Hay figuras de la escena argentina que mas que dotados de un talento singular para su cometido, podría decirse que lo eran para el asombro y lo excepcional.
Posiblemente el máximo merecedor de estos conceptos, haya sido Florencio Parravicini, del que en su momento, se lo consideró como el rival mas conceptuado del colosal y hasta ese momento inigualable, Pablo Podestá. Ambos contaban con idénticos quilates lo que hace que difícilmente se pueda decir cual era el anverso y cual el reverso.
En la vida real de cada uno de ellos radicó la diferencia. La vida de Florencio Parravicini es mas que conocida por todos aquellos que han tenido la fortuna de haberlo visto actuar o de enterarse de sus hazañas de vida y los que no, por haber tenido en sus manos alguna de las cientos de semblanzas que sobre él se escribieron y que en mas de una oportunidad, fueron llevada a la pantalla,"(Parra)".
De cuna patricia, derrochador de fortunas y de una elegancia singular, realmente un verdadero "Gentleman". Se dice que hasta fue pirata, viajero incansable y conocedor de todas las clases sociales, fue un elegido "señor" desempeñándose en cada una de ellas. Tirador al blanco, piloto, aviador, cicerone, chofer y cancionista, obtuvo el primer brevet de la aviación civil argentina, corredor de autos de la máxima formula en carreras internacionales, en una de ellas, realizada en Inglaterra, ante la presencia de los reyes,cuando promediaba la vuelta número 18 y estando él en la punta, al pasar frente al palco donde los monarcas presenciaban la competencia, detuvo el coche, se bajo , saludó a los mismos y luego prosiguió con la carrera ante el estupor de todos los asistentes, el hecho desde luego, originó la pérdida de minutos suficientes como para no poder depararle el honor de haber tenido la posibilidad de haber pasado a la historia como el primer corredor argentino ganador de un gran premio internacional.
Pero un día, en virtud de que Pablo Podestá se separaba de su hermano en el momento en que realizaban una brillante temporada en el teatro Apolo, Pepe Podestá para no terminar la exitosa temporada por la irreemplazable deserción de Pablo, se le ocurrió la idea de llamar a Parravicini al que había visto actuar en un café cantante, y le propuso un contrato a los efectos de reemplazar en el trabajo de comicidad a su hermano Pablo que por ese entonces era el ídolo del público que noche a noche colmaba las salas para deleitarse con sus creaciones.
Parecía imposible su reemplazo, y mucho menos que para tal fin se hubiera recurrido a un "Machiettista", a un cantante de un café concert.
Mientras unos afirmaban que triunfaría y otros vaticinaban un fracaso, llegó e momento del memorable debut con la obra "El Panete". Se levantó el telón, empezó la representación, apareció Paravicini y....Todo el mundo a sus pies, primer gesto, primera carcajada, primer ademán y segunda carcajada, primer chiste y morcilla de su cosecha, y ya tenía a todo el público y a la crítica en el bolsillo, como se dice vulgarmente en la jerga teatral.
Y desde esa noche brilló un nuevo astro en el escenario de legendario teatro Apolo. Florencio Parravicini se convirtió en ídolo de público argentino, noche a noche se redoblaba el éxito de "Parra" como cariñosa y respetuosamente lo comenzó a llamar el público constituido por el más encumbrado personaje hasta el mas modesto obrero , ama de casa , guardián del orden, empleado o canillita. "Vamos a ver a Parra", se decía, no importaba la obra que esa noche se representaba, la obra era lo de menos, iban a verlo a él, a reír con él, a gozar con él de las siempre renovadas ocurrencias .
Yo , como tantos, no he tenido la fortuna de verlo accionar en un escenario, pero me contaron viejos , actores y conocidos de él, anécdotas e historias fabulosas. Florencio Parravicini poseia un don natural, una fuerza casi hipnótica sobre el espectador. Tenía lo que en el teatro se llama "Angel"ese don natural que unido a su gracia espontánea, a su desenvolvimiento, a su desenfado en escena, hacía que el público , aún el más grave y exigente, quedara cautivado con su don actoral.
Parravicini trabajaba de una manera que podríamos llamar "triple" si se me permite la muy poco ortodoxa expresión, es decir, lo hacía para el público, para sus compañeros y para el mismo, al público lo pulsaba en todo momento para tener la certeza del efecto que causaba su actuación, del ademán o gesto mímico en algún determinado momento, del chiste que se le ocurría, ya sea para continuar en el cause trazado por el autor o bien para desbordarse hasta conseguir su propósito de hacerle reír o emocionarlo, porque cuando se lo proponía, sabía también, arrancar alguna lágrima.
Trabajaba para sus compañeros, porque imprimía a su personaje una doble personalidad y sin perder su acción ni la hilación en el diálogo, hablaba por lo bajo sin que el público se percatara y con asombroso ingenio lo mismo largaba un chiste oportuno, como criticaba a este o aquél espectador porque le veía esto o aquello o alguna cosa que le molestaba , y por último, trabajaba también para él, porque Parra se divertía con sus propias ocurrencias.
De una memoria prodigiosa, poco estudiaba un papel y menos que lo ensayaba, pero llegaba la noche del estreno y entraba a escena con tal seguridad de lo que tenía que hacer, que asombraba a sus propios compañeros, luego se entregaba al auxilio del apuntador y del transpunte,y ni una frase de lo que tenía que decir, quedaba sin que la dijera.
Una noche dijo: "¡Ya no tengo fuerzas para seguir viviendo!" y le bajó el telón a su existencia....................
Eduardo Corrado
continuará. |