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Año 8
Nº 106
ABRIL| 2011

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EL PEREJIL

Desde hace años, todo aquel que es o ha sido dueño de una pequeña Pyme, se ha convertido en la clase de tipo más sobresaltado de este país, entre algunos otros tantos que se dedicaron al ejercicio de profesiones en las cuales era menester contar con un equipo de trabajadores. 
Cada vez que acontecía un cambio de gobierno, uno decía, bueno, vamos a ver que pasa.
Seguíamos trabajando como siempre, pero de golpe, de un día para otro, el laburo se terminaba. Pero, ¿Qué había pasado? Nada, absolutamente nada. Estamos acostumbrados a vivir en un lugar donde ante el más minúsculo rumor de que algo no va a estar bien, todo se para.
-Ché, ¿Tenés laburo vos?, le preguntamos a algún colega.
- No, nada de nada. Hasta la semana pasada veníamos bien, pero hace un par de días, que estamos jugando al truco con los muchachos, (Los empleados de la empresa)
- ¿Y no sabés qué pasó?
- No. ¿Vos estás igual?
- Y sí, pero en mi empresa preferimos jugar al ajedrez.
Cierta vez me encontré con que yo no tenía trabajo, pero a colegas míos, no les sucedía lo mismo. Empecé a pensar que mi negocio tal vez no estaba tan bien ubicado, o que la competencia era demasiado numerosa, o que la gente de mi barrio todavía no había cobrado el aguinaldo. Pero esa misma noche, una amiga mía, Miriam, me dijo: ¿No probaste con perejil?
-¿Perejil?, pregunté asombrado.
- Sí, perejil, perejil!!! Lo tenés que poner en la ventana de la cocina, es un secreto que me contó mi mamá, agregó. Ponés el perejil en un vaso cerca de la ventana y mañana vas a empezar a tener trabajo.
- Yo no pienso hacer eso ni loco, le contesté. No creo en esas boludeces.
- Bueno, nene, hacé lo que quieras, pero después no te quejes. Cháu!!
Y acto seguido me cortó el teléfono.
Qué chiflada, me dije, perejil, ja!!
¿Cómo voy a tener laburo gracias al perejil?
Miré el reloj y eran las nueve de la noche., el supermercado de la otra cuadra tal vez esté abierto, pensé. A las apuradas, me puse el pantalón, una camisa y en ojotas salí corriendo de mi casa. Cuando llegué, el local estaba cerrado pero aún había gente comprando.

  • Por favor!! Le dije al guardia de la puerta. ¡¡Dejame pasar que es un caso de urgencia!!
  • Lo lamento, ya está cerrado.
  • Necesito comprar sólo una cosa., entro y salgo.
  • Bué, pero una cosa sola, ¿Eh?
  • Gracias, hermano, gracias!! Te debo una, sos un capo, Dios te bendiga, etc., etc.

Bueno, ya estaba adentro. Lo más difícil había pasado. Me acerqué a la cajera y muy seriamente le pregunté:
- Perdón, ¿Dónde está el perejil?
- ¿Cuál de ellos?
-  Me refiero al que es para comerrrr!!
- Ah!!, la verdulería está al fondo a la derecha.
Sin decir más, salí corriendo para ese sector. Miré para la derecha, para la izquierda, para arriba, para abajo, no lo podía encontrar y tampoco me animaba a preguntar otra vez por el perejil,… en ese supermercado. Fue entonces cuando noté que al fondo, asomaba un simpático ramo de perejil, escondido detrás de un melón. Quedaba uno solo. Recién cuando lo tuve entre mis manos, fue que pude respirar tranquilo. Ya con el tesoro en mi casa, lo puse en un vaso a dos centímetros de la ventana de la cocina. Al día siguiente, apenas llegué al local, pude ver que ya había tres personas esperando en la puerta. Me cacho en el perejil, me dije. ¡Creer o reventar! A partir de ahí, en la semana se sucedió un día mejor que el otro. Hacía mucho que no tenía tanto trabajo.
Y yo que siempre le echaba la culpa al ministro de economía de turno. ¡Qué tonto que fui durante todos estos años! ¿Cómo iba a tener trabajo si jamás había puesto perejil en la ventana? Seguro que todo el mundo lo pone, y yo, como siempre, el último en enterarse de las cosas.
En unos días había podido ponerme al día con todas las deudas, ¡Qué grande el perejil! No obstante, el dueño del local, me dijo que iba a tener que aumentarme el alquiler. Lo primero que se me vino a la mente es que iba a tener que darme otra vuelta por el supermercado.
Dejando por un momento al pobre perejil de lado, (aunque reconozco que no estaría nada mal que una ensaladita mejorara nuestra economía), me pregunto, ¿Hasta cuándo se va a continuar con estas idas y venidas? Con los famosos sube y baja. Aumenta un producto, por ejemplo, la nafta o el ladrillo, y todo se desbaranda. Encima los aumentos muchas veces han sido ridículamente injustificados. Me refiero a que un día el tomate se va a ocho pesos el kilo y cuando nadie lo compra, a la semana lo bajan a cuatro. Eso quiere decir que no hacía falta aumentarlo. ¿Será que hay personas, empresas o Compañías que aumentan para probar a ver qué pasa? Vade retro Satanás. Dios me libre de estos malos pensamientos. Por otro lado, cada vez que los precios superan la Media, siguiendo un círculo vicioso, sobreviene el conflicto gremial, para ajustar los salarios. En electrónica existe un ítem, cuando se utilizan transistores, llamado “Punto de trabajo”, y el mismo se calcula para que frente a un cambio en alguno de los componentes que lo rodean, o por factores externos como la temperatura, el transistor continúe trabajando en forma estable. Esto se realiza a través de una simple fórmula matemática. No obstante,  hay factores que no pueden superar ciertos límites de lo contrario todo se vuelve inestable y explota. Si un circuito eléctrico está preparado para funcionar con 220 Volts, no le puedo poner 380 porque se quema. Un caso más simple de entender esto, es aquel en que se coloca un estabilizador de tensión. Si le entran 380 Volt, con algo de esfuerzo, en tu casa continuará habiendo 220 Volts, pero si por alguna extraña razón, la tensión subiera hasta 1000 Volts, el estabilizador va a volar en pedazos junto con tu televisor, heladera y cualquier otro tipo de aparato que estuviera conectado a la línea. Del mismo modo, cuando se abre un negocio donde el dueño sabe que no puede ganar menos de X pesos, para tenerlo abierto solventando todos los gastos de alquiler, servicios e impuestos mas el sueldo de un par de empleados, y luego que le sobre al menos el mismo sueldo mínimo vital y móvil que gana cualquiera de sus contratados, para así mantener a su familia, si los factores externos varían en forma desmedida y por ende, el dueño del local no sólo no puede mantener a su familia si no que ni siquiera puede recaudar esos X pesos mínimos como para tener abierto su local, entonces todo se desbarranca.
Las opciones siempre son negativas. Algunos optan en principio por ofrecer un producto o servicio de menor calidad, otros por despedir a uno o más empleados lo que por otro lado le estaría generando un gasto imprevisto extra, y otros por cerrar el negocio en forma definitiva. Por supuesto que hay estabilizadores que están preparados para recibir en su entrada más de 1000 Volts y entregar en su salida los 220 Volts sin inconveniente alguno, (Empresas grandes). Se bancan los 780 Volts de más casi sin darse cuenta. En el caso de una empresa, el “estabilizador” es su respaldo. Entonces cuando una persona abre un local desde cero, su respaldo es mínimo, suponiendo claro, que no es una persona que vive de rentas o que proviene de familia adinerada, y por ende no está preparado para soportar los embates de una economía tan inestable. Sería bárbaro tener un pequeño negocio y de respaldo, el mismo estabilizador de una gran empresa. ¿Quién no conoce casos así? Bartolo no vende nada, atiende mal, sus servicios son de cuarta, pero se compró un 0KM y una casa en el Country. Para él, todo va sobre ruedas y para sus empleados también y salta otro diciendo ¡Qué país generoso éste!
Claro, una cosa es lo que leés en algunos diarios y otra lo que te muestra la realidad. El gobierno no se tendría que “meter” solamente en algunas cosas de una pequeña empresa y hacer la vista gorda en otras. Hace apenas un mes, una conocida mía tuvo que cerrar su negocio y declararse en quiebra por el simple hecho que el dueño del local le pidió un 50% de aumento en el alquiler. Y ¿Por qué? Bueno, porque aduce que las cosas en el último año aumentaron un 100%, y para colmo, por desgracia, el tipo tiene razón. Tiene razón en esto último, pero no tiene razón en haberle aumentado el alquiler puesto que de todos modos ya le venía cobrando un precio ridículamente desmedido. Vamos señores, a ver si pueden ver un poco más allá. No sólo en la ruta hay que controlar el Máximo y el Mínimo. Sabemos que el país está lleno de Bartolos, pero el resto, son todos trabajadores que tratan de salir adelante con enormes sacrificios, que día a día se caen y se vuelven a levantar, por ellos y por el país.

Bueno, la seguimos en la próxima. Ahora los dejo porque me cierra la verdulería.

 

Saludos cordiales.
Rafael.


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