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Año 8
Nº 94
ABRIL | 2010

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Aprender a joderse.

En ocasiones, cuando veo alguna película, me suele suceder que al día siguiente ya se me olvida el título de la misma, quien era su director e incluso el nombre de los actores. No obstante, me resulta fácil, recordar los buenos diálogos que se desarrollan durante el transcurso de la misma.
Hace unos días, tuve la oportunidad de ver una película filmada en Pakistán, con actores de allá, lo que hace que mi cargo de conciencia pese muy poco a la hora de recordar el nombre de los actores. Recuerdo sí, un diálogo entre dos pequeños amigos. Uno lo consideraba al otro como el mejor amigo que había tenido en su vida, el otro, no tanto.
Era más o menos así:

  1. Por ti sería capaz de comer basura si me lo pidieras
  2. ¿Serías capaz de comer basura si yo te lo pidiera?
  3. Sí, así es, pero….¿Tu me lo pedirías?

El primero, manifestaba su amor de un modo incondicional. El otro, sólo esperaba sacar ventaja de esa situación.
Ciertamente, este diálogo quedó grabado en mi mente en forma instantánea, como una foto. Las miradas de ambos eran muy elocuentes. Uno, con la inocencia de quien viene de la Pampa y el otro, con la picardía irónica semejante a la del porteño que se las sabe todas, por hacer una comparación.
Y da para pensar. Porque estamos rodeados de todo tipo de personas. Tal vez estés dispuesto a dar todo por un amigo, un familiar y hasta por un conocido al que aprecias. Pero, antes de tomar tamaña decisión, ¿No sería conveniente acaso, pensar por un momento si alguno de ellos estaría dispuesto a hacer lo mismo por vos?
Pero un momento. No seamos tan drásticos. No nos quedemos sólo con la posibilidad de ser capaces de comer o no basura si alguien a quien apreciamos nos lo pide.
Cuando pasaste los cuarenta, si todavía no estás en condiciones de discernir entre un buen o mal amigo, entre una buena o mala persona, entonces podés considerarte un perejil. Sí, un perejil al que todo el mundo usa cuando necesita algo. Como me manifestaba los otros días mi querido amigo Roberto G. en un diálogo que compartimos acerca de la soledad del hombre soltero. Me comentaba de una ocasión en que llamó a un “amigo” para saludarlo y se encontró con un “ Si, Roberto, ¨¿Qué necesitás?  A lo que él contestó: Nada, hablar con un amigo, pero primero, te llamé a vos. Obviamente, estoy seguro, que el amigo, ocupado en sus quehaceres de hombre casado, ni siquiera entendió la indirecta.
Cuando estás soltero a los 48, continuaba Roberto, te convertís en un “tildado” cualquiera. Te tildan de loco, de insano y hasta de malo o trolo quizás. Pocos entienden que pudiste no tener suerte en tu vida sentimental, o que estás sufriendo por alguna que otra cosa, o que traés rollos familiares que no pudiste subsanar a tiempo.
En la vida hay que aprender de todo, incluso a joderse, concluía Roberto. Lo cierto es que, llegando a los cincuenta y si de perejil no tenés nada, optás por seguirle la corriente a los aprendices de porteños, sabelotodos de cuarta y continuás con tu carrera hacia el conocimiento de tu propio yo. Pocas son las ganas que te quedan de andar dando explicaciones o sutiles excusas con referencia a las cosas que te suceden. Así, ya no te importa lo que piensa la gente, aunque algunas veces lastima. Y lastima o duele, porque a cierta edad, no sólo tenés oidos para las palabras si no que también estás preparado para leer una mirada. Tu poder de intuición, se ha elevado considerablemente.
Entonces, cuando se acerca alguien a hacerte el verso, incluso cuando se trata de un tema en el cual vos sos una eminencia, queda poco por hacer y poco por decir.
No puede un albañil hacerle el verso a un arquitecto. Luego de que el gran timador concluye con la venta del buzón, se da vuelta y le cuenta a todo el mundo lo vivo que fue para resolver un tema contigo, ignorando que de antemano, vos ya sabías que era un verso y también que luego, se iba a regocijar contándole a todo el mundo acerca de lo hábil que fue contigo.
El vivirá pensando que es un gran jugador, vos, sin hambre de vociferarlo, que es tan solo un pobre idiota. Pero no se lo decís, porque no querés rebajarte a discutir con un estúpido.
Aprendés que ya es tiempo de saber discernir. Saber que hay personas con las que podés pasarte horas hablando y otras con las que no podés perder más que unos minutos.
Cierta vez, había un chico jugando en la plaza. No tenía más de cinco años. Se le acercó una nena y le ofreció un caramelo. Él fue corriendo a mostrárselo a su mamá y a decirle, dentro de su inocencia, que tenía una nueva novia.
El caso es que, cuando ya no somos chicos, podemos distinguir los verdaderos significados de una palabra. Amiga, compañera, amante, novia, que en algunos casos, pueden llegar a ser sinónimos, pero no siempre significan lo mismo. De igual manera ocurre con “amigo, compañero, colega, aliado, conocido”
Y si, quieras o no, en algún momento de la vida, llega el tiempo de poner cada cosa en su lugar y a cada cual el cartel que le corresponda y se merezca.
Y si todavía no te diste cuenta de las malas elecciones que hiciste en tu vida, mirá a tu alrededor con detenimiento. Tal vez, como dice Roberto, descubras una agenda contaminada de nombres de boludos/as que operan como "amigos American Express" (te saludan para el día del amigo, tu cumpleaños y las fiestas, igualito que la tarjeta.)
Por lo general, los verdaderos amigos, se cuentan con los dedos de una mano, y por supuesto, sabemos quienes son, porque siempre están. Pero atención, bajo ningún aspecto es mi intención aseverar que la cosa pasa por “amigo o nada” Todos tenemos también, compañeros, colegas, aliados, conocidos, etc., a los que apreciamos en alto grado y nos es muy placentero saber que en algunas circunstancias podemos contar con ellos y viceversa y jamás borraríamos sus nombres de nuestra agenda.
Si tan sólo pudiéramos hoy sacar de nuestra lista de conocidos a los sacaventajas, abusadores, aprendices de piolas, timadores, inútiles, charlatanes, entonces, quién te dice, tal vez en el futuro esta gente tampoco aparezca en las listas gubernamentales.
Si todavía no tenés claro quién es cada quién y se abusan de vos los mismos de siempre una y otra vez, entonces, te quedan dos opciones, consultá a un profesional o aprendé a joderte.
Es claro, la limpieza se hace desde adentro. ¿Empezamos hoy?

Saludos cordiales.
Rafael.


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