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Año 8
Nº 94
ABRIL | 2010

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Psicopedagogía
El famoso control de esfínteres

Durante los primeros años de vida se producen aprendizajes muy importantes. Dejar el chupete, comenzar a caminar, aprender a hablar y también a dejar los pañales. A esto lo llamamos aprender a controlar los esfínteres. Y vaya si es un aprendizaje. Lo cierto es que, esto que para nosotros es ya mecánico, implica para los niños estar muy atentos a los cambios en su cuerpo, poder controlarlo y seguir una serie de pasos rápidamente.
Por lo general es un proceso que les lleva tiempo, no lo logran de un día para el otro y además hay una edad antes de la cual no se han desarrollado como para lograr este registro y control de sí mismos. Tienen que estar preparados física y emocionalmente.
El poder tener control de esfínteres implica dejar atrás un hábito que tuvieron por mucho tiempo (hacer pis y caca en los pañales) para aprender a retener y expulsar la orina o la materia fecal controlando momento y lugar. En otras palabras tener ganas de hacer pis o caca, avisar y llegar a tiempo al baño sin que se le escape, con rapidez.
Lo primero que se aprende es el control rectal durante la noche, después de día. Posteriormente controlan la micción primero de día y finalmente de noche. Por un tiempo avisan que tiene ganas cuando ya están sucios o mientras están haciéndolo. Lo esperable es que a los tres años los niños vayan solos al baño, anunciándolo antes. Muchas veces no "llegan a tiempo" sobre todo si están entretenidos con algo. A los cuatro años pueden ir a cualquier baño sin problemas y empiezan a cerrar la puerta. Hacia los cinco, hacer pis o caca es una actividad privada.
Las “fugas” eventuales durante la noche o de día son normales hasta los seis años. Pueden aparecer también en momentos de cambio, por ejemplo cuando nace un hermanito, frente a una mudanza o frente a problemas familiares.
Tips para los papás

Estimulen y elogien al niño siempre que haga pis o caca en el inodoro.

Cuando se manche la ropa no hagan gestos de reproche ni utilicen frases que puedan dejar ver su malestar con la situación.

Construyan una rutina. Acompáñenlo al baño dos veces por día, puede ser un rato después de comer aprovechando el movimiento del aparato digestivo.

Durante el tiempo que el niño permanece en el baño intentando hacer pis o caca puede escuchar música si quiere, leer, dibujar, o lo hacer algo que le guste para que no le resulte odioso ni un castigo.

Momento de la consulta

Cuando los chicos empiecen a tener mucho miedo, angustia, constipaciones, dolores de panza, vergüenza. Cuando se aguanten varios días hasta hacerse encima o presenten problemas para controlar el pis o la caca después del período esperable para hacerlo es conveniente hacer una consulta con un profesional. Quizá pueden comenzar visitando a un pediatra y él evaluará la derivación en caso de ser necesaria.

 

 
Psicopedagogía
Recomenzando el año escolar
 
Se avecina el inicio de un nuevo ciclo de clases y, como en todo comienzo, se movilizan muchas cosas. Tanto niños como adultos tenemos grandes expectativas sobre cómo será este año y con quiénes lo compartiremos. A algunas personas volveremos a encontrarlas, otras ya no estarán y, quizá, conoceremos a gente nueva. También empiezan las corridas por coordinar horarios para cumplir con todas nuestras obligaciones, para dejar atrás el ritmo veraniego...
Todo esto hace que estemos más ansiosos, por eso es importante tener presentes algunas cuestiones.
Si hay algo que logran las vacaciones es romper con las rutinas. Si bien una vida llena solo de ellas y de obligaciones nos estresa, para un sano desarrollo de los niños y adolescentes contar con ciertas rutinas es fundamental.
A través de las rutinas cotidianas los niños pueden anticipar ciertos momentos del día sabiendo qué esperar y hacer en ellos y qué esperar de quienes los rodean.
Saben que se despertarán y que seguramente habrá alguien que le brindará un rico desayuno. Saben que durante el día repetirán ciertos hábitos de higiene y cuidado personal (lavarse la cara y los dientes, bañarse, cambiarse…).
Saben que tendrán que concurrir al colegio donde se encontrarán día tras día con su grupo de compañeros y sus maestras. Saben cómo comportarse en la escuela en la que existen ciertas reglas que respetar.
Saben que al regresar a casa en ocasiones tendrán tarea pendiente pero también podrán tener un tiempo para jugar, para intercambiar novedades con sus familiares, para compartir una cena junto a ellos…
Sabrán qué se espera de ellos y, por lo tanto, cómo tienen que comportarse.
Todo esto una y otra vez a lo largo del año. Si bien podría parecer un dato menor es de esta manera que logran tener mayor estabilidad y confianza en su vida cotidiana. Y esto finalmente repercute en su desarrollo a través del tiempo.
Me despido deseándoles un buen retorno a clases tanto a los más pequeños como a los más grandes.
 
 
Grandes Novelistas

Jugar no es simplemente usar juguetes, es inventar y armar una novela.
Quien juega se sumerge en distintos personajes y se pone diferentes disfraces que le permiten ser muchos otros en otras tantas realidades. Así se desviste de aquello que otros han pretendido y deseado para él.
El juego empieza con el famoso “¿Dale que jugábamos a que…”. Esta frase es la invitación a ingresar en él. Sigue usualmente con el reparto de papeles: “¿… vos sos la alumna y yo la maestra?”. Y cuando aparece algo imprevisto que falta con lo pactado emerge el “¡Eh! No, así no era”.
Es jugando que se inventan diferentes escenarios para exhibir los deseos y alejarse bien lejos de las presiones que nos rodean cotidianamente.
El juego es una manera de decir, manera con la que contamos cuando somos chicos para desafiar a los misterios de la vida.
En él se cuenta una historia, se relata una novela de ficción. A través de él hacemos escuchar, a quien juega con nosotros, ese cuento que es nuestra propia historia.
Y esto es importante porque para ser sujetos tenemos que contarnos un cuento de nosotros mismos, inventarnos, imaginarnos y, por qué no, engañarnos un poco también.
Lo que hoy relatamos de nuestra infancia será diferente a lo que relataremos dentro algunos años, en otra etapa de nuestras vidas.
Así los seres humanos nos convertimos en novelistas, escritores de una historia en la que nos guardamos el papel principal: nuestra vida. Y, como todo cuento, está destinado a contar una verdad sobre la experiencia por ella: nuestra verdad.
Allí estamos nosotros, quienes trabajamos con los niños, para escucharla a través de sus juegos.

Julieta Aira
Psicopedagoga
156. 107.0788
Lomas de Zamora
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