Al pasar de los años, y robotizados como estamos en la actualidad, cuánto se extraña a veces el sonar de un timbre o de aquel viejo teléfono de Entel. Si hoy alguien te toca el timbre lo más probable es que sea para venderte algo y si llaman por teléfono también.
Cómo extraño los amigos en mi casa, las reuniones de café y los llamados de amistad.
Hoy te mandan un emilio o un sms, y ya está. Misión cumplida. Incluso muchos de aquellos que llevan una agenda consigo, suelen anotar, “el domingo cumple María, enviar mensaje”. Qué pena, che, al menos para los nostálgicos. Cada vez más encerrados, cada vez más dependientes. Dependientes del celu, de la compu, del mp4, de la tele, del gps, de la cámara digital, etc. Indudablemente estos aparatos, que ya son de por sí, bastante inteligentes, en poco tiempo van a controlar todos nuestros actos.
Muchos sienten pánico el día que salen de sus casas y a medio camino descubren que olvidaron llevar el celular. No obstante, colgarse a la tecnología, es simplemente una opción. Podemos elegir hasta donde queremos colgarnos y hasta donde queremos disfrutar del sol y la tierra. Extraño a mis viejos amigos, que ahora sólo los ubico por mail o sms. Estimo que a muchos les puede pasar lo mismo. Entonces recurrimos a algún gimnasio e intentamos conocer gente nueva. Tratamos de acercarnos a todo aquel que no lleve un par de auriculares colgados del cuello, como pretendiendo entablar algún tipo de diálogo. O jugamos al fútbol, nos puteamos un rato como en los viejos tiempos, y luego compartimos unas cervezas y algo de charla, mientras en el fondo de los bolsos, los celulares vibran y repican avisando que tenemos nuevos mensajes.
En ese momento, todos salimos corriendo para ver el contenido de los mismos. Y es en ese preciso instante que te das cuenta que alguien te manipula, “un aparatito”. Pero no es ese aparatito el verdadero aparatito. De un modo u otro, todos nos estamos convirtiendo en parte de esos aparatos. Dialogamos con ellos, escribimos en ellos, nos sacamos fotos con ellos, a veces ya de vicio, pasa una hormiga y le sacamos una foto. Y vivimos la vida luego, viendo fotos de todos nuestros parientes, amigos y hormigas durante horas sentados frente al monitor.
Desde el disco de pasta hasta el casete VHS pasaron unos cuantos años, pero desde el dvd hasta el Mp5, pasaron muy pocos. Estimo que en poco tiempo van a existir sensores capaces de interpretar nuestras ondas cerebrales y ya ni siquiera te vas a tener que tomar la molestia de enviar mensajes desde la pc o de un celu. Sólo vas a tener que pensarlo y listo. Lo malo es que te vas a tener que cuidar hasta de lo que pensás. Lo bueno, que a los políticos se les va a hacer muy difícil mentir. Por ahora lo vemos en alguna que otra película de ciencia ficción, pero tal vez no sea tan iluso imaginar que algún día podría llegar a suceder de verdad. Pueden pasar dos cosas. Una, es que realmente lleguemos a esto y otra, que los Mayas no estuvieran equivocados y que el 21 de diciembre de 2012 colapse el planeta y los que se salven puedan empezar de nuevo, de otra manera, con la experiencia adquirida en el pasado y sabiendo a dónde fuimos a parar. De igual forma, y aunque esto sucediera, me parece que lo único que los sobrevivientes podrían llegar a extrañar, sería no poder usar el celu, ya que no creo que quede ningún satélite o antena capaz de retransmitir nada. Sería cómico que la gente buscara con más desesperación a un ingeniero para que repare los equipos de transmisión que a un médico para salvar vidas. No obstante, me parece que en realidad, no nos dejamos llevar por la alta tecnología, si no, por todo lo que está de moda tener. Estoy seguro que si a alguna persona se le ocurriera volver a fabricar discos de pasta, su empresa se convertiría en un éxito. Se volverían a fabricar bandejas para escuchar estos discos y ¿quién no querría tener una en su casa? Volver a disfrutar del exquisito sonido transmitido desde una púa. Un verdadero lujo. El sistema era muy cómodo y rápido. Bajabas el brazo de la bandeja sobre el tema que querías escuchar y listo. Más veloz que un CD, e incluso, más durable. No podría suceder lo mismo con los casetes ya que por lógica, son incómodos y lentos en cuanto a búsqueda de un tema de audio o video se refiere, y por supuesto, si no es rápido, en el mundo que vivimos hoy, esto resultaría inaceptable.
Ignoro si algún día, alguien va a decidir volver a la tecnología del Long Play, pero por las dudas, si usted posee una vieja bandeja tocadiscos guardada en el placard, no la tire.
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