Tierras feraces propias de la pampa húmeda, ondulantes y con pronunciadas lomas, con arroyos y lagunas…
Formaciones boscosas autóctonas y una fauna notable por abundancia de agua y de praderas naturales.
Así era esta región antes de la conquista, sin factores contaminantes, recorrida por pampas y araucanos, querandíes, y guataníticos. Estos últimos con su cacique Telomiàn Condié, fueron derrotados entre 1580 y 1583 por Juan de Garay, en el Combate de La Matanza, que diera nuevo nombre al río –por entonces conocido Riachuelo de los Navíos –y el pago circundante.
Ocurrió poco después de la segunda fundación del poblado Santísima Trinidad y Puerto de Santa Maria de los Buenos Aires y con esa batalla, que mancho de rojo –sangre el Riachuelo, la frontera hacia el sur se amplio con nuevos y promisorios horizontes.
Ciudad, ejido y campaña,-así lo promulgo el Cabildo- eran las divisiones básicas de aquella dilatada jurisdicción territorial.
Surgieron por consiguiente las Alcaldías de la Santa Hermandad y los pagos.
Esta región perteneció al pago y Curato de la Magdalena que se extendía desde el riachuelo al río salado.
De 1784 a 1810 existieron 19 partidos .Uno de ellos fue el de Quilmes y esa zona se beneficio al incorporarse nuevas extensiones de campos dedicados a la ganadería.
Así las cosas, en 1852, el gobierno de Valentín Alsina segregó a Barracas al Sur (Avellaneda) de Quilmes y estas tierras “Lomenses” pasaron a integrar el territorio de aquél.
Mientras ocurrían estos hechos el dominio de estas pampas pasaron de mano en mano.
Recordamos a Cristóbal de Luque, Andrés de Vallejo, Rafael de Espíndola, Julián Pavón, Cristóbal Navarro, Juan de Castro, Pedro López de Tarija, Diego Núñez de Prado…
Por el año 1600 Francisco García Romero adquirió 30 mil hectáreas y dio origen a la estancia del Cabezuelo.
En 1720 don Pedro de Espinoza Arguello compró la fracción que contenía el “Cabezuelo” y al año siguiente Gaspar de Avellaneda adquirió la extensión contigua.
En 1736 don Pedro de Espinoza de Arguello le vendió a JUAN DE ZAMORA todos sus campos y esta extensión –hoy conocida por el Municipio de Lomas de Zamora –los mantuvo para pastoreo del ganado, cediéndolos 28 años mas tarde al Colegio Jesuítico Nuestra Señora de Belén. |