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Año 6
Nº 82
ABRIL | 2009

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IGNACIO LUCAS ALBARRACIN.


El Dr.Ignacio Lucas Albarracín había nacido en San Juan el 31 de julio de 1850- el día de San Ignacio de Loyola _ diecisiete días antes del fallecimiento del Padre de la Patria, el general San Martín. Sus padres fueron el coronel Santiago Albarracín, emparentado con la madre de Sarmiento y doña Flora Rojo, quien a su vez era familiar del Dr. Guillermo Rawson.
Muy joven llego a Buenos Aires ,cuando aún no existía la Capital Federal y rápidamente obtuvo el titulo de abogado ,estableció su estudio y participó de algunas luchas políticas .Dueño de una modesta fortuna ,mas que suficiente para su sencillo modo de vivir ,pronto encontró lo que fue el objetivo de su vida y por el que lucho hasta su ultimo aliento : la necesidad de defender a todos los animales ,entendiendo que aún aceptando su inferioridad con respecto al hombre no había necesidad de martirizarlos ,castigarlos o gozar de su dolor.
        Albarracín inició su cruzada contra la doma de potros, el asado con cueros, la riña de gallos, las corridas de toros, la crueldad en la matanza para faenar animales, el tiro a la paloma, la protección a los equinos de tiro (logrando la obligación de colocarle protección en la cabeza en los días de verano), en fin, un sinnúmero de cosas en las que trasuntaba su amor a la naturaleza y el culto civilizado de la vida.
     Asimismo,  luchó contra la maldad cinegética, condeno con admoniciones rotundas  el oprobio de los zoológicos que priva de la libertad a las águilas, que degenera el impulso natural de tigres y los leones y enferma de nostalgias indecibles a todos los demás irracionales.
     Fundador, primer secretario, presidente inmemorial y vitalicio de la Sociedad Protectora de Animales, Ignacio Albarracín integró la Liga contra la trata de blancas y, presidió el comité de moralidad publica ,pero por sobre todas las cosas fue enfervorizando más –día a día- su amor por animales; constituyéndose en un arquetipo legendario y un símbolo ,conformando además un anecdotario que no solo contenía gestos, actos  valiosos y bellas acciones ,sino siendo objeto también de la caricatura ,el sarcasmo y hasta la burla de los que nunca alcanzaron a comprender la superioridad de su espíritu.
   Al final de su vida, Albarracín ya era un hombre que pertenecía más a los perros, a los caballos, a los pájaros, que a su familia  constituida por su magnífica esposa, doña Sara Albarracín , quien acepto abnegadamente que este preclaro hombre sacrificara sus negocios , su casa y hasta un mayor bienestar por esta pasión zoofilica. De esta unión ejemplar nacieron seis hijos: Ignacio Jorge, Mario, Arturo, Raquel, Dora. Precisamente por su yerno, uno de los primeros odontólogos de Lomas de Zamora, nació  su invariable amor por nuestra ciudad.
Así es como, desde la Capital Federal donde residía comenzó, al estilo de esa época, sus veraneos aquí, trasladándose con todos los suyos y habitando la casona de la Avda .Fernández 89 de Temperley, la residencia de la calle Boedo 139, y más tarde, en el N° 454 de esa misma arteria, donde lo sorprendió la muerte.
   El 29 de abril de 1926 ,en la fecha que – que – cruel ironía del destino –esta considerado como el Día  del Animal, a las 22.30 horas llama a su hijo Arturo, que es médico, quejándose de un fuerte dolor en el pecho , pero que no se alarmara a su familia y pidiéndole le aplicara una inyección .El Dr. Albarracín se sintió prontamente mejorado y se retiro a su dormitorio; ya a las 23.30 ,siempre acompañado de su hijo , volvió a sentir dolores que motivaran su queja con mayor gravedad .Poco después rodeado por su esposa e hijos , falleció victima de un tercer ataque , este convecino ilustre.
       Entre la inmensa cantidad de papeles y documentos que se hallaban en su escritorio , se encontró el testamento que patentizaba no solo su austeridad sino el inmenso cariño que profesaba a lo que llamaba su” querido  Lomas”: “Quiero un entierro sin ninguna pompa –decía - ,un fúnebre solamente con dos caballos y que los míos me acompañen en dos coches , que se eviten los avisos fúnebres en el diario ,que de mi muerte se enteren los amigos una vez efectuado el sepelio y mis restos deberán descansar eternamente en el cementerio de Lomas de Zamora”.

   ¿Hará falta agregar algo más a todo esto?

 

Carlos Mujico
Del libro (Si, aquí  vivieron)
Autorizado a publicar por su Sra. esposa
Soledad  M. R. de Mujico

 
IGNACIO LUCAS ALBARRACIN.

 
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