LOMAS Y SU GENTE
LOS VECINOS
Juan Cruz Padilla
Como es costumbre ya en lomas y su gente, es un clásico las notas a nuestros vecinos y hoy se lo dedicamos a don Juan Cruz Padilla.
Un gran vecino quizás uno de los últimos que quedan como referentes de la historia de la zona de Temperley.
Juan Cruz conserva el local más antiguo de la zona en la calle Meeks al 1000 de (forrajería).
Conocerlo es un personaje gauchesco, con sus bombachas de campo y su boina, su mirada intuitiva, cómplice, una sonrisa contagiosa de alegría, que da gusto charlar con el.
Nos cuenta que nació en esta casa hace 86 años la casa que compro su padre, allá por 1900, el ferrocarril hacia pocos años que ya había tendido sus rieles de acero por los campos temperlinos, abriéndose se paso por las quintas y casonas, es ahí donde su padre compro esta casa larga, la clásica casa chorizo como se le decían a estas casas grandes con muchas habitaciones.
Ahí instalo su padre la forrajeria sobre la calle Meeks, nos cuenta con entusiasmo y con nostalgia como su padre los levantaba con voz fuerte a las 7 de la mañana.
-a levantarse, se quedan los que maman,- pero era una picardía, ya que no había niños que mamaban, éramos 10 de familia, nos levantábamos, desayunábamos, levantábamos cada uno de nosotros la taza y la dejábamos en su lugar y luego cada uno a su ocupación en la forrajeria, los diez ayudábamos cado uno hacia su trabajo, como darle agua a las gallinas, juntar las bosta de los caballos, todos trabajábamos acá, mis hermanas y yo, el único varón. –y a la noche siempre antes de acostarnos les dábamos agua a cada uno de los 8 caballos que teníamos para las chatas y la volanta.
Nos cuenta con voz emocionada como le gustan los caballos, el tiene el recuerdo de 3 de ellos, Varón, Reina, y Teorito ,que eran los que tiraban de la volanta que el preparaba y salían a pasear por estos campos de la zona..
Mi padre conoció a la calle Meeks de tierra, paralelas a las vías, que unían temperley hasta Lomas, los adoquines también los dono Francisco Meeks.
Nos cuenta que su padre le decía que el presidente de la Nación Nicolás Avellaneda vivió justo en frente de la forrajeria, la quinta llegaba hasta la avenida Irigoyen con parques arbolados.
Nos dice que el presidente caminaba solo por Meeks hasta la vieja estación de Temperley que por entonces estaba en la calle General Paz, donde tomaba el tren para ir a cumplir su función de Presidente en la casa de Gobierno, volviendo a las 17 horas, donde lo esperaba su esposa Carmen Nóbrega.
Hace un alto en la nota y me muestra algunas fotos de la zona de temperley de antaño, y me lleva a recorrerla casa sin antes dejar de mostrarme un volumen del Martín Fierro del tamaño de un diario en encuadernación rustica (realmente una reliquia).
Recorrimos la antigua casa llena de recuerdos, recuerdos que vuelven a su mente de esta casa grande ,de los almuerzos que preparaba su madre en la “cocina de fundición que todavía aun se conserva en el corazón de la casa”,que es la cocina donde su madre preparaba en aquellos tiempos la comida para los peones y la familia , juntos como una gran familia todos sentados a una mesa a la que no se podía faltar ,no se podía dejar de ir , y si no se podía las explicaciones tenían que ser validas .
Eran otros tiempos todo era muy distinto, era muy duro, pero felices.
-recuerdo que mi padre a los 18 años me mando solo a trabajar a un campo que compro en Tristan Suárez de 120 hectáreas ,que compro con esfuerzo y, como buen Español y laburador que era. Fue duro había que trabajarlo, lo, era todo cardales, el tiempo dio la razón, dio buena cosecha de papas, eran tiempos duros, el invierno era muy crudo, las heladas se hacían hielo en el bebedero de los animales, tenia que romperlos con un martillo todas las mañanas,-ahí aprendí sin quejarme, era duro para un chico de 18 años, pero aprendí lo que es el esfuerzo propio.
Nos sigue contando anécdotas de su vida con alegría de contar, lo vemos como se traslada a un pasado que ya no volverá, pero nos cuenta como en invierno en esta casa de temperley se faenaban tres chanchos para el consumo anual, hacíamos chorizos, salamines, mi madre los ponía en un barril con grasa para que se mantengan.
Los recuerdos lo siguen transportándolo a las mejores épocas de la forrajeria, cuando los cereales, carbón, y los fardos de pasto que traían de de Santiago del Estero hasta la estación de Temperley, donde en la playa de carga con las chatas la traían al deposito, pero un día empezaron a empedrar la calle Meeks y las chatas no podían pasar, y los peones haciendo los 150 metros al hombro llevando 400 bolsas de cereal ,-nos cuenta que el peón no protestaba ,solo cumplía con sus obligaciones y responsabilidad.
-Por eso mi padre ya en esa época del 20 les daba a los peones un (aguinaldo) esto ya era costumbre en España, los ayudaba a los peones a que se construyan su casa de material, a veces hasta les adelantaba dinero, eran fieles, por eso decía sin reclamos, además mi padre todas las semanas les regalaba una damajuana de vino que se traían en bordelesas para fraccionar y vender.
Hoy todo es muy distinto, antes la clientela eran los stud de la zona, porque existía un hipódromo por pasco (mas o menos al 700 estaba la entrada) les vendíamos avena despurtada, maíz pisado blanco y fardos de pasto.
El tiempo pasa y todo cambia, la zona, la gente, la quinta de Avellaneda ya no esta, el tranvía ya no pasa.
Pero si, todavía esta la casa de la familia Padilla. Donde Juan Cruz es que conserva todos los recuerdos que se encierran en ella…


Roberto J.Vicchio
Lomas y su Gente.