud cobarde que lo enfrenta ante sus fieles.
Este trabajo bastó para revelar sus actitudes y capacidad, siendo suficiente para su que nombre se contara entre los más solicitados por el publico .Es que el talento de su narrativa se vio rápidamente rodeado por una aureola romántica y misteriosa, cultivada por una prosa realista exacerbada por obsesiones morbosas y no exenta de connotaciones pecaminosas.
Su libro más difícil y de mayor envergadura fue sin duda la novela “Los Pulpos” que compensó largamente sus desvelos porque se convirtió en su obra más importante ,alcanzando tal grado de popularidad que fue llevada a la pantalla en un recordado filme que protagonizaron Olga Zubarry y Roberto Escalada.
SU REFUGIO EN TEMPERLEY.
El prestigioso critico Bernardo López, que lo conoció siendo niño, lo evoca en su transito diario de su casa en Temperley en Vicente López y 24 de noviembre (ahora Mariño) hasta la Capital Federal y lo recuerda como un joven larguilucho, desgarbado, de una figura singular, con un rostro anguloso y caído, pero con unos ojos expresivos que reflejaban su alma bondadosa y una profunda tristeza interior.
El drama de Marcelo Peyret fue de tantos artistas que antepusieron su vocación al cuidado de su salud y no le importó pagar con su vida el tributo a la pasión de escribir .Sin mayores preocupaciones terrenas ,fatalistas a pesar de su catolicismo y sin grandes convicciones dogmáticas , fruto de una educación liberal por otra parte muy común en su tiempo, con todo ahínco trabajó hasta que su tuberculosis –mal por entonces incurable .hizo crisis .Estaba recluido hacia varios meses en “La Calera”, un bonito lugar cordobés donde Marcelo se había radicado buscando un refugio a su cruel enfermedad.
Sin embargo el desenlace estaba próximo y el 24 de octubre de 1925, falleció cuando tan sólo tenia 29 años dejando trunca su labor que, seguramente, de haber sobrevivido, lo hubiera encumbrado junto a los grandes de la literatura nacional.
La imagen que dejó de bohemio impenitente no coincide, ciertamente, con su vida real.
Sencillo hogareño , este vecino de Temperley, ciudad a la que vino buscando una mágica cura, estaba casado con Ana Freer y dejo al morir un hijo de cuatro años .Alejo enrique , a quien debido a su cruel dolencia nunca pudo gozarla dicha de tener en brazos.
Este enfermizo muchacho de físico, precario, condenado prematuramente a una obligatoria abstinencia, siempre describió en primera persona a los protagonistas de sus libros como victimas de impetuosas pasiones y exultantes de deseo sexual.
La historia por lo general se repite : Peyret, como Borges , nunca pudo parecerse a sus personajes.
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