Destacar las personalidades que en todas las disciplinas de la ciencia y el intelecto han residido en Banfield puede resultar una tarea abrumadora. Eminencias reconocidas en el mundo entero han desarrollado sus actividades en esta ciudad sin que trascienda toda la importancia de sus cometidos que en muchos casos se puede afirmar, sin temor a caer en equívocos, han alcanzado niveles internacionales.
Tal es la situación del Dr. Víctor Raúl Miatello. Que fue titular de la Sociedad Latino Americana de nefrología y, en nuestro país, presidente del Congreso Argentino y Latinoamericano que desarrolló en Buenos Aires en el año 1974 y contó con la presencia de las más altas autoridades nacionales, académicas y universitarias de todo el continente.
Una Difícil Problemática.
En la jornada de apertura de este conclave, al inicio de las deliberaciones, el Dr. Miatello planteo sin ambages- como era su norma – las dificultades que existían dentro de su especialidad señalando enfáticamente: “En todos los países de America latina existen centros donde las actividades nefrologicas tienen niveles cualitativamente excelentes. Sin embargo, una densidad de población mucho menor y la escasez de recursos que es evidente en la mayoría de nuestras instituciones, hacen que ese punto equitativo se alcance en menor cantidad o en lugares insuficientes y en base a un esfuerzo individual mucho mayor del equipo de salud, médicos asistenciales y de todo el personal auxiliar. Es cierto –prosiguió diciendo Miatello- que en muchos países se practican trasplantes y planes de diálisis crónicas, pero también es cierto tratarlos con regímes proteicos rigurosos, que por otra parte es lo único que se les puede ofrecer en este presente tan complejo y atiborrado por múltiples impedimentos.
Un Destacado Profesional.
Víctor Raúl Miatello había nacido en la Capital Federal, más exactamente en la calle Montes de Oca, por la zona de Barracas, el 7 de noviembre de 1915 y se recibió en la Facultad de Medicina de Buenos Aires con Diploma de Honor en el año 1940 cuando tenia tan sólo veinticinco años. Muy pronto instalaría su consultorio médico en la calle Belgrano 1455
Banfield, contiguo a la casa de su padre-abogado acreditado – que también tenía su estudio en ese lugar. Durante muchos años atendió en esa dirección llegando a sobresalir en su especialidad, logrando un singular renombre que lo obligo a desarrollar una actividad absorbente para atender a todos los pacientes que requerían su ciencia.
Los antiguos vecinos de la zona han hecho un culto de su memoria y esto se justifica plenamente dado que a su reconocida capacidad añadía una gran honestidad profesional y un altruismo que lindaba con la filantropía.
Una Familia Lomense.
Una vecina lomense, Pierina Zanetti, con quien se había casado en el año 1943, fue su fiel compañera hasta el último día de su vida .Esta admirable señora radicada actualmente en la Capital Federal, perteneciente a una conocida familia lomense, es la hija menor de la propietaria del legendario almacén “La Pierina” ubicado en la esquina de las calles Castelli y Payró.
Sus hermanos políticos fueron Reynaldo y Juan Zanetti, el primero mártir inicial de la aviación local y el segundo el piloto que tuvo a su cargo la delicada misión de conducir el avión que llevo a Eva Perón en su histórica visita por el Viejo Mundo.
El hijo único tiene el mismo nombre que su padre Víctor Raúl y es igualmente un distinguido facultativo que está radicado con su familia, al igual que su madre, en la Capital Federal.
Más Bondad De Corazón.
Esta frase engarza, con la letra inicial de cada palabra, el nombre de una gran benefactora María B. de Cestoni, es la denominación de una importante Clínica Medica y Sala de Primeros Auxilios ubicada en la intersección de las calles Larroque y Baliña den Banfield. En esta obra fue asimismo sumamente valioso el aporte inicial y la colaboración invalorable del Dr. Miatello.
Investigador y docente, volcó toda su erudición en sus libros y trabajos que le valieron obtener el Premio Nacional de Ciencias en 1959 y 1963, el Premio Luis Guemes en los años 1957y 1970, el Premio Luis Agote en 1974 y 1975 y el Primer Pr4emio de la Confederación de Urología.
En la plenitud de su carrera y trabajando intensamente hasta que su enfermedad lo permitió, se fue en un esperado viaje sin regreso el 30 de julio de 1979, próximo a cumplir 64 años.
Sus deudos más cercanos habían visto partir un esposo ejemplar y el padre más afectivo; la medicina de nuestro país, además, a uno de sus profesionales más altruista y capacitado. |